José Nicolás Medina Fuentes
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Un día de los padres en periodo especial

Heme aquí, buscando luz entre tanta confusión y tribulaciones. El Día de las Madres fue celebración en el cenit de la pandemia. No sé cómo acontecieron muchas reuniones familiares, pero la mía fue en casa de mi adorada suegra, que sobrepasa los 90 años, centro de nuestros festejos de tradición: por mérito y honra. Pero fue prácticamente virtual, con el atrevimiento de reunirnos cuatro en la mesa, dos familias en el éxodo compartiendo por chat, y otra familia de tres que luego llegó después de compartir en la casa de otra familia. La comida consistió en arroz mamposteado con tostones y tembleque de postre. Una celebración humilde, sencilla, reducida, tratando de respetar el protocolo de cese de reuniones familiares. Muy doloroso el proceso, pero en cierto modo un acto de rebeldía la modesta celebración para honrar a nuestras madres cercanas en medio de la lava, al rojo vivo, de la pandemia.

Para mañana está el dilema de dónde y cómo celebrar el Día de los Padres. Como madre ninguna, y su día se impone naturalmente al día de los padres, que mi suegro bautizó como el día de los perros. Mi adorada suegra tiene los regalos que desea compartir con sus yernos, como ha sido siempre por décadas. La lava de la pandemia está a fuego bajo, no al rojo vivo, con el decreto de apertura oficialista y por agotamiento de muchos con el protocolo sanitario. Nosotros lo seguimos en consideración a la familia, pues aunque nos sentimos saludables, hacemos ejercicio y llevamos una dieta balanceada, la familia va primero. 

Hay fragmentación en la ciencia, unos adictos al dinero, patentes, farmacéuticas e industria de guerra biológica, otros con nuevos protocolos y paradigmas que retan los oficialistas. Estamos en un estadio provisional de conciencia sobre el coronavirus y cómo enfrentarlo. Hacen falta más que nunca los médicos y científicos honrados leales a la verdad y a los demás. Y sigo atento a las corrientes de la ciencia para afinar un juicio concreto idóneo. Pero como sigo la regla de oro de no opinar sobre lo que desconozco, aplico el corolario de en caso de duda saludar. Y por consideración a la familia y los más vulnerables, la celebración del Día de los Padres será modesta también. 

No faltan los deseos de abrazar a los hijos, nietos, familiares y amigos cercanos, tan cercanos como si fueran familia. Así que mi nieta se ideó una solución: colocar una toalla grande entre personas como valla protectora mientras nos abrazamos. Así nos tiene esta cosa de la pandemia.

Yendo al ajo del asunto. ¿Dónde y cómo celebraremos el Día de los Padres? Todo problema tiene solución. En vez de siete como el Día de las Madres, ahora nos encontraremos nueve de cuerpo presente en determinado momento y un chat en vez de dos. Necesitamos un espacio un poco más grande que permita cierta distancia mientras compartimos cercanamente. Tengo una idea. Conlleva esfuerzos de limpieza, siserá en la finca pasar tractor y limpieza, si en la marquesina pegar manguera, mover tereques y desinfectar. Y para el día de la celebración tenemos el menú, sencillo pero apetecible: arroz con salchichas con amarillos o tostones y de postre visita de nuevo el tembleque. En una nevera cercana habrá bebidas. 

Los días pasan volando, la felicidad es disfrutar el presente que se escapa pronto, algún día despediremos a los mayores y los menores serán adultos. Hay que aprovechar la celebración de estos días especiales, aunque sea modestamente.


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