


Los recientes terremotos ocurridos en Venezuela son, ante todo, una tragedia natural, pero ponen de manifiesto una realidad que trasciende sus fronteras: cuando una ciudad crece sin la planificación adecuada, anteponiendo los intereses políticos, cualquier fenómeno natural puede convertirse en una tragedia humana. Durante décadas, especialistas advirtieron sobre los riesgos asociados al crecimiento urbano desordenado, la ocupación de zonas vulnerables, la insuficiencia de la infraestructura y el deterioro progresivo de los servicios públicos. Muchas de esas advertencias fueron denunciadas ante las autoridades correspondientes, pero prácticamente ninguna atendidas.

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