

Si algo estaba absolutamente prohibido en mi familia de 16 miembros eran las “malascrianzas”. Y lo era porque el exabrupto ante una situación incómoda, según mi madre, demostraba una falta de carácter. Décadas después, cuando leí el libro Inteligencia Emocional, de Daniel Goleman, entendí que mi madre fue una adelantada a su época. Una cosa es lo que te sucede, y otra cosa es cómo tú reaccionas a eso que te sucede. Y la forma en que reaccionas a lo que te sucede habla elocuentemente de ti. Quienes gobiernan tienen la responsabilidad de modelar un comportamiento que contraste con el maleanteo, con la actitud de guapo de barrio y con la violencia callejera que nos arropa. La gobernadora de Puerto Rico, Jennifer González, hizo todo lo contrario esta pasada semana. Ante una incómoda pregunta de un periodista desató a borbotones su prepotencia. El exabrupto que escenificó me recordó esa línea que de pequeño mis padres me enseñaron a no cruzar: la malacrianza.
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