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¿Cada cuánto tiempo debes revisar tu piel?

Conoce la importancia de detectar a tiempo el cáncer de piel

12 de julio de 2026 - 12:00 AM

Además del autoexamen, toda persona debería considerar una evaluación dermatológica periódica. (Evgeniy Kalinovskiy)

Es común dedicar tiempo a cuidar la piel para mantenerla hidratada, prevenir arrugas o tratar manchas. Sin embargo, pocas personas la observan con un propósito aún más vital: detectar señales que podrían salvarles la vida.

La doctora Tania M. González Santiago es dermatóloga y colaboradora de MCS.
La doctora Tania M. González Santiago es dermatóloga y colaboradora de MCS. (Suministrada)

Un lunar que cambia de color, una mancha que aparece de repente o una pequeña herida que no se cura suelen atribuirse al paso del tiempo o a la exposición al sol. Muchas veces, se ignoran porque no producen dolor. Sin embargo, el cáncer de piel puede comenzar precisamente de esa manera: de forma silenciosa y casi imperceptible.

La noticia alentadora es que también es uno de los tipos de cáncer con mayores probabilidades de curación cuando se detecta en etapas tempranas. En otras palabras, dedicar unos minutos al mes a observar la piel puede marcar una diferencia significativa.

La piel es el órgano más grande del cuerpo y actúa como la primera barrera de protección frente al medioambiente. Aun así, suele ser uno de los órganos más descuidados en materia de vigilancia preventiva. En Puerto Rico, donde la radiación ultravioleta está presente durante todo el año, la exposición solar acumulada aumenta el riesgo de desarrollar distintos tipos de cáncer de piel. Aunque cualquier persona puede verse afectada, el riesgo es mayor en quienes tienen la piel clara, numerosos lunares, antecedentes de quemaduras solares, exposición frecuente al sol por trabajo o recreación, antecedentes familiares de cáncer de piel o un sistema inmunológico comprometido.

La pregunta es inevitable: ¿cada cuánto tiempo debe revisarse la piel?

Se recomienda realizar un autoexamen completo una vez al mes. No requiere equipos especiales ni toma mucho tiempo. Lo importante es revisar el cuerpo de manera sistemática frente a un espejo y con buena iluminación, prestando atención a todas las áreas, incluyendo el cuero cabelludo, las plantas de los pies, las uñas, la espalda y las zonas que normalmente no se observan con facilidad.

Más que buscar “algo malo”, el objetivo es conocer la propia piel. Cuando una persona sabe cómo lucen normalmente sus lunares y manchas, es mucho más sencillo identificar cambios, lesiones nuevas o diferentes con el paso del tiempo.

Además del autoexamen, toda persona debería considerar una evaluación dermatológica periódica. Para la mayoría de los adultos, un examen anual de la piel representa una medida preventiva adecuada, aunque quienes presentan factores de mayor riesgo podrían necesitar evaluaciones con mayor frecuencia según la recomendación de su dermatólogo.

Una herramienta sencilla que puede ayudar durante el autoexamen de sus lunares es la conocida regla ABCDE del melanoma. La letra A corresponde a la asimetría cuando una mitad del lunar es diferente de la otra. La B se refiere a los bordes irregulares o poco definidos. La C representa cambios de color, especialmente cuando hay varios tonos dentro de una misma lesión. La D corresponde al diámetro, generalmente mayor de 6 milímetros, aunque lesiones más pequeñas también pueden ser importantes. Finalmente, la E significa evolución: es decir, cualquier cambio en el tamaño, la forma, el color, el relieve o la aparición de síntomas como picazón, dolor o sangrado. Este último criterio se considera uno de los signos de alerta más significativos.

También es importante recordar que no todos los cánceres de piel tienen la apariencia de un lunar oscuro. Algunas lesiones se presentan como una costra persistente, una herida que no sana, una pequeña protuberancia brillante o una mancha rojiza que sangra con facilidad. Cualquier lesión nueva, diferente o que persista durante varias semanas sin mejorar merece una evaluación médica.

La prevención sigue siendo la herramienta más poderosa. El uso diario de un protector solar de amplio espectro con un factor de protección solar (FPS) de 30 o más, incluso cuando el día está nublado, ayuda a reducir el daño causado por la radiación ultravioleta. Complementar esta medida con ropa protectora, sombreros de ala ancha, gafas con filtro UV, buscar sombra durante las horas de mayor intensidad solar y evitar las camas de bronceado contribuye significativamente a disminuir el riesgo.

Revisar la piel no debe verse como una práctica reservada para quienes ya tienen antecedentes de cáncer o para las personas mayores. Es un hábito de salud preventiva que debería incorporarse desde edades tempranas, al igual que otras medidas de cuidado rutinario.

Cada lunar cuenta una historia, pero algunos también pueden indicar el inicio de una enfermedad que, detectada a tiempo, tiene tratamiento y altas probabilidades de curación. La próxima vez que te mires al espejo, no solo observes tu piel por razones estéticas. Obsérvala con atención, con conocimiento y con la convicción de que unos minutos de prevención hoy pueden marcar una diferencia trascendental para tu salud mañana.

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