



Podemos decir que este año viviremos una temporada de huracanes, como dice el dicho: “de cal y de arena”: menos huracanes, pero más sequía y calor. El protagonista es el fenómeno de El Niño, que, este año, promete ser uno de los más intensos de la historia, por lo que ya algunos lo llaman el “super-El Niño”, debido a los cambios climáticos que podría provocar a nivel mundial.

El Niño ocurre cuando las aguas del Pacífico ecuatorial se sobrecalientan, generando vientos cortantes que limitan el desarrollo de tormentas en el Atlántico, pero que, a la vez, favorecen condiciones más secas y calurosas en el Caribe. Con este pronóstico, no es necesario que se forme un huracán para que se produzcan consecuencias serias para la salud. Una sequía podría llevarnos a un racionamiento de agua, en momentos en que el calor también será intenso.
El aumento de la temperatura también incrementaría la demanda de energía en un sistema eléctrico ya vulnerable. Esto significa que, en los próximos meses, no solo debemos estar preparados para las tormentas, sino que también es vital prepararnos ante posibles escenarios de sequía y calor extremo.
Un pronóstico de menos tormentas no nos garantiza que nos libremos del paso de un huracán; esa posibilidad siempre será una realidad en toda temporada ciclónica. Nunca debemos confiarnos. La preparación siempre es importante: salva vidas. Tras el paso del huracán María, la falta de servicios de agua y electricidad, junto con las altas temperaturas, creó una combinación letal que cobró la vida de muchas personas con condiciones de salud preexistentes. Fue una dolorosa lección que nos mostró la importancia de estar preparados para lo peor, especialmente cuando este año se anticipan meses aún más calurosos.
El calor puede agravar condiciones de salud, provocar recaídas y causar golpes de calor inesperados. Por ello, es fundamental mantenerse hidratados y limitar el tiempo al aire libre, así como estar atentos a los adultos mayores, los niños y las personas con padecimientos de salud.
Este año, más allá de la preparación para tormentas y huracanes, también será necesario prepararnos para meses más secos y calurosos. Verifique las cisternas de agua y almacene suficiente agua para cada miembro de la familia. Se recomienda adquirir abanicos de batería, usar ropa ligera y de colores claros y, muy importante, establecer un plan familiar. No olvide contar con medicamentos para un mínimo de 60 días y, si padece alguna condición que requiera atención médica, permanezca en un lugar accesible y seguro durante cualquier evento.
En fin, la preparación es inminente, con o sin huracanes. Nada nos garantiza que una tormenta o un huracán toque nuestra región, pero la naturaleza y la ciencia ya nos advierten de meses de sequía y calor. Solo la prevención, la educación y la preparación adecuada nos ayudarán a superar esta temporada entre el super-El Niño y el supercalor.

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