

20 de marzo de 2026 - 12:30 PM

Caguas - Las olas de calor extremo en Puerto Rico ya no solo causan incomodidad, sino que, sin la infraestructura adecuada, afectan el aprendizaje, la salud y el bienestar dentro y fuera de las escuelas, donde estudiantes y maestros enfrentan altas temperaturas.
Así quedó plasmado durante el 3er Encuentro sobre Calor Extremo de Puerto Rico y las Islas Vírgenes, organizado por la Red de Acción Colaborativa del Caribe y que culmina este viernes, donde se presentó un proyecto de la Escuela Especializada en Ballet Julián E. Blanco, emprendido por estudiantes desde 2024, que propone crear un entorno escolar más resiliente al calor.
La iniciativa comenzó con un diagnóstico térmico mediante el uso de drones, que permitió identificar las áreas más calientes y más frescas dentro del plantel sanjuanero, particularmente la diferencia entre estructuras expuestas al sol y zonas con vegetación.
“Nuestro objetivo principal es entender cómo las variables ambientales afectan la distribución del calor, generar mapas térmicos y, a partir de esos datos, desarrollar estrategias que ayuden a mitigar los efectos del calor extremo en las escuelas”, explicó Priscilla Molina Cora, asistente de la investigación, de la Escuela Graduada de Salud Pública del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico (UPR), durante uno de los paneles del evento.
En la escuela, se instalaron sensores que midieron la temperatura, humedad y punto de rocío en áreas exteriores sin climatización y salones acondicionados. Se encontró que las áreas más cálidas durante el día son la cafetería y la biblioteca, espacios que visitan estudiantes y personal con frecuencia.
Entre los sensores utilizados, se encuentran el Blue Maestro, que mide temperatura, humedad y punto de rocío dentro de los establecimientos; y el PurpleAir Zen, que mide calidad del aire, temperatura, humedad y compuestos orgánicos volátiles en espacios exteriores.
Los datos preliminares, de junio a septiembre de 2025, muestran un promedio de 85 grados Fahrenheit (°F) en la Escuela Especializada en Ballet Julián E. Blanco.
Actualmente, se han instalado sensores en cinco planteles, incluyendo la Escuela Ecológica de Dorado, la Escuela Elemental de la UPR y la Escuela Superior Petra Corretjer en Manatí, además de tres estaciones comunitarias en Caguas, Río Piedras y Toa Baja.
En la Escuela Superior Petra Corretjer de O’Neill, se registraron salones que superaron los 82 °F y picos de material particulado 2.5 asociados a tráfico y zonas industriales.
Según los datos presentados del proyecto, el 62.7% de las escuelas públicas carece de aire acondicionado y el 36% está expuesto a altas temperaturas, lo que provoca fatiga extrema, falta de concentración, malestar físico y mareos en los estudiantes.
El programa convierte a maestros, estudiantes y comunidades en ciudadanos científicos mediante cuatro fases: contacto inicial de las escuelas interesadas; sesiones virtuales con docentes para explicar objetivos y responsabilidades; talleres presenciales para estudiantes sobre riesgos climáticos y el uso de los sensores; e instalación y acompañamiento continuo de los equipos.
“En un país como Puerto Rico, donde las altas temperaturas y la humedad son parte de nuestro diario vivir, tenemos que preguntarnos si estamos listos y si están listos nuestros espacios educativos para ese desafío”, resumió la meteoróloga Ada Monzón, moderadora del panel.
En el encuentro –celebrado en la sede de INTECO, en Caguas–, también se advirtió que la exposición prolongada al calor extremo afecta de manera significativa a los adultos mayores, quienes pasan gran parte del día en sus hogares. Mediante las investigaciones presentadas, se documentó que muchos experimentan más de seis horas de calor durante el día, especialmente entre las 12:00 p.m. y 1:00 p.m., y más de 10 horas si se suman las noches calurosas.

Estos períodos prolongados generan síntomas de moderados a severos, como fatiga, confusión, náuseas, ansiedad, dolores de cabeza y dificultades para efectuar actividades cotidianas. Aunque el 72% de los hogares cuenta con aire acondicionado, las interrupciones frecuentes de electricidad y agua, junto con la falta de almacenamiento de agua en el 40% de las viviendas, crean barreras estructurales que aumentan la vulnerabilidad de esta población.
Para enfrentar esta situación, se promueven estrategias multisectoriales, que incluyen centros de enfriamiento con apoyo emocional, visitas a hogares de adultos mayores, protocolos institucionales para eventos de calor y campañas de salud pública dirigidas a diferentes poblaciones.
“Ya tenemos evidencia suficiente sobre cómo el calor extremo impacta a diferentes sectores en Puerto Rico y las Islas Vírgenes. Lo que necesitamos ahora es coordinar esfuerzos, involucrar a agencias y comunidades, y convertir ese conocimiento en acción concreta para proteger a la población”, afirmó Pablo Méndez Lázaro, catedrático asociado en el Departamento de Salud Ambiental de la Escuela Graduada de Salud Pública del Recinto de Ciencias Médicas de la UPR.
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