

30 de julio de 2026 - 11:10 PM


Durante años, Andy López Oquendo ha estudiado asteroides, aquellos cuerpos que se desplazan a millones de kilómetros de la Tierra y guardan pistas sobre el origen del sistema solar. Hace unas semanas, sin embargo, uno de ellos terminó ligado para siempre a su propia historia.
El científico puertorriqueño se encontraba en Poznań, Polonia, participando de la conferencia internacional Asteroids, Comets, Meteors cuando llegó el momento de anunciar los reconocimientos de la Unión Astronómica Internacional (UAI). El humacaeño, de 29 años, escuchaba atentamente sin sospechar que su nombre pronto sería uno de los pronunciados.
Entonces, se enteró de que el asteroide (20095), hasta ese momento conocido como 1994 PG35, pasaría a llamarse “ANDYLOPEZOQUENDO” en honor a sus aportaciones científicas al campo de la astronomía.
“No me lo esperaba”, relató el doctor en entrevista telefónica con El Nuevo Día.

“En ese momento era demasiada emoción. Incredulidad sería la palabra para describirlo”, expresó al reflexionar sobre aquel momento que vivió hace casi tres semanas.
El reconocimiento, considerado uno de los más especiales que puede recibir un astrónomo dedicado al estudio de estos cuerpos, no es solicitado por los científicos ni depende de que estos presenten una nominación. La UAI evalúa las aportaciones significativas y permanentes realizadas dentro del campo.
López Oquendo aseguró que necesitó varios días —quizás semanas— para comenzar a comprender lo que implicaba que un asteroide llevara su nombre.
“Uno trabaja durante años enfocado en hacer buena ciencia, no realmente pensando en recibir ningún reconocimiento. Es por el amor, por la pasión que uno le tiene a esta rama”, expresó.
Tras el anuncio, llamó a sus familiares en Puerto Rico. Desde entonces, sus padres y demás seres queridos se han encargado de difundir la noticia por su pueblo natal y otras comunidades del este.
“No hay persona en Humacao, que es de donde yo soy, que no sepa de esta noticia. Son simplemente mis padres y mis familiares propagándola”, relató entre risas.
Para el científico, la distinción no representa únicamente sus logros individuales, sino también los sacrificios de las personas que lo acompañaron durante su formación.
“Este reconocimiento no tan solo me representa a mí. Detrás de todos estos sacrificios está la familia, hay amistades, maestros y profesores que tuvieron papeles cruciales”, sostuvo.
El asteroide ANDYLOPEZOQUENDO está ubicado a unas 2.86 unidades astronómicas, equivalentes a aproximadamente 433 millones de kilómetros, dentro del cinturón de asteroides entre las órbitas de Marte y Júpiter.
Una unidad astronómica representa la distancia promedio entre la Tierra y el Sol, por lo que el objeto se encuentra a casi tres veces esa separación, explicó el científico boricua, quien también colabora en misiones con la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA, en inglés).
Según López Oquendo, se estima que el asteroide mide entre cinco y siete kilómetros de diámetro. Algunos datos sugieren que podría contener materiales carbonatados, aunque todavía no se conoce con precisión su composición.
Su distancia, tamaño y posición dificultan que pueda ser estudiado con mayor detalle. Para observarlo, los científicos deben esperar a que se produzca una geometría favorable entre el objeto, la Tierra y el Sol.
Una de esas oportunidades llegará en agosto de 2057, cuando se abrirá una ventana para estudiarlo mediante telescopios ópticos e infrarrojos.
López Oquendo no descarta que, llegado ese momento, pueda investigar personalmente el cuerpo que llevará su nombre durante millones de años.
“Sí, definitivamente”, respondió al preguntársele si le gustaría estudiarlo cuando las condiciones lo permitan.
El camino de López Oquendo en la ciencia comenzó en la Universidad de Puerto Rico en Humacao, donde completó, en 2019, un bachillerato en Física Aplicada a la Electrónica y una concentración menor en Matemáticas.
Fue durante esa etapa que comenzó a trabajar en el estudio de asteroides y colaboró con el grupo de radar planetario del radiotelescopio del Observatorio de Arecibo.
Ese mismo año se trasladó a Arizona para realizar sus estudios doctorales en la Universidad del Norte de Arizona, donde se especializó en la caracterización física y química de asteroides cercanos a la Tierra.
En 2024, obtuvo un doctorado en Astronomía y Ciencias Planetarias, luego de dedicar cinco años al desarrollo de técnicas para caracterizar rápidamente objetos que pudieran representar un riesgo de impacto.
El científico también asumió el liderato de MIRSI, una cámara de infrarrojo medio instalada en el NASA Infrared Telescope Facility, que permite medir los flujos termales de los asteroides y estimar su tamaño.
Conocer las dimensiones de estos cuerpos es fundamental para determinar el peligro que podrían representar y desarrollar estrategias de defensa planetaria.
López Oquendo resaltó la importancia de contar con esta tecnología tras el colapso del radiotelescopio de Arecibo, debido a que existen pocos instrumentos en el mundo capaces de realizar ese tipo de medición.
Actualmente, el puertorriqueño trabaja como científico postdoctoral en la misión Lucy de la NASA, lanzada en 2021 para estudiar de cerca los asteroides troyanos de Júpiter, considerados remanentes de las primeras etapas del sistema solar.
Estos objetos orbitan junto a Júpiter y, debido a su gran distancia y a sus superficies muy oscuras, aún se conoce poco sobre su composición y evolución.
“Lo que son hoy día fue lo que fueron hace por lo menos 4,600 millones de años durante la formación de esos gigantes gaseosos”, explicó López Oquendo.
En agosto de 2027, Lucy realizará un sobrevuelo del asteroide troyano Eurybates, que permitirá obtener por primera vez imágenes y datos detallados de su composición.
Como parte de la misión, López Oquendo ayuda a planificar los sobrevuelos, determinando cuándo y desde qué ángulos los instrumentos de la nave deben recopilar información.
“En palabras básicas, hacemos un ‘flyby’ y hay secuencias donde le decimos al instrumento: ‘Mira, vas a obtener datos aquí’”, explicó.
López Oquendo también colabora con OSIRIS-APEX, la continuación de la misión OSIRIS-REx, que llevó a la Tierra la primera muestra del asteroide Bennu.
La nueva misión estudiará Apophis durante su extraordinario acercamiento a la Tierra. Apophis será el primer asteroide de su tamaño en pasar así de cerca en la historia de la civilización humana.
Aunque no representa un riesgo de impacto, su paso permitirá a los científicos analizar cómo la gravedad terrestre modifica la estructura y evolución de un asteroide.
El puertorriqueño participará en la caracterización del objeto desde la Tierra y en el análisis de los datos científicos cuando la nave llegue a su destino.
El científico creció en Puerto Rico dentro de una familia que describió como “sumamente humilde”. Aunque su trayectoria lo llevó desde Humacao hasta algunas de las principales misiones espaciales de la NASA, aseguró que nunca inició su carrera con el único objetivo de trabajar para la agencia.
Su meta, dijo, siempre fue hacer buena ciencia y aportar a la sociedad, independientemente del lugar en el que terminara trabajando.
El recorrido tampoco estuvo libre de obstáculos. Recordó que, al inicio de su formación, el dominio del inglés representó una barrera que decidió enfrentar.
La disciplina, la responsabilidad y la consistencia, afirmó, fueron las herramientas que le permitieron continuar avanzando.
Ahora reconoce que existen jóvenes puertorriqueños que lo ven como referencia. Por eso, entiende que el nombre colocado en el asteroide también pertenece, de alguna manera, al país que lo formó.
“Hay mucho más detrás de esto. No es tan solo para mí, sino para todos esos puertorriqueños que están viendo que realmente hay un nombre puertorriqueño en un asteroide que estará ahí millones y millones de años”, manifestó.
Su mensaje para quienes desean dedicarse a la ciencia es que el lugar donde comienza una historia no determina hasta dónde puede llegar.
“Nada es imposible. Uno se traza una meta, no importa dónde nazca ni cuán difícil sea el camino”, afirmó.
“Hay que mantenerse siempre con la curiosidad por delante”, concluyó el científico.
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