

21 de septiembre de 2026 - 8:57 AM

Actualizado el 21 de septiembre de 2026 - 9:00 AM

PASS CHRISTIAN, Misisipi — Cubiertos de barro, empapados de sudor y, en ocasiones, ensangrentados, los dedicados empleados de un centro de fauna silvestre de Misisipi son auténticos sargentos instructores. ¿Y sus soldados? Crías de mapache.
Bienvenidos al campamento de entrenamiento para mapaches, cuyo objetivo es ayudar a los animales enfermos o heridos a aprender a sobrevivir en la naturaleza del sur de Misisipi, una serie de habilidades que habrían aprendido de sus madres, la mayoría de las cuales murieron o se vieron separadas de sus crías a causa de tormentas, accidentes de tráfico u otros sucesos traumáticos.
Es un reto que ha dejado a la fundadora de Woodside Wildlife Rescue, Paula Woodside, con heridas causadas por mapaches asustados y a la defensiva y por sus afiladas garras, y, cuando no consigue salvar a una cría, también con secuelas emocionales.
“Cuando llegan estas crías, tan desesperadas, es desgarrador”, dijo Woodside, que la mayoría de los días está cubierta de sudor por cuidar de los animales bajo el calor de Misisipi, y de suciedad por las crías curiosas que se le suben por las piernas hasta los hombros. “Es muy importante que tengan una pequeña ventaja inicial”.
Woodside, una antigua marinera mercante estadounidense, fundó el centro de rescate en 2019 tras ayudar a rehabilitar a un mapache bebé que había encontrado a bordo de su barco. El centro de rescate, situado en la ciudad costera de Pass Christian, suele criar a docenas de crías cada año —76 en lo que va de año—, además de otros animales salvajes autóctonos.
El servicio municipal de control de animales y los ciudadanos llaman a Woodside o a la directora del centro de rescate, Raquel Priest, cuando encuentran un mapache que necesita ser rescatado. Juntos, intentan reunir a las crías con sus madres, si es que las encuentran, o las llevan al centro de rescate.
Los mapaches más jóvenes pasarán unas semanas, principalmente en el interior, siendo alimentados con biberón por los cuidadores del centro de rehabilitación hasta que estén vacunados contra las enfermedades que transmiten las colonias de gatos y los perros, y estén listos para pasar a los recintos al aire libre.
Aunque las crías permanecen cerca de sus padres humanos adoptivos, con el tiempo se les permite vagar libremente durante el día por la finca rural de 20 acres (8 hectáreas) del centro de rescate, una extensa mezcla de prados y bosque frondoso salpicada de estanques y un río cercano. Gracias a ese entorno, Woodside y Priest pueden llevar a su “tropa” a excursiones educativas, un lujo del que carecen muchos centros de rescate de fauna silvestre, según explicó Woodside.
Woodside y Priest predican con el ejemplo. Esconden gusanos en la tierra para enseñar a las crías a excavar en busca de comida, y rompen piñas o bellotas para mostrarles las semillas que hay en su interior. A los mapaches se les iluminan los ojos cuando encuentran un nuevo alimento sabroso, y corren a mostrar su descubrimiento a sus cuidadores antes de volver rápidamente para ahuyentar a otras crías que puedan intentar robarles su hallazgo.
Mientras que un sargento instructor podría gritar “¡Atención!“, Priest y Woodside emiten un trino agudo, imitando la llamada de peligro del mapache, lo que hace que las crías corran a refugiarse en los árboles. Un silbido breve indica a las tropas que no hay peligro.
Las crías también practican la pesca en charcos poco profundos, donde sus patas, aún descoordinadas, tocan el agua con cautela hasta que son lo suficientemente rápidas como para atrapar un bocado. La caza de codornices vivas les proporciona experiencia en la caza. Aunque se trata de habilidades que los mapaches probablemente aprenderían por sí mismos, el personal de Woodside espera que el entrenamiento ofrezca a las crías mayores posibilidades de supervivencia.
En el estanque de la finca, los mapaches aprenden a nadar, una habilidad fundamental en el sur de Misisipi, una zona propensa a los huracanes. Los cuidadores se suben a las piraguas y animan a las crías a nadar de un lado a otro. También realizan excursiones al bosque más profundo, donde las crías aprenden a correr de árbol en árbol para evitar ser vistas por las aves rapaces y disponer de una vía de escape rápida ante serpientes u otros peligros en el suelo.
En su última sesión, un voluntario —que no es ni Woodside ni Priest— atrapa a los mapaches en jaulas, asustándolos lo suficiente como para animarlos a evitar las trampas y a los humanos. La experiencia ayuda a los mapaches jóvenes a independizarse de sus rescatadores humanos, un proceso que, según Priest, se produce de forma natural a medida que maduran.
Cuando un grupo de crías está listo para ser liberado, unos seis meses después de su rescate, Woodside y Priest organizan una ceremonia de graduación. Ponen la “Pomp and Circumstance Marches” de Edward Elgar y van leyendo uno a uno los nombres de todas las crías que se gradúan.
A continuación, un reverendo bendice su viaje mientras son liberados en otra zona de la finca del centro de rescate, cubierta de bosque. En el caso de las crías que fallecen bajo su cuidado, el personal celebra una segunda ceremonia para bendecir y esparcir sus cenizas.
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Esta historia fue traducida del inglés al español con una herramienta de inteligencia artificial y fue revisada por un editor antes de su publicación.
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