Eduardo del Llano, célebre en Cuba por la serie de cortos “Los cuentos de Nicanor O’Donnell”, también se expresó en contra del escrito. (Captura / Youtube.com)

La Habana, Cuba - Los humoristas cubanos andan que trinan con las autoridades del país, pues entienden que soplan vientos de cuestionamiento a su trabajo, por lo que han levantado la voz de alarma en las redes sociales, y defienden a capa y espada su arte.  

Todo empezó con un comentario publicado en el periódico oficial Granma, el cual no le hizo gracia a los humoristas cubanos, quienes consideran ataca la fibra de su oficio: hacer reír a la gente con su propia realidad.

El pasado 8 de agosto, un artículo publicado bajo la firma de Miguel Cruz Suárez y titulado “Humor de un solo sentido”, señalaba que “el personaje oficial, el cuadro político, el simple dirigente del barrio, el que alguna vez dirigió y ya no lo hace, e incluso los miembros de las instituciones del orden o la legalidad, se han convertido en blanco predilecto a la hora de armar los personajes más ridículos o los que asumen roles negativos en no pocas producciones audiovisuales (humorísticas o no) de los últimos tiempos”.

Censuraba el escrito que cada vez más se use la burla y el estereotipo contra los funcionarios gubernamentales, los cuales son referente de chistes crudos y sus tareas burocráticas hiperbolizadas en segmentos de comedia, que son pasados en populares programas de la televisión cubana, como el más visto “Vivir del Cuento”, o en clubes y teatros.

“No me parece adecuado encasillar siempre en los llamados roles negativos a la figura de la autoridad oficial, porque el arte traslada y entroniza estereotipos y a la larga la gente terminará por asociar dichas autoridades, sin excepciones, con la chapucería e incluso con el fracaso. Más valdría, creo yo, diversificar y enriquecer la crítica sin que lo grotesco sea la norma”, indica el escrito publicado en Granma.

En una circunstancia normal, el artículo probablemente hubiera sido uno más entre las muchas opiniones que discurren en las páginas de los medios de comunicación, pero en Cuba la situación es distinta.

Granma es el órgano de propaganda del Partido Comunista de Cuba (PCC) y lo que allí se publica pasa por el filtro de los ideólogos de la entidad, por lo que cada escrito revela o valida la posición del gobierno cubano con relación al punto en discusión.

Por ello, los comendiantes cubanos alzaron de inmediato su voz de alerta y censuraron que una posición tan severa contra ellos en un medio oficial no es una buena señal, o sea, que “cuando el río suena es porque agua trae”.

“¿Será que tendremos próximamente chistes topados?”, escribió con ironía el comediante Luis Silva, quien interpreta el personaje de “Pánfilo” en “Vivir del Cuento”, programa conocido internacionalmente porque fue visitado por el expresidente Barack Obama en su viaje a la isla.

“Los chistes topados” de Silva se refieren a los “topes de precios” que puso el gobierno cubano recientemente a las empresas estatales y los pequeños empresarios de la isla, por lo que el comediante insinuó la posibilidad de una censura a su trabajo.

La declaración de Silva desató una defensa férrea de intelectuales del humor en Cuba, pues la ven como un ataque a un oficio milenario y un intento de aplacar el estilo mordaz del programa Vivir del Cuento, el cual presenta con un humor crudo la dura realidad del día a día de los cubanos.

“Pánfilo”, por ejemplo, representa a los miles de ancianos jubilados que viven de un subsidio oficial que cada vez es menos y que convierte su vida en un calvario de necesidades. Allí están también personajes como “Chequera”, el leal amigo de Pánfilo que anda siempre inventando ilegalidades para salir del paso, o “Ruperto Marcha Atrás”, quien intenta adaptarse tras dos décadas en coma a la nueva realidad cubana, pues despertó sin vivir el llamado “periodo especial” y sólo recuerda los años de bonanza bajo el sistema soviético.

A ellos se une quizás el personaje que ha tocado la fibra del gobierno, el de “Facundo Correcto”, interpretado por Andy Vázquez y que representa al típico funcionario de base de barrio del PCC, siempre defendiendo al sistema, aunque sin nunca poder resolver los problemas de la comunidad.

Facundo ejemplifica las aspiraciones, aciertos y deficiencias del sistema cubano, con un humor muy particular que lo convierte en la figura complementaria a Pánfilo, pues el anciano jubilado presenta los problemas y Facundo intenta resolverlos.

El programa trata las dificultades contidianas con maestría. Por ejemplo, en el show del pasado lunes, puesto al aire varios días después del escrito de Granma, presentaron la “risoterapia” como la propuesta novel para enfrentar las vicisitudes. En el episodio, Facundo hace una especie de terapia grupal entre los vecinos del barrio, que presentan sus problemas cotidianos, como la carencia de alimentos, las dificultades en los policlínicos o la falta de insumos de consumo primario, y todos se ríen al unísono, para así llevar la carga mejor.

El guión de ese capítulo llevaba un mensaje implícito al Estado de que la risa es la mejor medicina para un pueblo que atraviesa serias vicisitudes económicas, las cuales se han agudizado desde que Estados Unidos apretó el cinturón del embargo económico.

Vivir del Cuento se ha convertido en el retrato en el cual los cubanos se miran, a través del humor, y tratan de reír para no llorar, por lo que el humorista Kike Quiñones, director del Centro Promotor del Humor, el organismo estatal encargado de manejar los espectáculos de comedia en la isla, salió en su defensa.

“El protagonista, un señor mayor noble y servicial que tratando de ayudar casi siempre termina enredado por su amigo Chequera, músico de poca monta, es más pícaro y se aprovecha… está el personaje de Ruperto MarchaAtrás que nos enseña el lado retrógrado de la sociedad en un pensamiento patriarcal y homófobo; encontramos también a Chacón en su pose de maceta (buscón)… Aguaje, como vaga rata callejera, y otros entre los que destaca Facundo, representación del dirigente que practica la doble moral y el oportunismo en función de su propio beneficio, para él los medios en función del fin pueden ser variopintos aunque haya que mentir o sacrificar valores éticos, lo importante es salir airoso en su empresa”, escribió Quiñones en el también sitio oficial Cubadebate, lo que contrapunteó la puesta en escena de Granma.

“Asumir que los personajes son creados para desacreditar las instituciones o para agredir a las personas que asumen la vida de manera disciplinada, es seguirles el juego a los que realmente se alejan de lo que queremos como sociedad… El humor tiene que operar ineludiblemente con referentes identificables y creíbles que les pertenezcan a esas masas, de lo contrario no tendrá el impacto deseado…Los personajes reflejan actitudes que subsisten en los hombres; afortunadamente para los creadores del humor, desafortunadamente para la sociedad”, agregó.

El escritor y humorista Jorge Fernández Era, escribió en su perfil de Facebook que “en el Granma pretenden exigirnos a los humoristas que aflojemos la mano… Ya no solo se nos sustrae la oportunidad de decidir mediante voto directo quiénes encabezarán el país, y nada ni nadie les exige rendir cuentas a sus elegidos, o no sufren en ‘carne’ ajena los contratiempos de la mayoría: ahora tampoco podemos burlarnos de los ‘torpes, incultos, desfasados o tontos’, que los hay a granel”.

Agregó que “el tema pasa por el hecho de que nunca será una sociedad sana la que obliga a sus ciudadanos a reír puertas adentro con chistes que se inventan como válvula de escape, para robustecer la doble moral a que obliga a vivir el silencio”. 

Al coro de voces se unió el también reconocido humorista con presencia en la televisión cubana, Otto Ortiz, quien indicó que “si Granma tuvo la osadía de publicar un artículo juzgando el humor cubano, debería, por ética, publicar algunas de las respuestas que han surgido”.

La postura del artículo fue criticada también por el comediante Ulises Toirac, quien señaló que el humor “logra cuerdas de empatía con el público en la medida que sintetice su pensamiento, su espiritualidad… El humorismo señala, resalta y satiriza todo lo que frena el desarrollo y está en contra del sentido común: tanto en lo ético, lo moral, lo costumbrista y hasta en las tradiciones, sino en lo económico, lo político y lo ideológico. Y no estoy hablando solo del humor cubano realizado en Cuba. Hablo del humor. Y primero han de cambiar los dirigentes que las necesidades del humor”.

Eduardo del Llano, célebre en Cuba por la serie de cortos “Los cuentos de Nicanor O’Donnell”, una colección fílmica referente para todo el que quiera entender la realidad cubana desde una perspectiva satírica y de humor negro, también se expresó en contra del escrito.

En un artículo escrito en su blog y titulado “Los santos dirigentes”, Del Llano expresa que “el humor es, desde su esencia, subversivo. Cualquier intento de domarlo generará resultados mediocres… La creciente pérdida de credibilidad, la pulverización del capital político de la clase dirigente no es culpa de los artistas, ni siquiera de los malos artistas. Los dirigentes fueron durante mucho tiempo –y a ciertos niveles continúan siendo- entes intocables, sobre quienes no se podía bromear… en voz alta, mucho menos cuestionar sus palabras o denunciar sus decisiones erróneas y sus cambalaches hasta que otros dirigentes decidieran que era el momento”.

Agrega el intelectual cubano que “los artistas se inspiran, básicamente, en y con lo que les da la gana. La creación no puede forzarse, normarse, encajarse en reglas y porcientos”. 

El debate se sirvió y los humoristas lo han tomado como un “mal chiste”, uno de esos que lejos de sacar risas, les ha revuelto su mal humor.


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