Nota de archivo: Este contenido fue publicado hace más de 90 días

“Y sabemos que, a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es a los que conforme a su propósito son llamados”.

Romanos 8:28

Cuando Raymond Dalmau escuchó la noticia en la oficina del médico permaneció sereno, exhibiendo aquella misma tenacidad que lo había ayudado a convertirse en uno de los mejores baloncelistas en la historia del país y en dirigente de la Selección Nacional.

A sus 44 años, luciendo completamente saludable, escuchó uno de los más temidos diagnósticos: cáncer.

Tras la notificación no hubo queja ni enojo en el despacho del doctor Ignacio Echenique.

“Nunca le pregunté a Dios por qué. No pasó por mi mente. Toda mi vida ha sido dirigida por Dios y era Él quien estaba decidiendo en aquel momento”, recordó el glorioso canastero de los Piratas de Quebradillas y del Equipo Nacional.

Dalmau tenía paz. Sabía que había un propósito mayor en su vida. Y hoy, a 20 años de su operación de cáncer de colon, puede confirmarlo. Es evidente en cada palabra que pronuncia al repasar sus últimas dos décadas de existencia. Hay satisfacción por lo vivido desde aquel momento de la cirugía, el 1ro de marzo de 1993.

“Contrario a lo que uno pudiera pensar, han sido 20 años bien fructíferos. Han sido 20 años donde le he sacado más provecho a mi vida en todo el sentido de la palabra y he podido a ayudar a muchas personas que han pasado o están pasando por lo que yo pasé” , compartió Dalmau con El Nuevo Día.

“Aunque siempre he sido una persona que he vivido la vida día a día, no es hasta que uno recibe estos golpes que empieza a valorizar más las cosas”, prosiguió.

Dentro del tabloncillo, Dalmau levantó a miles de fanáticos de sus asientos al registrar grandes éxitos: conquistó cuatro títulos con los Piratas en la década del 1970, fue seleccionado tres veces el Jugador Más Valioso, sumó 11,592 puntos y 5,673 en 20 temporadas, a la vez que como dirigente guió al combinado nacional a un cuarto lugar en el Campeonato Mundial de Argentina 1990.

Fueron gestas que marcaron su carrera, pero su labor fuera del tabloncillo en los últimos 20 años parece causarle mayor regocijo. En este tiempo ha procurado levantarles el ánimo a aquellos pacientes de cáncer que se le cruzan en el camino buscando un consejo o una palabra de aliento. Ve la aflicción en los rostros y trata de impactarlos con un mensaje de esperanza.

Dalmau siente que ese ha sido su llamado en este tiempo. Incluso, su número de teléfono aparece en algunas oficinas de cirujanos.

“A los médicos que conozco –que hacen este tipo de procedimiento– les doy mi número para que los pacientes me llamen y así poder ayudarles”, señaló.

“El desconocimiento de lo que es el cáncer puede llevar a una persona a la depresión y muchas veces no quieren seguir viviendo. Lo veo a menudo. Y lo primero que hago es hablarle de lo importante de informarse. Trato de dejarlos con una actitud positiva”, apuntó.

¿CÓMO EMPEZÓ TODO?

En medio de unas vacaciones en Miami –después de las históricas Olimpiadas de Barcelona, donde participó el primer Dream Team de Estados Unidos– Dalmau tomó la decisión de visitar al médico a su regreso a la Isla. Un sangrado continuo en la excreta le avisaba que algo andaba mal. Y llegó a la cita “pensando en lo peor”.

“Cuando el médico me da el diagnóstico de cáncer, mis primeras palabras fueron: ‘¿que tengo que hacer?’. Lo dije como si nada hubiera pasado”, rememoró.

Lo próximo fue entrar a la sala de operaciones para enfrentar el desafío más difícil de su vida.

“La cirugía duró seis horas. Me extirparon parte del colon. Estuve varios días en intensivo. Fueron días bien difíciles, pero el apoyo de mi familia y amigos fue bien importante en el proceso; diría que fundamental”, contó.

LA REHABILITACIÓN

Como parte de la recuperación, Dalmau recibió quimioterapia por un periodo de un año. Y para combatir el efecto de la radiación, el exjugador planificó una rutina inusual para cualquier paciente de cáncer.

“Recibía quimio todos los lunes de 9:00 a.m. a 11:00 a.m. Y salía de allí a correr al Parque Central al mediodía. Corría como seis millas. Lo hacía para no sentirme que la quimio me estaba dominando. A veces llegaba grave, pero me esforzaba para venir a correr. No quería sentir que eso me estaba dominando”, dijo Dalmau sentado en las gradas de la pista principal del Parque Central.

“El parque fue bien importante en mi recuperación”.

Dalmau cumplió con el año de quimioterapia y continuó con su vida “muy normal” y sin ningún inconveniente de salud. Prosiguió laborando como dirigente en el Baloncesto Superior Nacional y hasta corrió cuatro veces el Maratón de Nueva York.

También hizo algo más.

“Después del año de quimioterapia, empecé a viajar a Estados Unidos para conocer más sobre esta condición. Eso me ayudó muchísimo. Y ahora le puedo hablar a la gente de lo que pueden esperar en el proceso y de cómo tratarse”, dijo.

“Y siempre les digo a las personas que lo más importante es tener un grupo de apoyo y conocer bien la enfermedad. A mí vinieron personas que habían pasado por la misma condición y yo veía que estaban bien. Eso me ayudó a prepararme mentalmente”, comentó.

Vida plena

Dalmau, a sus 64 años, disfruta hoy a plenitud su vida junto a su esposa, Sandra Ortiz, y sus cuatro hijos Richie, Ricardo, Christian, Natalia y sus nietos. También continúa trabajando como director deportivo del Departamento de Corrección y Rehabilitación.

“Estoy disfrutando más de mi familia, que ha crecido en este tiempo con siete nietos. Y mi esposa se ha encargado de velar por mi salud”.

“Lo del cáncer fue un proceso y gracias a Dios estamos aquí. Ha pasado mucho tiempo y he hecho muchas cosas desde entonces...”.


💬Ver 0 comentarios