

5 de mayo de 2026 - 10:11 AM


Más allá del baloncesto, José “Piculín” Ortiz se convirtió en una figura que aportó a la identidad nacional de Puerto Rico al representar a los boricuas en múltiples escenarios y plataformas mundiales.
El historiador Félix Huertas destacó que su nombre “trascendió el deporte”. A sus 62 años, Ortiz falleció esta madrugada tras una larga lucha contra el cáncer.
“Fue un símbolo de afirmación nacional en un país donde la identidad se construye constantemente. En la cancha, no solo representaba talento, sino orgullo y pertenencia”, sostuvo Huertas, presidente de la Asociación Puertorriqueña de Investigadores Deportivos (APID).
“Más allá de sus logros, Piculín encarnó una forma de ser puertorriqueño: resiliente, competitivo y profundamente conectado con su gente. Su legado permanece como parte de la memoria colectiva, recordándonos el poder del deporte para expresar quiénes somos”, agregó el autor del libro “Deporte e Identidad”.

Como parte de su carrera internacional durante 24 años, fue pilar de la Selección Nacional por más de dos décadas, entre 1983 y 2004.
Ortiz estaba consciente de la carga que llevaba sobre sus hombres y lo dejó saber cuando fue presentado como miembro del Salón de la Fama de la Federación Internacional de Baloncesto (FIBA) en el 2019
“Como en muchas ocasiones me toca ser embajador de mi nación, de mi patria, de mi amado país: Puerto Rico. Esa isla de 100 x 35 que logra las mayores victorias cuando se trata de unirse por las injusticias y por el deporte que tanto hemos amado”, expresó Ortiz, durante la ceremonia en Pekín, China.
“Qué orgullo tan grande competir con la bandera en mi pecho contra todos los países soberanos del mundo. Los puertorriqueños únicamente celebramos la soberanía a través del deporte. Es por esa razón que a través de mi carrera profesional de 26 años en el baloncesto trabajando en países como Gracia, España y Venezuela siempre dije que ‘sí’ a representar mi isla”, agregó.
Para Huertas, Ortiz logró ser un fenómeno de la cultura general de los boricuas, quienes se aferraron a su figura como su propia representación, provocando que la isla se paralizara cuando entraba a las canchas internacionales.
“Particularizo la representación internacional porque al Puerto Rico no tener visibilidad política, se convierte en un acto simbólico, pero a la misma vez de reconocimiento de una identidad nacional que posiciona a Puerto Rico de tú a tú con cualquier país del mundo a través del baloncesto, y él con esa representación que tuvo por tantos años en el Equipo Nacional fue parte de ese proyecto nacional que nos llevó alrededor del mundo”, apuntó el profesor universitario.
Asimismo, destacó que “el caso de Piculín tiene logros nacionales internacionales, pero la figura de él provoca un proceso trasversal, porque el baloncesto le da cohesión social, y la figura de él nos permite no solamente sentirnos identificados y representados, sino también a tener un sentido de pertenencia”.
“Digo trasversal porque logró unir a diferentes sectores lo siguen, ideológicos y sociales, y eso lo provoca él con sus diferentes gestas”, explicó. “Otro elemento es que al su carrera ser tan prolongada, logró conectar con diversas generaciones. Su último proyecto del pódcast, era un poco recoger esa memoria histórica deportiva a través del baloncesto y sus experiencias y orgullo patrio”.
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