

25 de septiembre de 2021 - 11:40 PM


A mediados de la década de 1980, un flaco taciturno pelotero proveniente de Santa Isabel llegó a las Grandes Ligas para imponer su clase en la receptoría.
Con apenas 21 años, Benito Santiago fue reclamado en el 1986 por los Padres de San Diego, comenzando entonces la carrera de uno de los receptores puertorriqueños más talentosos en la historia del béisbol boricua.
Su inusual agilidad detrás del plato, sus movimientos felinos y su poderoso brazo lo hicieron un receptor único en su clase.
Santiago, quien fue firmado como agente libre por los Padres en el 1982 cuando apenas tenía 17 años, debutó en septiembre del 1986, hace exactamente 35 años. Su carrera se extendió por 20 temporadas.
“¡Wow! Parece que fue ayer, pero ha pasado bastante tiempo. Yo no me acordaba de eso. Uno se acuerda de los logros, pero de fechas y días uno no se acuerda. Uno cuando chamaquito no sabía ni correr las bases”, dijo Santiago, quien hoy tiene 56 años, en entrevista telefónica con El Nuevo Día.
En una tierra donde los receptores talentosos se dan de forma silvestre, Santiago fue uno de los pioneros junto a Héctor Valle y Eliseo Rodríguez, pero fue un poco más allá que sus antecesores.
Santiago, quien abrió las puertas para brillantes receptores boricuas como Sandy Alomar Jr., Iván Rodríguez, Javier López, Jorge Posada y Yadier Molina, entre otros, revolucionó la posición que se distinguía por tener receptores corpulentos y lentos, con algunas excepciones como Johnny Bench, Yogi Berra, entre otros.
“Tuve una buena carrera. Me pongo un 98% de 100%. Yo le puse mucho empeño. Al ser receptor y hacer lo que hice, pienso que fue asombroso”, agregó Santiago, quien comenzó su resumé con la conquista del premio de Novato del Año en el 1987.
Sin embargo, sepa usted que la carrera de Santiago como receptor comenzó por cosas del destino. Éste se desempeñaba como jardinero corto en categorías menores en el sur cuando le solicitaron que se pusiera los aperos debido a que el catcher regular de su equipo se ausentó.
“Yo era un campocorto cuando tenía 14 años. Fue gracioso, porque cuando tenía 15, el receptor de mi equipo (en Santa Isabel) no se presentó a jugar. Entonces mi dirigente fue donde mí y me preguntó que si podía catchear”, recordó hace unos años Santiago en una entrevista con FOX Sports tras ser exaltado al Salón de la Fama de San Diego.
“Le dije que no, que no iba para allá atrás. El catcher nunca llegó y le dije entonces a mi dirigente que yo quería jugar y que me podía poner allá (receptoría)”.
Resulta que Santiago tuvo un excelente juego detrás del plato y el resto se convirtió en historia. Nunca dejó los aperos convirtiéndose en uno de los mejores de su generación.
“Tuve un tremendo juego ese día. Saqué un par de corredores, pegué dos jonrones. Me acuerdo que mi papá estaba en las gradas y cuando terminamos de jugar le dije: ‘estamos en problemas. Vas a tener que llevarme a la tienda para que me compres una trocha y todo lo relacionado a los catchers’”.
“Yo era bien talentoso y le doy gracias a Dios por darme ese talento. Un año después yo fui firmado. Creo que fue la mejor decisión. En el tiempo que yo subí, no habían catchers de calibre bueno”.
Firmado por el fenecido y reputado cazatalentos Luis Rosa, Santiago entró al panorama de las Mayores diez años después de que Eliseo Rodríguez, considerado el primer gran receptor boricua en las Grandes Ligas, se retirara del béisbol.

Fue precisamente Rodríguez, quien se encargó de ayudarlo a dar los primeros pasos en el profesionalismo con la desaparecida franquicia de los Metros de San Juan.
“La persona que mencionaste (Rodriguez) fue la que empezó todo esto. Fue uno de los pilares que me puso detrás del home, me puso listo. Me alegré de conocerlo”, dijo Santiago, quien jugó un papel importante en el título logrado por San Juan en la temporada 1984-85.
Santiago enfatizó que Rodríguez trabajó arduamente con él cuando era novato con los desaparecidos Metros. Rodríguez trabajaba como coach bajó el mando de Mako Oliveras.
“Mako me lo puso al lado mío. Eliseo fue bueno y uno debe aprender de los buenos. Me enseñó muchas cosas. Lo fácil es fácil, me enseñó lo difícil que es ser receptor”, rememoró Santiago. “Yo no lo vi tanto jugar porque soy de diferente edad, pero vi bastante video de él y era un tremendo receptor”, prosiguió al hablar de Rodríguez, quien tiene a su haber el recibirle uno de los juegos sin hits ni carreras del legendario Nolan Ryan.
“Fue lo mejor que hizo Mako conmigo. Le debo esa a él. Me acuerdo que le dijo a Eliseo: ‘encargate de ese muchacho porque va a llegar bien lejos’. Llegó en el perfecto tiempo”.
Poseedor de la marca de partidos consecutivos pegando de hits para un novato (34), Santiago implementó el estilo de tirar de rodillas a las bases, una costumbre muy común en el béisbol de esta época.
Santiago contó a El Nuevo Día cómo nació este peculiar estilo de tirar y qué lo motivo a ello.
“Fijate, eso fue una cosa natural. Una vez con mi hermano, en forma de broma, me puse a tirar así. Nunca se me olvidó que llegó muy bien a segunda. Tenía como 14 años y jugando siore mi hermano me dijo ‘ponte en el home y tira para segunda’ y ahí fue el comienzo de eso”.
Santiago explicó que le pusieron un dron en segunda base para ver cuán certero podía ser su disparo. Su tiro fue impresionante, recuerda el otrora receptor.
“Oye, la metí a ese dron por el medio, que lo empujé para atrás y llegó lejos”, recordó riendo. “Me llamó la atención, era una posición difícil, pero el talento me ayudó bastante”.
Bateador de por vida de .263 con 217 jonrones y 920 remolcadas, Santiago no lo piensa dos veces para asegurar que hubo un bateador de su época que lo atormentó cada vez que se embasaba.
Se trató de Vince Coleman, un rápido jugador que participó por años 13 temporadas en las Mayores, seis de ellas con los Cardinals de San Luis y que también jugó beisbol invernal con los Indios de Mayagüez.
“El que me hizo volver atrás -tirar de rodillas- fue Vince Coleman, que era el tipo más veloz de la liga. No lo podía coger. Oye, yo me estaba parando para tirar y estaba tirando 90 millas de home para segunda base, pero no podía cogerlo. Además que era rápido, sabía correr las bases. Era uno de los que más sabía robar bases y era más rápido que todos los demás. Tenía esas dos habilidades y a mí se me hacía difícil tirar parao. Yo estaba haciéndolo en los segundos que se supone tenía que hacerlo para sacar un corredor”, aseguró sobre el exjugador que se robó 756 en 13 temporadas.
“En Puerto Rico yo no jugaba mucho cuando (Coleman) vino con Mayagüez, pero cuando me tocó jugar, abusó de mí. Después empecé a sacarlo tirando arrodillado. Siempre estaba pensando que era a él quien tenía que sacar”.
Santiago, quien se retiró en el 2005 tras 20 temporadas, indicó que Larry Bowa fue uno de los dirigentes que le dio luz verde para ejecutar ese tiro. Trabajó con el boricua en Triple A y fue su primer dirigente en las Mayores.
“No tengo que mirar para atrás en nada. Hice buen trabajo. Tuve mis errores, pero lo hice bien aunque lo pude hacer mucho mejor en palabras grandes y por muchos más años. En terreno de juego fui un capitán. Bromeaba afuera, pero cuando me ponía el uniforme y tocaba el homeplate yo cambiaba” ”
“Practiqué bastante y se me fue el miedo. Y me arriesgué. Y el que estaba conmigo era Larry Bowa que venía de Triple A conmigo. Me dirigió allá y fuimos campeones. Me preguntó: ‘¿por qué tu haces eso? Esto es Grandes Ligas y no la Menores’. Me miró, se rió y me preguntó si yo iba a tirar así de ahora en adelante. Bowa me ayudó. De lo buenos es que se aprende”.
En su carrera en las Mayores, Santiago jugó en cinco Juegos de Estrellas, ganó tres Guantes de Oro y cuatro Bates de Plata. Participó en una Serie Mundial con los Giants de San Francisco en el 2002.

Defensivamente, culminó con promedio de .989 y su por ciento de sacar corredores fue de 35%.
“No tengo que mirar para atrás en nada. Hice buen trabajo. Tuve mis errores, pero lo hice bien aunque lo pude hacer mucho mejor en palabras grandes y por muchos más años. En terreno de juego fui un capitán. Bromeaba afuera, pero cuando me ponía el uniforme y tocaba el homeplate yo cambiaba”, apuntó.
¿Qué te faltó por lograr?, le preguntó El Nuevo Día.
“Llegar al Salón de la Fama. No creo que hubiese tenido los números. Yo me empeñé más en catchear que batear, pero bateaba muy bien. Eso me faltó”, concluyó.
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