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Nota del editor: segundo artículo de una serie sobre el fútbol en Cuba en el marco del Mundial de Rusia 2018

La Habana, Cuba.- El béisbol ha dejado de ser el tema principal por el cual los cubanos, habituales argumentadores en lo que tiene que ver con política y deportes, tienen sus más serias discusiones en cualquier esquina de la isla. Ese sitial pertenece hoy al fútbol, el que domina la atención del país y ha desplazado lentamente de la cima de la simpatía colectiva al que todavía es considerado, en teoría, el deporte nacional de Cuba.  

Las polémicas sobre si Industriales, el mítico combinado capitalino, ganará el campeonato o si el jugador equis debe estar en la selección que irá a los próximos Juegos Centroamericanos y del Caribe de Barranquilla no dominan la escena en las peñas deportivas ni los coloquios deportivos alrededor del país.

Aquella superioridad del béisbol en la preferencia de los cubanos comenzó a cambiar, al punto que hoy el fútbol le disputa la supremacía, sobre todo entre las generaciones más jóvenes.

Entre ellos, más que la posibilidad de que Industriales regrese al trono del béisbol doméstico o de que alguno de sus compatriotas mantenga una gran campaña en el béisbol de las Grandes Ligas, prevalece la polémica que gira en torno a la superioridad del Barca o el Real Madrid, o la disyuntiva de quién es el mejor futbolista del planeta, si Messi o Cristiano Ronaldo.

En Cuba se habla en cada esquina de fútbol. Más concreto todavía, de la rivalidad entre el Real Madrid y el Barcelona en la Liga Española.

La disputa entre los dos oncenos españoles se ha convertido en el principal alimento deportivo para los cubanos y es el mayor responsable del “boom” que vive el fútbol en la isla, donde no seguir a uno de estos dos equipos es quedarse fuera del baile, es no “estar arriba de la bola”, como dicen en Cuba.

El pasado 6 de mayo se jugó el clásico español, con el Real Madrid visitando al Barcelona. Para los cubanos poco importaba que el equipo catalán había asegurado el campeonato y que el onceno madrileño pensaba en la final de la Liga de Campeones.

El país se paralizó, como si fuera la hora de la novela, para ver el Clásico. Ni siquiera al béisbol, que por estos días juega una serie especial preparatoria para Barranquilla, se le ocurrió jugar a esa hora. El país entero, con sus excepciones, claro está, estaba conectado al partido.

En el habitual silencio de domingo en la tarde, se escuchaban alaridos repentinos, como explosiones de euforia, las cuales llamaban la atención de transeúntes y de los vecinos despistados no enterados del evento deportivo del día.

Era la euforia del gol, cada vez que uno de los dos equipos anotaba, los gritos se escuchaban en las cuadras como si se tratara de manicomios improvisados en toda la ciudad capital.

Cuatro veces se escuchó esa ola, producto del resultado, 2-2. El partido acabó en empate y los fanáticos de los dos lados respiraron aliviados, porque se les había permitido celebrar a cada uno a su manera, sin tener de defenderse del ataque inclemente del odiado rival, el cual suele ser intenso y lleva a discusiones tan caldeadas que cuesta creer que se pelean por dos equipos que radican al otro lado del Mundo.

Los del Barcelona se fueron felices con su título y con la idea de que el Madrid no les quitó el invicto, mientras que los fanáticos merengues se fijaron en su próximo escalón, el juego de la Champions el 26 de mayo ante el Liverpool ingles.

Y ese 26 de mayo fue otra jornada de esas increíbles la que se vivió en La Habana.

Los fanáticos madridistas salieron a la calle por miles a buscar dónde reunirse para ver el partido, con sus camisetas blancas y azules, con banderas, con bandanas, en fin, con todo lo que dejara claro que seguían al Real Madrid.

La máxima expresión de ese fanatismo desmedido por el Real Madrid se dio en el barrio capitalino de El Vedado, en el Salón de los Embajadores del hotel Habana Libre y en el cine Yara, uno al lado del otro en la avenida 23.

Allí se reúne los fanáticos del Real Madrid a ver los partidos más importantes, como esa final.

En el cine Yara están los sectores más populares, aquellos que no pueden pagar el Habana Libre, pero quieren ver en pantalla grande el partido de su conjunto. Se goza igual, los goles se gritan con la misma energía y, como pasó ante el Liverpool, los triunfos hacen temblar los cimientos de la estructura con el silbatazo final a favor del Real Madrid.   

Mientras, en el hotel se junta la peña deportiva, como se le llama a los clubes de fanáticos reconocidos por las autoridades cubanas, más importante del país, la que sigue al Real Madrid y que surgió de una idea de un español radicado en Cuba y del conocido actor Jorge Perugorría.

 “La idea surgió al cuando conocí al actor Jorge Perugorría y a otros amigos seguidores de Real Madrid. Quedamos para ver un partido y en el descanso se habló de la posibilidad crear esta peña. La conseguimos después de un poco más de dos años y ha ido creciendo en paralelo al crecimiento del fútbol en Cuba”, dijo a El Nuevo Día el presidente de la peña madridista en La Habana, Álvaro Kirpatrick, quien lleva más de ocho años asentado en la isla.

“Somos más de mil socios con carnet, tenemos un grupo de Facebook integrado por cubanos y ya tiene más de 20,000 miembros con una visibilidad tremenda entre nuestros socios, muchos cubanos de a pie, pero también grandes estrellas, como el campeón mundial de salto alto Javier Sotomayor, el propio Perugorría, el músico Eliades Ochoa, el rockero cubano David Blanco, entre otros. En ese sentido es mucho más de lo que hubiésemos imaginado”, sostuvo el español sobre el grupo, al cual El Nuevo Día no pudo acompañar porque la administración del hotel no lo permitió.

“Además de ver los partidos juntos, sólo hemos hecho un par de cenas de gala, aunque pensamos hacer alguna más próximamente. Se está gestando un posible clásico de peñas entre las del Real Madrid y del Barcelona que existe en La Habana, que sería una gran actividad”, añadió.

Ese mismo fervor se da cuando es el Barcelona el protagonista y explotará a partir del 14 de junio, cuando inicie el Mundial de 2018 en Rusia.

“Creo que esa explosión en el seguimiento ha tenido su origen en que han empezado a televisar los partidos. El fútbol es un deporte muy agradecido, con reglas sencillas de entender, más que las del béisbol, y el vicio arraiga fácilmente. La gente ha comenzado a hacerse cada vez más de los equipos. Ojo, que había antes madridistas y barcelonistas también. Hay gente que sigue al Real Madrid desde los años 70 y 80, tampoco es una cosa que haya nacido precisamente ahora”, explicó Kirpatrick.

El factor televisivo es, por consenso, el ingrediente que desató el boom del fútbol en Cuba.

“Las transmisiones de partidos de fútbol de primer nivel comenzaron en Cuba con el Mundial de México 1986, cuando se televisaron algunos partidos en diferido a partir de la fase de cuartos de final. Ya en el Mundial de 1990 se transmitieron algunos partidos en vivo, pero desde la edición de 1994 en los Estados Unidos, la televisión pública cubana –la única que existe- comenzó a llevar a las pantallas la gran mayoría de los partidos en vivo, llegando incluso en ediciones posteriores a televisarlos íntegramente en vivo”, apuntó Roberto González, director del canal Tele Rebelde, desde hace cinco años dedicado exclusivamente a temas deportivos.

Desde hace varios años se transmiten en Cuba cada fin de semana los principales partidos correspondientes a la Liga Española, la Bundesliga alemana, le Premier inglesa y la Serie A italiana.

Los Mundiales han sido transmitidos sin interrupciones de manera gratuita, sin cortes comerciales ni publicidad integrada, y este año todos los juegos podrán ser vistos en alta definición.

A nivel institucional, el fútbol cubano también ha recibido su espaldarazo. Dos presidentes de la FIFA –primero el suizo Joseph Blatter, en 2013, y luego el italiano Gianni Infantino, en 2017- han pasado por La Habana para reunirse con las autoridades del fútbol cubano y brindar apoyo al desarrollo de este deporte en la isla. Así, se concretó la construcción de una cancha sintética en el capitalino estadio La Polar y próximamente se hará lo mismo en otra del oriente del país.

Además, en 2017 se desató la euforia,cuando en medio del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, se concretó la visita del club Cosmos de Nueva York de la MLS, que trajo al gran Pelé como embajador y al destacado jugador español Raúl González como estandarte, uno de los jugadores más queridos en Cuba por su época dorada con el Real Madrid. También visitó la isla el central madridista Sergio Ramos.

Al ingrediente de la presencia televisiva y el respaldo de la FIFA se une la realidad de que el béisbol atraviesa una crisis estructural muy seria.

En el año 1992, con los Juegos Olímpicos de Barcelona como telón de fondo, el deporte global cambió y trajo el profesionalismo al mundo aficionado, lo cual sacudió la estructura del béisbol cubano.

La mayor expresión de esa transformación se dio en el primer Clásico Mundial de Béisbol, en el cual Cuba alcanzó el segundo lugar, un gran logro que también trajo con el tiempo deserciones en masa del equipo titular cubano, cuyos jugadores migraron a las Grandes Ligas sabiendo que contaban con talento para triunfar allí.

Desde entonces, el béisbol cubano ha ido en picada y los fanáticos antillanos, acostumbrados a que su equipo barriera todas las competencias, se han tenido que acostumbrar a resultados mixtos o desfavorables en la mayoría de los torneos internacionales.

“Ha bajado la calidad del béisbol y el fútbol, el mejor fútbol, lo podemos ver en televisión. Eso ha hecho que la gente siga más el fútbol”, dijo el estudiante Leandro Daniel Carranza, mientras esperaba el comienzo de la final de la Champions en las afueras del cine Yara, uno de los más importante de la capital.

Junto a él, Michel Pedroso, un joven graduado como ingeniero civil, enfundado en su camiseta de Real Madrid, señaló que “el fútbol es el más internacional de los deportes y Cuba tuvo antes muy buen nivel en el béisbol, pero que después de que se ha bajado la calidad, el fanático cubano se ha inclinado más hacia el fútbol”.

El problema mayor del béisbol cubano es que se quedó sin golpe y porrazo sin referentes en su Serie Nacional, porque los mejores jugadores han decidido romper con el sistema deportivo de la isla y relanzar sus carreras en busca de contratos en el béisbol profesional estadounidense.

A eso se une que, en contraste con el fútbol, la Televisión Cubana no transmite en vivo las Grandes Ligas, en parte por las restricciones impuestas por el bloqueo o embargo que impide negociar con empresas estadounidenses dueñas de los derechos de transmisión, y también por impedir la visibilidad de algunos de los jugadores que se fueron del país, que durante mucho tiempo se consideraron desertores y un mal ejemplo para la sociedad.

Las cosas, sin embargo, han comenzado a cambiar. Primero fueron transmitidos a nivel nacional y en diferido algunos partidos de las Grandes Ligas, pero sin la participación de cubanos, hasta que en la pasada Serie Mundial, en la que -aunque no en vivo-, se pudieron ver los enfrentamientos entre equipos con peloteros formados en la isla caribeña, como los casos de Yulieski Gurriel, de los Astros de Houston, y Yasiel Puig, de los Dodgers de Los Ángeles.

La movida, sin embargo, poco ha influido en la preferencias deportivas de las más jóvenes generaciones de cubanos, más conectadas a las redes sociales y expuestas a la influencia mediática de fenómenos como el fútbol.

En casa, las autoridades deportivas han intentado potenciar al pasatiempo nacional, incluso al punto de cuestionar la mayor difusión que tiene el fútbol internacional que la pelota nacional, una posición que ha generado mucho debate.

“Para mí no cumple ningún objetivo intentar frenar a efervescencia del fútbol, para potenciar el béisbol. Se trata de lograr una convivencia entre los dos deportes y todos saldremos ganando”, opina René Pérez, actual comisionado nacional del fútbol en Cuba,.

“Como cubano, a mi también me gusta el béisbol, pero siento por el fútbol y estoy seguro que lo mismo le pasa a muchas personas aquí. Se trata de aprender de lo que el fútbol ha hecho bien y aplicarlo, al igual que a nivel nacional el fútbol puede aplicar las cosas que haya hecho bien el béisbol. Al final todos saldremos ganando”, sostuvo el hombre de fútbol al defender una posición que tiene toda la lógica del mundo, pero que enfrenta el complejo desafío de que en Cuba la lógica no siempre es la que sale a flote, para desgracia del deporte rey.


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