

5 de agosto de 2026 - 1:56 PM


Santo Domingo - Una ilustración de una niña empuñando una espada en un libro de cuentos fue suficiente para despertar la curiosidad de Gabriela Hwang por la esgrima.
Su madre Jamaris Hwang educaba en su casa a sus cuatro hijas cuando aquella página llamó la atención de la entonces niña de 7 años.
“‘Gaby, mira, esa nena hace esgrima’”, le dijo la madre. “Ella me miró y enseguida respondió: ’Quiero hacer eso’”, contó.
“Ella ha sido la más distinta, como digo yo. Le gustaban las espadas y las piedras”, agregó.
Lo que ninguna de las dos imaginaba era que aquella conversación también terminaría acercándolas a Puerto Rico.
Hija de una boricua y un padre taiwanés, Gabriela, de 19 años, creció en Arizona, donde comenzó a competir en esgrima dentro del programa estadounidense.
Sin embargo, con el paso de los años encontró en la isla un sentido de pertenencia que la llevó a representar los colores de Puerto Rico, país con el que el martes conquistó la medalla de plata en sable en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026.
“Cuando fuimos a los Panamericanos de cadetes y estuvieron todos los boricuas allí apoyando, eso la emocionó. Ella dijo: ‘Me quedo’. La cultura como que la llamó”, recordó Jamaris, a quien todavía se le aguan los ojos al hablar del tema.
“Siempre traté de inculcarles la cultura y es difícil cuando uno vive allá. Que ella represente a Puerto Rico me emociona más porque lo decidió sola. No fue que la obligamos. Ella vio la unión que tienen los puertorriqueños, cómo se apoyan unos a otros. En Estados Unidos no era así”, manifestó.
Jamaris admite que cuando su hija le pidió practicar esgrima no tenía idea de cómo funcionaba ese deporte.
“Nosotros no sabíamos nada de esgrima”, recordó.
Tras aquella conversación provocada por el libro, buscó en internet algún lugar donde Gabriela pudiera intentarlo, y encontraron el único club que existía entonces en Arizona.
Para ese momento, Gabriela también practicaba natación y lacrosse.
“Fue y le encantó. El papá del entrenador la vio y dijo enseguida: ‘Esa nena tiene potencial’. Yo le dije a mi esposo: ‘Eso se lo dicen a todo el mundo para que uno se apunte’. Pero no. Ella se quedó y rápido empezó a clasificar a las competencias nacionales en Estados Unidos”.
Mientras la carrera deportiva de Gabriela despegaba, Jamaris desconocía que Puerto Rico también tenía tradición en la esgrima.
“No sabía que en Puerto Rico había esgrima”, sostuvo.
Nacida y criada en el barrio Jauca de Santa Isabel, Jamaris emigró a los 16 años hacia Estados Unidos.
Allí conoció a su esposo, Ming Hwang, un médico natural de Taiwán, mientras ambos estudiaban en Nueva York. Más adelante se mudaron a Arizona por la pasión de Ming por el ciclismo de montaña.
“Yo crecí pobre en Puerto Rico. No sabía que en Puerto Rico había esgrima ni cuánto se había desarrollado”, comentó la progenitora.
El descubrimiento del talento esgrimista boricua ocurrió durante una competencia en Estados Unidos.
“Vi a unos niños con la bandera de Puerto Rico y fui a preguntar. Me dijeron que hablara con la mamá de uno de ellos y después conocí a Ulpiano Parrilla, director técnico de la Federación de Esgrima de Puerto Rico. Hablamos un rato y le expliqué a Gabriela que existía la oportunidad de representar a Puerto Rico”.

Como todavía competía en las categorías cadete y juvenil, le permitieron probar por un año con la selección puertorriqueña. La decisión definitiva de permanecer representando a Puerto Rico llegó tras el Panamericano.
“La aceptaron rápido. Se hizo amiga de Sofía Báez bien rápido. Fue una cosa bien bonita que no puedo explicar”, dijo.
Aunque también tenía la posibilidad de competir por Taiwán, la familia nunca vio ese camino como una posibilidad porque debían viajar frecuentemente a China, y además, la modalidad de sable no es común en el país asiático, según Jamaris.
“Antes las traía una vez al año. Ahora Gabriela viaja a Puerto Rico tres o cuatro veces al año. El español le da vergüenza hablarlo, pero entiende muchísimo”.
Para Jamaris, la medalla de plata conseguida en la capital dominicana, luego de caer por 15-14 ante la mexicana Natalia Botello, trasciende cualquier resultado.
“Cuando uno habla de los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Estados Unidos o en Europa, muchos piensan que no son grandes. Pero para mí es un orgullo ver a nuestros países, con menos recursos, unidos y apoyándose. Ver el trabajo que hacen estos atletas para llegar aquí y verla representando a Puerto Rico es una experiencia que jamás voy a olvidar”, aseguró.
Antes de despedirse de la conversación con este medio, la madre quiso agradecer el respaldo que su hija ha recibido desde la Isla.
“Gracias a Puerto Rico por apoyarnos. A veces, como no vivimos en la isla, siempre hay quienes hablan. Pero quiero que sepan que nosotros amamos a Puerto Rico. Yo amo a Puerto Rico y, si pudiera, regresaría. Puerto Rico siempre está en mi corazón y eso mismo he tratado de inculcarle a mis cuatro hijas”, sentenció.
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