14 de agosto de 2026 - 4:00 PM

La extensa colección de medallas de Enrique “Quique” Figueroa tiene desde hace unos días una pieza con un significado diferente.
El experimentado velerista puertorriqueño conquistó en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026 su octava medalla de oro en 10 participaciones en la justa regional, pero esta vez tuvo a su lado en el hobie cat a su hija Paula Figueroa Malatrasi.
Para el veterano atleta, compartir el bote con su hija transformó una experiencia que conoce desde hace décadas.
“Para mí fue espectacular, mejor de lo esperado. Ya yo soy un viejo, un perro viejo arrastrando la cola, y Paula me puso las pilas, me puso a entrenar y me puso a navegar mejor”, expresó Figueroa con entusiasmo al recordar las jornadas en la playa Salinas en Baní.
Más allá del resultado, el deportista destacó que afrontó estos Juegos con una mentalidad distinta a la de sus nueve participaciones anteriores.
“El ‘headspace’, la mentalidad, fue diferente a cualquier otro Juego. Mucha más paz, mucha más armonía, pero más que todo mucha alegría de poder hacer esto con mi hija y ver su entusiasmo y su dedicación”, sostuvo.
“La medalla fue el ‘icing on the cake’. El mero hecho de compartirlo con ella y disfrutármelo tanto valió la pena”, añadió.
Puerto Rico dominó la competencia de hobie cat con 18 puntos netos, por delante de Guatemala y Venezuela, para darle a Figueroa otro campeonato en una trayectoria centroamericana que se extiende por varias décadas.
De hecho, los veleristas puertorriqueños aportaron un total de seis preseas en Santo Domingo 2026: cuatro de oro, una de plata y una de bronce. En comparación, la vela conquistó cinco medallas en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de San Salvador 2023: dos de oro, una de plata y dos de bronce.
Para Paula, Santo Domingo representó una experiencia completamente nueva y reconfortante porque estaba junto a su padre.
“No tengo palabras. De verdad que los sentimientos, todos, hasta los nervios, yo diría que todo fue bueno en gran parte porque tenía a papa al lado mío. Nunca estuve sola”, relató.
La joven velerista también destacó el respaldo que recibió de la delegación puertorriqueña de vela, pero reconoció que compartir el bote con su padre resultó fundamental cuando aparecieron los momentos de mayor tensión.
“Fue un junte bien bueno, tremenda la comunicación, los ánimos estaban ahí. Uno sin el otro nos hubiésemos vuelto un ocho, pero gracias a que nos teníamos en el bote pudimos acabar con oro”, señaló.
Uno de los recuerdos que Paula se llevó de Santo Domingo ocurrió en medio de una de las situaciones más exigentes de la competencia.
El viento soplaba con fuerza y padre e hija estaban en pleno remonte cuando Quique, en lugar de mostrar preocupación, dejó escapar una expresión que tranquilizó a su hija.
“Uno de los ‘highlights’ de todos los Juegos fue estar con papa en el bote, en pleno remonte, estaba bien soplado, y él decirme, obviando algunas palabras: ‘Esto es lo que a mí me gusta’. Para mí, eso fue como, no sé, me impresionó y eso me calmó todos los nervios. Y yo dije: ‘Estamos aquí por algo’”, relató Paula.
Quique también llegó a Santo Domingo con interrogantes.
Aunque su historial lo colocaba entre los competidores más experimentados de la justa, llevaba un tiempo alejado de ese circuito y sabía que tendría enfrente a rivales con credenciales internacionales.
“Íbamos contra unos contrincantes con los que yo ya me había medido antes, campeones mundiales, campeones panamericanos, campeones centroamericanos. Yo llevo un tiempito fuera de este circuito y tenía mis dudas”, reconoció.
Sin embargo, las dudas desaparecieron rápidamente.
“Desde la primera carrera me di cuenta de que estábamos por encima de ellos. Es el trabajo que hicimos acá en Puerto Rico por los últimos seis meses, que se estaba pagando con dividendos allí. Una vez hicimos el primer día, yo dije: ‘Esto se acabó’”, manifestó.
El camino hacia el campeonato no estuvo libre de contratiempos. Para Quique, una de las mayores satisfacciones fue observar cómo su hija reaccionaba ante ellos.
“La competencia fue bien dura. Tuvimos momentos difíciles, pero ella lo manejó como una veterana y eso me devolvía a mí un poco más de energía positiva y seguíamos hacia adelante”, relató.
“Siempre tenemos unos percances, pero esa es la competencia. Poder sobrepasar los percances que quizás en un pasado hubiesen sido un poco más difíciles de dominar, ahora fue más orgánico. Todo fue más orgánico”, agregó.
También hubo algo más que llenó de orgullo al veterano velerista: observar la manera en que Paula se integró con el resto de la representación puertorriqueña.
“La paz que ella trajo al equipo, la alegría y la armonía, su comportamiento entre todo el equipo de vela, no solo con nosotros, a mí me llenaba mucho de orgullo y de energía y de querer dar más y más”, indicó Quique, quien debutó en la justa regional en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo 1986.
Para Paula, el desafío era distinto. Nunca había competido en ese escenario ni enfrentado unas condiciones similares a las que encontró en Santo Domingo.
Pero tenía una ventaja difícil de cuantificar.
“Yo en todo momento dije: ‘Yo estoy con el que es’. Con ‘papa’ me siento segura, y no solo literalmente segura, sino segura de que íbamos a asegurar la victoria. Y eso hicimos”, expresó.
Paradójicamente, el momento que más tensión le provocó no ocurrió en plena competencia, sino cuando tenía que manejar la embarcación cerca de la orilla bajo fuertes vientos.
“Eso fue lo que más estrés me causó, llegando a la orilla, manejando el bote con ese viento. Yo nunca había estado con tanto viento en mi vida y para mí eso fue lo más difícil”, explicó.
“Pero me disfruté muchísimo todo el proceso”, añadió.
La victoria tuvo además una dimensión histórica para Quique, quien conquistó su octava medalla de oro en 10 participaciones centroamericanas. Paula, sin embargo, se ríe cuando le preguntan si se imagina prolongando su carrera hasta acercarse a la longevidad deportiva de su padre.
“Aquí tenemos un atleta que acaba de romper récord. No quiero compararme”, respondió entre risas. “Yo de verdad que estoy bien abierta a lo que llegue. Me lo disfruto demasiado y pienso seguirlo, pero este hombre es otra cosa”.
El campeonato centroamericano no les otorgó clasificación para los Juegos Panamericanos de Lima 2027, por lo que padre e hija todavía tendrán que buscar su boleto.
Por ahora, Quique indicó que tienen prevista una competencia internacional en septiembre.
Después de Santo Domingo, sin embargo, había una prioridad más inmediata.
“Descansar”, respondió sin titubear.
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