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La artista siente que, de una manera respetuosa, logró plantear el tema de la salud mental y cómo afecta a tantas personas de maneras tan profundas.  (Fotos suministradas)

Cuando un ser amado padece de una enfermedad mental, si eres su cuidador, empieza a pasarte factura. ¿Qué haces?, ¿Cómo enfrentas la frustración de querer y no poder ofrecer alivio? ¿Cómo mantenerte cerca cuando su conducta te lleva a sentir la necesidad de huir?

Estas fueron algunas de tantas preguntas que se hizo Gabi Pérez Silver a partir del diagnóstico de bipolaridad de su padre cuando ella tenía 16 años o incluso antes, cuando ni siquiera tenía certeza de qué le pasaba a aquel hombre que de momento estaba eufórico, luego callado y retraído. 

Pérez tiene su propia historia, pero la realidad que vivió es espejo para muchos niños, esposas, padres, madres y hermanos que en Puerto Rico tienen algún allegado encerrado en el complejo mundo de las enfermedades mentales. El paciente libra su batalla y quienes le rodean también. Ambos mundos quieren encajar, pero a menudo simplemente no pueden porque por más increíble que parezca es como si fuera más sencillo llegar a la luna que manejar estos asuntos en el diario vivir de tanta gente.

Quizás por eso el trabajo de Pérez, “Our Mind; A Weapon”., resulta tan poderoso. Ella sí encontró una forma -su forma- de navegar en el mar de dolor, confusión y esperanza que le provocaba la enfermedad de su padre y cómo la misma afectó tantos aspectos de su vida en común.

La muestra, que se presenta a partir de este fin de semana en el espacio :Pública en Santurce, es un trabajo fotográfico muy íntimo que la artista decidió realizar por varias razones, todas ligadas a la búsqueda de alivio para su papá y también para ella. Asimismo, a través de las imágenes de la cotidianidad de su papá la fotógrafa se propuso plantear el problema de la enfermedad mental en el intento de romper esquemas y provocar la empatía hacia todo aquel que ha vivido algo similar.

A Pérez, la enfermedad de su padre la afectó desde pequeña, por el comportamiento volátil que observaba en él y luego escaló a situaciones más complejas.

“Cuando lo diagnosticaron fue el peor momento de todo, porque a él se le hizo tan difícil aceptar que estaba enfermo, que  contaba conmigo para todo. Me llamaba constantemente, se convirtió como en esta obsesión. Yo entiendo que en ese momento se sentía tan solo que yo era su salvavidas. Tenía entre 16 a 18 años y llegaba al punto de me llamaba 24 veces en dos horas, me dejaba 15 mensajes de voz y luego empezó con las amenazas: ‘si no me llamas, me voy a hacer algo, me voy a quitar la vida’”, contó la artista.

En ese momento la desesperación llegó a ser tanta que solicitó una orden de protección contra su propio padre.

“Fue horrible para mí porque yo no quería cortar con él pero me estaba drenando. Yo no podía terminar las tareas de la escuela. Me llamaba cuando estaba en la escuela. Al yo tener esa edad, no tenía mucho para ofrecerle”, recordó.

Durante un tiempo de su vida universitaria, Pérez se fue a estudiar a Nueva York. Los seis años que vivió allá la relación con su papá fue mayormente telefónica y distante, pues él nunca cambió su conducta.

Su regreso a Puerto Rico se debió a una oportunidad única: participar de un taller con el reconocido fotógrafo David Alan Harvey. A él le presentó la idea que llevaba años dando vueltas en su cabeza, que era realizar un proyecto fotográfico acerca de su padre. Muy adentro, sabía que sin el puente de su arte era casi imposible lograr la cercanía que ella anhelaba y entender al menos un poco mejor su enfermedad.

“Siempre tuve como este deseo de documentar a mi papá en todo su proceso desde que lo diagnosticaron, su aceptación y luego cuando entiende que está haciéndole daño a sus familiares, su búsqueda de ayuda. Se convirtió en un proceso de él realmente luchar por su vida y querer estar bien”, compartió.

Project Semicolon

Durante su proceso, el padre de Pérez conoció acerca de Project Semicolon, una organización sin fines de lucro, fundada en 2003, dedicada a ofrecer esperanza y amor a los pacientes mentales, adictos o afectados por pensamientos suicidas. Identificados con el proyecto, muchas personas se tatuaron la imagen del punto y coma como símbolo de supervivencia. El padre de Pérez fue uno de ellos.

“Por eso uso el ‘semicolon’ en el título, y el punto al final, (Our Mind; A Weapon.) porque aunque mi papá se dedicó a luchar por su vida por muchos años, no logró sobrevivirla. En la secuencia de fotos, pongo la foto de la pistola, que habla sobre el tema del suicidio, y la foto que viene justo después, es de cuando se está tatuando el ‘semicolon’. Fue un momento de claridad para él, cuando decidió destruir sus pistolas, y hacerse el tatuaje. En la foto con la pared roja, el gesto de la mano del tatuador es casi como si estuviera aguantando una pistola”, explicó. 

Las fotos iban y venían con la promesa de que no serían publicadas hasta que él estuviera listo.

Pérez incluso regresó a Nueva York durante un tiempo, pero siempre volvía cargando su cámara y continuaba retratando. Esperaba continuar así, congelando instantes de su papá durante largo tiempo. Pero la situación de salud se deterioró notablemente después del azote del huracán María. Se quedó sin medicamentos, sin médicos y en medio de la situación del país tampoco se encontraba animado para buscar alternativas.

Un adiós diferente

Un día Pérez recibió una llamada inesperada. Su padre había encendido un cigarrillo en el carro donde llevaba un tanque de gas, y explotó en cuestión de segundos. No parece haber sido intencional porque él salió huyendo del carro a buscar ayuda. Su hija está segura de que, si hubiera querido suicidarse, al menos hubiera dejado una nota. Tras varios días en el hospital, quedó huérfana de padre.

Publicar el trabajo significa mucho para la artista. Siente que de una manera respetuosa logró plantear el tema de la salud mental y cómo afecta a tantas personas de maneras tan profundas. Además, cree que mostró que un hombre con una condición mental es simplemente uno más entre nosotros. 

“Para mí fue como escribir un poema”, precisó, al lamentar que el propósito principal - que su padre pudiera estar en la exposición para sentir el apoyo de la gente- no se logró.

La muestra incluye imágenes de la despedida que Pérez le regaló a su papá. Arrojó sus cenizas en Ecuador, su país favorito, donde algún día deseaba ir con ella porque, según le contó varias veces, era el lugar donde se sentía libre, querido y en paz.


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