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El Retired Ballet Dancers Support Group cumplió cinco años de fundado el 13 de febrero.
El Retired Ballet Dancers Support Group cumplió cinco años de fundado el 13 de febrero. (Andre Kang)

Sacaron sus zapatillas de ballet que tenían guardadas en algún rincón del clóset tan pronto se enteraron que bailarines de ballet de nivel avanzado, como ellos, que llevaban años sin bailar, iban a reunirse para formar un grupo.

Se trata del “Retired Ballet Dancers Support Group” (RBDSG), fundado en el 2011 por un grupo de exbailarinas de Ballet Concierto de Puerto Rico (BCPR) que sintieron deseos de reunirse con viejos amigos y volver a tomar clases de ballet, compartiendo así su pasión por la danza en un ambiente relajado y de camaradería.

“RBDSG vino a llenar un vacío de clases de ballet disponibles para adultos que han bailado a nivel avanzado. Existían clases de ballet para adultos, pero a nivel principiante; muy pocas a nivel avanzado”, indica Caty Morales Maurás, exbailarina de BCPR.

“Aunque el grupo se formó en Ballet Concierto de Puerto Rico, del mismo son parte bailarines que han bailado en distintas compañías”, aclara Morales. En el grupo, hay bailarines que fueron primeras figuras del ballet en Puerto Rico y fuera de la Isla, como Ana María Castañón y su esposo, Leslie M. Howard, primeros bailarines de Ballets de San Juan.

RBDSG cumplió cinco años de fundado el 13 de febrero. Todos los años celebran el aniversario con una fiesta a la cual invitan a todos los que hayan impartido o tomado alguna clase con el grupo.

“La mayoría de los que pertenecen a RBDSG, nos conocemos y somos amigos desde niños, pues tomamos clases juntos o bailamos juntos en las diferentes compañías. El grupo es una muestra de que se puede y se debe seguir tomando clases de ballet después de retirarse”, agrega Morales.

La idea de unir al grupo

Carmen Ana Rodríguez,  exbailarina principal de BCPR, cuenta que para la celebración de los 30 años del Cascanueces, decidieron juntar a  todas las exbailarinas de Ballet Concierto para que fueran parte del espectáculo.

“De ahí surgió la idea de seguirnos reuniendo el grupo de ex bailarinas y ex bailarines de nivel avanzado para tomar clases de ballet”, explica Rodríguez.

Por su parte, Morales comenta que las clases empezaron para volver a bailar ballet, ya que muchos del grupo estaban retirados del baile y para unir amistades y divertirse.

“Pero han surgido otros beneficios del grupo, no solo para nosotros sino para la compañía en general”, abunda Morales.

Sandra Almodóvar, miembro del cuerpo de baile de BCPR, dice que el dinero recolectado por el pago de las clases, se utiliza para obsequiar a finales de cada año, un bono extra a los bailarines de la compañía y del taller, y al director artístico, al director de ensayos de Ballet Concierto y a la coordinadora de los maestros.

“Ellos a cambio nos dan clases a nosotros. El director artístico, director de ensayo y los miembros de la compañía de BCPR se turnan para darnos clases y, algunas veces, tenemos otros maestros colaboradores y amigos que imparten la clases, algunos de otras compañías”, sostiene Almodóvar.

El grupo también está muy involucrado con la organización en general. “Damos mucho apoyo en todas las producciones y actividades de Ballet Concierto de Puerto Rico. Algunos hasta pertenecen a la  Junta de Directores”, añade Almodóvar.

El baile y sus beneficios

Leslie M. Howard y Ana María Castañón, aseguran que volver a bailar ballet después de haber estado retirados por muchos años del mismo, les ha traído muchos beneficios para su salud en general, tanto física como mental.

“Yo llevaba 20 años sin bailar ballet. Me gustó la idea de volver a bailar. Al llegar a las primeras clases, al principio, me dolía todo el cuerpo. Ahora, con el ejercicio del ballet que hago aquí tres veces a la semana, he bajado el colesterol, y en general, he mejorado mi salud física y mental”, enfatiza Howard.

Igualmente, Jenny Suárez, exbailarina de Ballet Concierto, también estuvo muchos años sin bailar. “Bailé ballet desde los 6 años hasta los 21 años. De ahí, estuve 28 años que no bailé ballet, hasta que surgió este grupo”, dice.

Cuenta que, cuando llegó al grupo tenía unos espasmos en la espalda fuertes y con el ballet, ya se le han ido.

“Aparte de los físico, que me siento mucho mejor y de paso he bajado unas libritas; bailar ballet es un ‘anti stress’, es una terapia”, indica. 

Beatriz Cruz, miembro de RBDSG, aclara que muchos de los que pertenecen al grupo estaban retirados del ballet, pero son profesionales activos en otras áreas. “Y no necesariamente, todos éramos profesionales de ballet, pero sí todos estábamos en nivel avanzado”, menciona.

“Venir a las clases ballet después de todo un día de trabajo, me relaja mucho y, a la vez, hago ejercicios. Practicarlo regularmente puede mejorar la salud”, argumenta.

Caty Morales compara el ballet con la meditación. “Cuando bailas te concentras completamente en lo que estás haciendo y te desconectas de todo. Estamos una hora y media tomando la clase, y en ese tiempo no piensas en nada más que no sea en el ballet. No puedes hacer ni pensar en otra cosa. Te olvidas de todos los problemas que puedas tener, pues estás completamente enfocado en el momento”, expresa.

Morales sostiene que bailar ballet también ayuda mucho a la memoria. “Más allá de que es un ejercicio físico fabuloso para ponerse en forma, nuestros cerebros también se están estimulando. Todo el tiempo estamos aprendiendo combinaciones de pasos que nos tenemos que aprender rápido. Hay que prestarle toda nuestra atención al profesor para poder aprender y repetir la coreografía, todo al ritmo de la música. Eso es agilidad mental”, dice.

Alguien que llevaba unos 17 años sin bailar, es Ita Hernández, quien pertenecía a  Ballet Concierto de Puerto Rico. “Lo mejor que ha hecho este grupo por nosotros es darnos mucha felicidad y muchas bendiciones. Tomamos las clases bien en serio, pero también nos divertimos. Hacemos maldades y nos reímos muchísimo”, reconoce Hernández.

 Zayra La Puerta afirma que el grupo se ha compenetrado tanto, que se sienten  como hermanos. “Somos un grupo en y fuera del salón de clases. Nos apoyamos todo el tiempo, en nuestros momentos buenos y en los más difíciles”, asegura.