

10 de agosto de 2026 - 11:09 PM


Durante décadas, los nombres de bailarinas puertorriqueñas como Gilda Navarra, Milagros Vicente, Dorita Ortiz y Gloria Belmonte permanecieron dispersos entre programas de mano, periódicos antiguos, archivos y la memoria de quienes las conocieron. Sus aportaciones, fundamentales para el desarrollo de la danza española en Puerto Rico, apenas ocupaban un lugar en la historiografía cultural de la isla. Ahora, una investigación doctoral busca devolverlas al lugar que les corresponde.
Ese es el propósito de “Entre dos aguas: Historia de la danza española en Puerto Rico (1900–1960)”, la investigación que la bailarina e investigadora Jeanne d’Arc Simone Casas Panouze defendió recientemente en la Universidad Carlos III de Madrid, donde obtuvo una calificación sobresaliente. El estudio reconstruye las trayectorias de ocho bailarinas puertorriqueñas que profesionalizaron la danza española durante la primera mitad del siglo XX y analiza cómo esa disciplina se institucionalizó en Puerto Rico en medio de procesos de colonialidad, migración y diplomacia cultural.
“Es una manera de estudiar la historia de Puerto Rico a través del cuerpo, a través de lo que pasó en los escenarios”, explicó Casas. “Analizar por qué hubo tanta danza española en Puerto Rico durante la primera mitad del siglo XX nos da pistas para entender nuestra historia desde otro lugar”.
La investigadora sostuvo que el desarrollo de la danza española revela aspectos poco estudiados sobre la construcción de la identidad puertorriqueña, las relaciones culturales con España y Estados Unidos y el papel que desempeñaron las instituciones culturales a mediados del siglo pasado. Contrario a lo que podría suponerse tras la invasión estadounidense de 1898, la danza española no desapareció del panorama artístico de la isla. Por el contrario, continuó cultivándose e incluso alcanzó reconocimiento institucional.
Casas explicó que, con la creación del Instituto de Cultura Puertorriqueña en la década de 1950 y el surgimiento de talleres como Ballets de San Juan, la danza española pasó a formar parte de un proyecto cultural más amplio. Las instituciones ofrecían becas para que bailarinas viajaran a España y Estados Unidos a perfeccionar su formación, mientras compañías locales recorrían el país presentándose en teatros y centros culturales.
“La danza, el arte y la cultura empiezan a resignificarse dependiendo del momento histórico. Conocer el desarrollo del baile español es conocer también esa parte de la cultura puertorriqueña desde el escenario”, afirmó.
La investigación también aborda las complejas relaciones entre arte y política. Examina la influencia de la hispanofilia, del exilio español y de organizaciones vinculadas al franquismo en la difusión de la danza española en Puerto Rico, sin perder de vista las contradicciones de ese proceso.
“Siempre la cultura española y los bailes españoles se utilizaron como una estrategia de propaganda. La Falange también se sirvió de esa estrategia y creó circuitos de coros y danzas que llegaron a Puerto Rico”, explicó. Sin embargo, subrayó que el fenómeno debe entenderse dentro de su contexto histórico y con todos sus matices.
El enfoque principal de la tesis y los hallazgos más importantes de su investigación, sin embargo, están en las historias de las propias bailarinas. El proceso comenzó con un cuestionamiento de la investigadora y bailarina sobre su propia formación.
“Yo misma me pregunté por qué sabía tanto baile español y tan poca bomba o plena. Eso no me hace menos puertorriqueña, pero sí me hizo pensar qué tipo de bailes represento con mi cuerpo”, recordó.
Esa reflexión la llevó a profundizar en la trayectoria de Milagros Vicente, una de sus maestras, quien llegó a presentarse en España tras ser recomendada por el poeta Juan Ramón Jiménez. Más adelante descubrió la historia de Gilda Navarra, cofundadora de Ballets de San Juan, quien entre 1947 y 1949 integró la compañía de Pilar López, considerada una de las figuras fundamentales de la danza española del siglo XX.
“Cuando descubrí que una bailarina puertorriqueña había formado parte de la compañía de Pilar López y compartido escenario con artistas de primera categoría, fue una explosión en mi cabeza”, confesó.
A partir de esos primeros hallazgos comenzó un minucioso trabajo de reconstrucción histórica que la llevó a identificar también a otras bailarinas. Para ello consultó archivos en Puerto Rico, España y la Biblioteca Pública de Nueva York, revisó miles de páginas de periódicos históricos, entrevistó a exalumnas y familiares, visitó pueblos donde vivieron las artistas e incluso acudió a cementerios para confirmar fechas y reconstruir cronologías.
“Fue un trabajo de campo en toda la extensión de la palabra. Pregunté de pueblo en pueblo, busqué en archivos, revisé programas de mano y seguí las huellas que dejaron estas mujeres”, relató.
Para Casas, rescatar esas trayectorias constituye también un acto de reconocimiento.
“Ellas lograron una carrera profesional y abrieron camino para las que vinimos después. Gracias a ellas yo estoy aquí. Ellas cortaron la maleza para que nosotras pudiéramos pasar”, expresó.
La investigadora ya trabaja en la adaptación de la tesis para convertirla en un libro. Además, impartirá un curso sobre historia de la danza en la Maestría en Gestión Cultural de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, donde espera despertar el interés de nuevas generaciones por documentar otras expresiones dancísticas del país.
“Hay muchas historias que todavía faltan por contar. La de la bomba, la plena, el ballet, el jazz, el tap, el reguetón o la danza experimental. La historia cultural también puede escribirse desde el movimiento”, concluyó.
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