¿Cómo nació esta popular pieza del pentagrama boricua hace 52 años? Antonio Cabán Vale "El Topo" te explica en el marco del concierto que presenta el 14 de octubre en la Sala Sinfónica Pablo Casals.

Un balcón pintado de verde en el edificio 990 de la calle Humacao, en Río Piedras, revela una canción. En el tercer piso de esa estructura, ubicada en el corazón de la Ciudad Universitaria, el cantautor puertorriqueño Antonio Cabán Vale “El Topo”, escribió hace más de cinco décadas la canción “Verde luz”, considerada el segundo himno de Puerto Rico.

Ocurrió en los convulsos años 60, específicamente en 1966. El cantautor recién acababa de culminar su bachillerato en Ciencias Sociales y una tarde le llegó la inspiración sentado en el comedor de su apartamento. Sin dudarlo, agarró la guitarra y afloraron los versos de esa danza patriótica que se alojó en el corazón de este pueblo.

Con motivo de este aniversario, El Topo celebrará el concierto “Una celebración de Verde Luz”, el cual se llevará a cabo el domingo, 14 de octubre, en la Sala Sinfónica del Centro de Bellas Artes, de Santurce.

Pero además de este evento musical, un grupo de estudiantes y residentes de la calle Humacao de la urbanización Santa Rita, en Río Piedras, le ha hecho un homenaje al cantautor creando el Jardín Verde Luz, ubicado en el redondel donde concluye la calle.

Hasta allí llegó recientemente El Topo, quien recordó los momentos vividos en aquel espacio. “En ese balcón del tercer piso escribí Verde Luz”, señaló con una sonrisa de satisfacción, mientras miraba con nostalgia el edificio. Las jóvenes Karla Batista y Jomarie Figueroa, así como el artista Héctor Bermúdez, del grupo ArtMada, y el líder comunitario Jesús Soto, escucharon con detenimiento al artista, toda vez que le mostraron un mural que han realizado en su honor.

El propósito del Jardín Verde Luz es crear un espacio de encuentro comunitario dado que con el urbanismo que tenemos hoy en día los ciudadanos tienden a estar enjaulados y con este espacio tenemos una oportunidad de reencuentro para re-humanizarnos. Como dice la canción ‘Verde Luz’ para volver a sentirnos, para volver a vernos”, explicó Soto, líder de Acción Comunitaria de Santa Rita.

Cabán Vale le agradeció por el gesto y el homenaje, el cual no esperaba y que le provocó gran alegría. “Estaba totalmente ajeno a este proyecto y me complace mucho y lo agradezco. Es bueno que estas cosas vengan de la gente, que sea espontáneo”, compartió, mientras observaba con detenimiento el trabajo en proceso.

Más tarde, El Topo conversó detenidamente sobre el éxito de esta canción, que grabó a principios de la década del 70 con el sello discográfico Disco Libre, sin imaginar la acogida que tendría.

El tema, relató, nació en medio de un clima de protestas por los derechos civiles y la desmilitarización de la Universidad de Puerto Rico. En ese entonces, estaba concluyendo su bachillerato en Ciencias Sociales en el Recinto de Río Piedras y ya formaba parte del grupo de poetas Guajana. Así las cosas, un día “casi a las 6:00 de la tarde”, llegó a su apartamento y en el pequeño comedor junto a la cocina, comenzóa componer el tema, inspirado en las danzas que escuchaba de niño en su hogar, específicamente las del Quinteto Figueroa.

“Mi pai era mecánico y tenía mucha habilidad en las manos. Hacía violines, guitarras y a él le gustaba mucho la música. Y tendría 12 años cuando él trajo a casa un disco que lo oía mucho y que asimilé mucho que era el de los hermanos Figueroa, quienes acababan de llegar de Europa. Yo era loco con ese disco y fue uno de los discos que me movió a envolverme con la música. Recuerdo que había una habanera cubana y había otras cosas, pero mayormente había danzas y yo tenía todo eso acá (dice, señalándose la cabeza). Todas esas cosas se fueron despertando con el acontecer de los años y por eso cuando empecé a hacer la letra de ‘Verde luz’ los primeros versos y lo que empecé a tocar fue una danza. Cuando terminé de escribirla, la dejé, después volví más tardecito a chequearla y le di dos o tres acordes y lo que había era danza. Ya estaba en la voluntad oculta esa que uno tiene”, confesó El Topo sobre la popular canción donde presenta un paisaje lleno de simbolismos.

¿Imagino usted que este tema iba a ser tan exitoso?

No, no… Porque realmente esa una canción donde yo expresaba unos sentimientos íntimos; no había ningún plan. Inclusive, esa fue una de las primeras canciones que yo hice. Después me fui a trabajar a Toa Baja, al barrio Pájaros, y la compañera mía enseñaba en Dorado. Con el dinero que juntamos en esos trabajos nos fuimos a Nueva York, pero la canción estaba hecha antes de yo arrancar para allá.

¿Cuándo la graba?

Se graba casi entrando al setenta porque ahí fue que empecé a grabar con Disco Libre que era parte del Partido Socialista. Ellos hicieron ese negocio para vender discos y sacar fondos, y yo grabé con ellos esa canción.

¿Cómo este tema sigue hablándole a la gente?

Bueno, pues si nos ponemos a ver el problema sigue sin resolverse. El problema histórico de la condición colonial de la isla. Pienso yo que es lo que lo hace tan seductor y de tanto interés en el pueblo.

Pero también tiene que ver los arreglos...

Eso es ya algo que tiene que ver con el poder que tiene la música de penetrar en la conciencia porque como la música se fundamenta en emociones y sentimientos. No es tanto el elemento de la inteligencia, del ejercicio de la conciencia crítica, es la melodía, la letra que es sencilla, todo eso pues resulta interesante a la gente.

¿Cómo explica que hasta los anexionistas canten esta canción como si fuera un himno?

Eso tampoco lo sé explicar porque para mí es contradictorio a simple vista, pero sus razones tendrán, algo hay.

¿Cómo se siente El Topo en este momento de su vida?

En este momento estoy bien tranquilo, pero yo no estaba tan tranquilo en tiempos pasados. Tenía una vida de bohemio y a la vez era una vida agitada porque trabajaba de día y de noche y cogía la calle. Pero así era mi carácter. Todos mis años de estudiantes estuve cantando serenatas por aquí por estas calles.

¿Ha pensado en el retiro?

Por ahora, no. Mientras tenga salud y la voz rinda, pues seguimos.

Ahora que estamos en Río Piedras ¿cómo ve a la Universidad de Puerto Rico actualmente?

Bueno, pues como todo cambia pues el ritmo estudiantil es diferente. Hasta la manera en que los muchachos y las muchachas visten, la música ha cambiado mucho. Siempre quedan cosas y que uno recuerda, pero aquellos años en los que estudiaba eran más turbulentos. Todas esas cosas uno las pasó y fueron momentos difíciles que llegaron a hacer trágicos.

¿Qué opina de los aumentos en la matrícula de la UPR?

Creo que es un error de los que están propiciando eso porque esa universidad se hizo para el pueblo, para que la gente se educara. Eso no es para que estén inventando una corporación para hacer dinero. Eso hay que pelearlo porque eso no es así y si hay que meterse otra vez, se mete uno otra vez.

¿Hubiese sido quien es sin la Universidad de Puerto Rico?

No. Aquí yo me formé y, esos tiempos, son los que van formando a uno. Los derroteros que uno va tomando están expuestos a las vicisitudes, a los momentos buenos, y te van dando un sendero que te van configurando el carácter y los intereses.


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