La opera Pagliacci con el tenor Roberto Alagna y la Soprano Aleksandra Kursak se presentó en el Centro de Bellas Artes. (horizontal-x3)
La opera Pagliacci con el tenor Roberto Alagna y la Soprano Aleksandra Kursak se presentó en el Centro de Bellas Artes. (David Villafañe)

Por Liliana González Moreno / Especial para El Nuevo Día

En función única, y con una puesta en escena en versión semi-escénica, la Sala Sinfónica Pablo Casals del Centro de Bellas Artes acogió una presentación de Pagliacci del compositor italiano Ruggero Leoncavallo que resultó en un éxito rotundo.

La Orquesta Sinfónica de Puerto Rico ocupó un lugar visible en el escenario. Bajo la precisa y convincente dirección de su titular Maximiano Valdés hizo gala de profesionalismo en el acompañamiento operístico. Quedó un limitado, pero aprovechado espacio delantero en el proscenio, para la acción dramática que se desplazó desde diversos ángulos de la sala.

En los balcones superiores, distribuido a ambos lados, la Coral Lírica de Puerto Rico (el coro de los aldeanos) dirigido por Jo- Anne Herrero, desplegó un magistral trabajo escénico y vocal, de resultado antifonal (que se produce cuando las voces provienen de diferentes direcciones). Durante el prólogo y los dos actos que dan estructura a la ópera, se proyectó  en pantalla, al fondo, contenido visual que aludía artísticamente a locaciones y conceptos dramáticos del libreto.  En otro ángulo, corrían los subtítulos en  español. No hay reclamo que pueda hacerse a los  directores de escena Gilberto Valenzuela, y de escenografía Jaime Suárez, que defendieron un concepto espacial de Pagliacci,  como tampoco al trabajo de luces, vestuario y maquillaje del equipo de producción. Para ellos y todo el elenco: sostenidos aplausos.

“Ríe payaso” y “el teatro y la vida no son la misma cosa”, son quizá las dos frases que, en su exposición y desarrollo dentro de la trama, nos invitan a explorar el contenido filosófico de la ópera. Su pertenencia al verismo musical italiano de  finales del siglo XIX, está manifestado poéticamente en el prólogo y desarrollado como sustento ideológico: el artista es un ser humano. 

Los roles protagónicos  fueron interpretados por el reconocido tenor de origen francés Roberto Alagna (Canio), la soprano polaca Aleksandra Kurzak (Nedda), el barítono italiano Roberto Frontali (Tonio), el barítono ruso Alexey Lavrov (Silvio) y el tenor puertorriqueño Fabián Robles (Beppe).  Primó la calidad técnica vocal, solidez del desempeño actoral, la lograda caracterización dramática de los personajes y el evidente trabajo de equipo.

Prolongadas y merecidas ovaciones fueron ofrecidas por un público conocedor, que desafió toda convención de comportamiento para irrumpir con aplausos al finalizar cada aria.  Un público que no bajó su mirada sobre los actores, quizá para explorar argumentos y actuaciones,evaluar técnica y dramatismo, ver enfrentar el reto logrado de la desafiante aria Vesti la giubba que cerró el primer acto en la magistral interpretación de Alagna, o simplemente dejarse llevar por la emotiva lírica instrumental. A ese público, y a la ovación a los solistas se dirigió esta producción de CulturArte Puerto Rico. Fundación que, con Guillermo L. Martínez como presidente, promueve el arte operístico en la Isla.

En 1907, I Pagliacci se convertía en la primera ópera en ser grabada, de manera integral, por la industria fonográfica. Por elección y supervisión del propio Ruggero Leoncavallo, fue el tenor puertorriqueño de fama internacional Antonio Paoli quien protagonizó el personaje principal.   Con esta mención histórica, sumamos otro pretexto para celebrar la acertada idea de CulturArte, de producir esta ópera en Puerto Rico, protagonizada por un elenco de lujo.

Esta exitosa puesta en escena se efectuó el pasado 24 de enero.


💬Ver 0 comentarios