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Fabery falleció hoy, a los 84 años. (GFR MEDIA)

Su sensualidad, voz ronca y ademanes que acompañan sus interpretaciones del soul hicieron de Lucy Fabery una de las mujeres más deseadas por el público masculino en y fuera de Puerto Rico.

Su exuberante belleza le ganó el mote de “La Muñeca de chocolate” y llevó a la última de las divas de una época de oro a ser aclamada en países como Cuba, México, Argentina, España, Portugal, Colombia, Urugüay, Panamá, Perú, República Dominicana y Venezuela.

Luz Ercila Fabery, la quinta de ocho hijas del matrimonio compuesto por Rafael Fabery, director de orquesta, y su esposa, la principal de la escuela Petra Zenón, recordó que desde chiquita, cuando acompañaba a sus hermanas a pasear por la plaza pública de su pueblo, Humacao, ya soñaba con los escenarios.

“Íbamos a la plaza después de la iglesia y mientras mis hermanas hablaban de los muchachos que les gustaban, mi mente volaba. Soñaba que visitaba muchos países, esos sobre los que leía en la biblioteca de mi casa. Como me gustaba cantar, aunque la familia no lo sabía, pensaba que todo el mundo me aplaudía, y así fue. Ellas se casaron, tuvieron hijos, y yo me dediqué al éxito que logré a través de mi carrera”, reveló la artista.

Pero antes de llegar a realizar sus sueños, Lucy, quien venía de un hogar muy estricto, estudió en la Escuela Libre de Música y en la Universidad de Puerto Rico, donde se formó como maestra y técnica de rayos x, carreras que nunca ejerció.

“Llegué a hacer la práctica como técnica de rayos x y con la primera paciente que le saqué una placa casi me desmayo. El doctor me dijo que me había equivocado de profesión. También hice la práctica de maestra y los niños se quedaban tranquilos conmigo porque yo como que los hipnotizaba al hablar. Un día la directora me pidió que les cantara por las mañanas Un pajarito vino ya, y eso fue como si hubiese cantado en el Carnegie Hall porque los estudiantes me aplaudían mucho”.

Así fue como el pajarito voló de las aulas. La misma noche que interpretó un himno compuesto para ella por Bartolomé Bover, director del coro de la Universidad de Puerto Rico (UPR), en un reinado de la facultad de pedagogía, fue contratada por Félix Benítez Rexach y su esposa, dueños del hotel Normandie, quienes habían asistido al evento.

“Estaba loca de contenta porque iba a debutar como solista en el teatro de la UPR. Tenía el pelo bien largo y me hacía dos trenzas. Mamá me decía: ‘el día que tú te valgas por ti te afeitas las piernas, te sacas las cejas y haces lo que tú quieras hasta cierto punto’. Así que cuando el matrimonio Benítez Rexach se acercó a mí temblaba de la alegría. Mi mamá que estaba conmigo, les dijo: ‘tienen que hablar conmigo primero’ y luego de conversar me dio permiso para cantar viernes y sábado en el Voodo Room, y después me dejó también los domingos”.

Como su papá había muerto para entonces, era doña Petra la que se encargaba de hablar con los empresarios. Hasta los pretendientes tenían que hablar con ella primero. “Cuando venían los enamorados de afuera a verme, mi mamá le ponía detectives para saber quiénes eran realmente”.

Internacionalización

La cantante estuvo cuatro años trabajando en el Cabaret Morroco en Miramar. Fue cantante de la Orquesta de Miguelito Valdés, con la que se presentó en el Teatro Puerto Rico de Nueva York hasta que llegó a Cuba como primera figura del Club Tropicana, donde laboró por largas temporadas antes de que llegara La Revolución.

“Era una producción italoamericana. Contrataron a un coreógrafo y escritor italiano para que me escribiera solo a mí. Le dijeron: ‘Mírala todas las noches porque no hace lo mismo’. Esas fueron las instrucciones, refiriéndose a mis ademanes porque yo movía mi cuerpo y manos según sentía la música”.

Y con ese contorneo Lucy llegó a México para presentarse en el emblemático Teatro Blanquita. En ese país, donde hizo grandes amigos como Mario Moreno “Cantinflas”, se quedó a vivir por 15 años y tuvo su primera oportunidad en el cine.

“Ahí conocí a grandes figuras como Agustín Lara que me invitó a su programa (Agustín Lara, sus canciones y sus intérpretes). Me fue a ver al cabaret acompañado de su esposa, en aquel entonces María Félix. Subió al escenario y me dijo que me quería acompañar en su canción Por qué negar y se formó un revuelo entre el público. María se levantó cuando terminamos y me dio un abrazo. Imagínate, una mujer a la que admiraba tanto, era increíblemente bella, guardo esa foto como un tesoro”.

Lucy le preguntó una vez a “La Doña” cómo hizo cuando le pidieron que cantara durante un espectáculo al que asistió. “Me dijo: ‘aquí la gente esperaba cuando me casé con Agustín que cantara’. Así que lo que hizo ella fue subir al escenario se sentó en una silla hermosa y se puso a leer lo que decían de ella en un periódico. Por los personajes que hizo en las películas pensaban que era terrible, pero no fue esa la persona que conocí”.

Otra de las grandes de México, Silvia Pinal, se convirtió en su amiga hasta hoy. Trabajaron juntas en la película Reflejo de un deseo con Arturo de Córdova.

“En una escena que filmamos, Silvia y Arturo entraban a bailar en el club mientras yo cantaba El hombre que me gusta a mí. Cuando Arturo de Córdova me vio no podía decir sus líneas y hubo que cortar varias veces. Ella preguntó qué era lo que estaba pasando, si era por Lucy. Entonces me llamó aparte y me preguntó si estaba usando ropa interior porque tenía un traje blanco pegado y el lente delataba todo”, contó riendo.

En México, La Fabery también compartió con Jorge Negrete, Pedro Vargas y conoció al actor estadounidense Tyrone Power. “Nos conocimos en el hotel donde me quedaba y él filmaba la película The Sun Also Rises. Se quedó como dos años en México, era encantador, bello, inteligente y salíamos. Me fue a ver al club donde cantaba y ese fue otro alboroto del público”.

A su llegada a España llegó de la mano del manejador de Raphael Martos. El general Francisco Franco aún estaba en el poder y cual fue la sorpresa para la artista cuando se encontró que la Iglesia Católica era la que otorgaba los permisos a los artistas.

“Cinco curas llegaron al club el día de mi debut a ver mis fotografías y lo que iba a cantar. En esos años una vedette no era aceptada solo porque el régimen no aprobaba trajes pegados, escotes, ni movimientos sensuales. No podía ser excitante. Pensaba que no me iban a dejar actuar y ya había ido a los mejores programas de televisión de allá y me encantaba Madrid. Les canté un Cha cha chá, y no me dejaron sacar la tumbadora porque era excitante, pero me dieron el permiso. El público se volvió loco conmigo porque luego hice lo que quise, pero cuando terminé el contrato me fui y no volví porque soy excitante”.

Se casó una vez

Para una mujer que provocaba tantas pasiones parece increíble que solo se casara una vez. “Me casé a lo adivino, calladita. Él era dominicano criado en Estados Unidos y estaba en el ejército, duramos dos años. Es que cuando los hombres me veían en la televisión o en los clubes nocturnos venían las tragedias como ‘no vas a cantar más’ y terminaba la relación porque a mí no se me puede presionar. No me volví a casar, pero he tenido hombres para escoger... He sido feliz, dueña de mi vida y he hecho todo lo que he deseado”.

Confesó que deseó mucho tener un hijo, “pero eso no es para todo el mundo. Estaba entregada a mi carrera”.

Lucy siempre ha vivido a puertas cerradas y sus amistades son contadas. “Me tocó separar el arte de mi vida normal. En ocasiones he salido disfrazada en leggins, lentes y gorra a coger la guagua. Si no hablo y no he salido recientemente en la televisión no me reconocen. Es que en la vida real soy otra, una mujer tranquila, no me gusta que hablen alto y muy cuidadosa para que la carrera dure toda la vida. Me acuesto temprano, y cuando voy a hacer un show hago muchos sacrificios. Quince días antes de una presentación, solo consumo agua, frutas y jugos aunque el doctor me dice que eso no es bueno. Tampoco salgo”.

La diva aseguró que no se ha hecho cirugías, que la genética la ha ayudado y que es muy espiritual.

A Lucy le gustaría que siempre “se guarde un recuerdo bonito de que lo que hice fue impecable”.

Sin embargo, asegura que aún le quedan cosas por hacer.

“Me gustaría aprender a dirigir televisión, también trabajar con los artistas nuevos que salen porque veo que cuando entran al escenario no conocen los movimientos, y no saben cómo llevar sus vidas, que aprendan a dividir el arte de lo privado”. 


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