4 de mayo de 2025 - 11:10 PM

La música llegó a la vida de Paola Marie Rivera Rodríguez como una bonita casualidad. Tenía solo 10 años cuando se unió a un pequeño coro de flautas en la escuela. El maestro que dirigía el coro, quien era saxofonista, fue quien le hizo la pregunta que cambiaría el rumbo de su vida.
“Por alguna razón, que todavía para mí es un misterio, él me preguntó si yo quería tocar el saxofón para la velada navideña. Y entonces, ahí, ese mismo año, en verano, empecé a coger clases de saxofón y en diciembre toqué en la velada navideña”, recordó.
Hoy, 15 años después de ese momento, Paola no sabe, necesariamente, cómo se vería su vida sin su instrumento. Reconoce, sin embargo, que, al principio, no sabía que este era el rumbo que tomarían las cosas. A ella lo que le gustaba, de hecho, era bailar. La idea de hacer música fue algo como secundario. Sabía que para el baile se necesitaba música y fue eso lo que la hizo pensar que tocar un instrumento no sería una mala idea. Pero mientras iba creciendo, no sabía si esto era realmente lo que quería hacer, no porque no le gustara, sino porque no veía lo que muchos otros veían en ella.
“Yo soy muy disciplinada y mis maestros, mentores y mi papá identificaban que yo tenía mucho talento. Rápido me recomendaron para la Escuela Libre de Música. Y siempre que iba a un lugar la gente decía que yo tenía talento, un don para el saxofón, pero yo no lo veía ni lo sentía. A veces uno tiene facilidad para algo, pero no lo ve como una pasión. Pero fue tanto lo que dio la gota en la piedra, hasta decidí ir al evento que catapultó mi carrera, que fue Berklee en Puerto Rico”, cuenta.
La primera vez que fue a ese campamento no pensó que tendría alguna oportunidad. Había incontables otros jóvenes músicos con talento de sobra, por lo que nunca pensó que podría merecer algún reconocimiento. Cuando fue a su audición lo hizo, más bien, por pasar por la experiencia. Grande fue su sorpresa cuando supo que había ganado una beca.
Y ahí, en ese momento, se dio cuenta de que había algo más en ella, que no era solo lo que veían sus maestros y su papá. La música, y el saxofón como su instrumento, la habían llamado y ahora sabía que tenía que responder.
Hizo un bachillerato en jazz y música caribeña en el Conservatorio de Música de Puerto Rico y desde entonces se ha ido enamorando de ese género tan místico y variado. Con el tiempo, formó su propia banda, llamada Aquarela, y desde entonces ha seguido en busca de oportunidades de crecimiento . Recientemente, recibió lo que probablemente sea una de las más grandes de su carrera. Paola fue seleccionada como una de 14 mujeres líderes de grupos de jazz a nivel internacional para recibir el 2025 Performance Plus Grant, una subvención otorgada por la prestigiosa organización Chamber Music America (CMA) con el respaldo de Doris Duke Foundation, dos de las organizaciones musicales más prestigiosas en todo Estados Unidos.
La subvención forma parte de una iniciativa que distribuye un total de $238,600 entre las 14 líderes de conjuntos de jazz. Con esta distinción, Paola se ha convertido en una de las pocas puertorriqueñas en recibir este honor.
“Básicamente, escogen a mujeres que sean líderes de un grupo de jazz y las ayudan a desarrollarse de la mano de un mentor. Conectan a esa líder de grupo con un mentor ya experimentado en el jazz y comienzan a trabajar juntos. Y no solamente yo voy a trabajar con él, sino que mi grupo completo. El grupo va a ser parte de todo este proceso”, explica.
Como parte del proceso, Paola pudo seleccionar a su mentor: el maestro saxofonista Miguel Zenón. Además de la gran oportunidad educativa, la joven y grupo tendrán la oportunidad de grabar un sencillo bajo la tutela de Zenón.
Según Paola, con esta oportunidad, busca crear una obra que fusione el jazz con géneros autóctonos de Puerto Rico como lo es la plena, acompañado por un mensaje que invite al oyente a aspirar el bienestar integral en sus vidas. Para ella, este logro también continúa abriendo caminos para las nuevas generaciones de mujeres puertorriqueñas y caribeñas en la música.
Sobre su futuro profesional, Paola tiene el camino que desea explorar bastante claro. Su visión y su corazón son el de una revolucionaria. Tiene hambre de mundo, de cambio y de experiencia. Sabe que la música tiene un poder transformador único, que espera poder usar para impactar vidas de forma positiva.
“Desde bien pequeña, siempre he imaginado espectáculos completos, no me interesaba simplemente tocar y ya. Me imagino teniendo espectáculos completos de un alto nivel, que no solamente sean de música, sino que incorporen otras ramificaciones del arte con el fin de sembrar en la sociedad valores importantes y fundamentales, o recordarlo o enseñarles, para que continúen ese legado de buenos valores de excelencia, de música de jazz”, dice.
“La música es más que cuerpo. Tú solo escuchas, pero sientes así que esa espiritualidad es importante en la música también. Yo pienso que de forma integral, la música le ha dado una estructura, un propósito, también, un sentido y mucha gasolina a mi vida. Para mí es importante que la gente invitar a las personas a que puedan experimentar la plenitud. Que esa conciencia se despierte, que conozcan que todos tenemos un propósito, que todos tenemos la capacidad para cumplirlo, que ese propósito contribuye a ti, a tu vecino, a tu compañero, así que literalmente es despertar la conciencia de que lo que somos tiene un impacto y nosotros decidimos si positivo o negativo. Yo quiero invitar a que, idealmente, sea uno positivo a través de todo lo que hacemos y hacia todas las personas que nos rodean”, expresa, con luz en los ojos y, quizás, en el corazón.
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