

19 de noviembre de 2024 - 11:10 PM


Las mejores historias de éxito comienzan, casi siempre, desde abajo. Son como un alpinista enfrentándose a una gran montaña. Se empieza, casi siempre, con casi nada, pero el terreno se va ganando, poco a poco, cada día. Y cada día, la ruta hacia la cima se hace un poco más fácil. No se trata, sin embargo, solo de llegar al tope. Cada día trae sus retos y enseñanzas. El proceso es largo y tedioso, muchas veces divertido y otras, muy frustrante. Hay que mantener alerta todos los sentidos, porque lo que se encuentra en el camino puede ser tan importante como la meta misma. La historia de Miguel Zenón empieza en la base de una gran montaña.
“Yo me crie en Puerto Rico y estudié en la Escuela Libre de Música. Cuando empecé allí, nunca pensé que sería músico profesional. No me pasó por la mente porque en mi familia no hay músicos profesionales, yo no sabía cómo funcionaba eso, no tenía idea. Estaba encaminado a hacer otra carrera e irme a Mayagüez a estudiar. Pero, en algún momento, cuando descubrí el jazz, eso como que me hizo ver la música desde otra perspectiva, me hizo apasionarme por esto de una manera que no había pasado hasta ese momento y que cambió el curso de mi vida”, explica.
Algo lo llamaba, sentía que esto era lo que quería hacer. Tomó algún tiempo para su familia y para el propio Miguel sentirse cómodos con que esta había sido una decisión correcta. Cuando se escala una montaña, todos los caminos son cuesta arriba.
“Ahora mirándolo en retrospectiva, no me imagino haciendo otra cosa”, reflexiona.
“Yo no podría decir que lo tenía planeado o ni siquiera que eran metas para mí. Pero sí son cosas que uno piensa que sería chévere que pasaran, que se abrieran esas puertas. Generalmente, cuando pienso en metas, pienso en cosas más artísticas que profesionales. Tienen que ver más con mi desarrollo como músico, como compositor, como productor, busco más esas cosas. Nunca me he sentido con la idea de que se hace el arte buscando reconocimiento o tratando de moldear el arte para que el reconocimiento llegue”, dice.
Y, sin embargo, a lo largo de su carrera, el éxito parece perseguirlo. Este año, especialmente, Zenón ha alcanzado con las que muchos artistas sueñan toda la vida. Ganó un premio Grammy por su álbum “El arte del bolero”, junto al pianista venezolano Luis Perdomo. Recibió el “Doris Duke Artist Award”, que se ha convertido en uno de los premios más prestigiosos para artistas en el género del jazz, la danza contemporánea y el teatro, y consiste de una asignación de $525,000 que los artistas pueden utilizar para su crecimiento personal y profesional sin ningún tipo de restricciones. Lanzó una nueva producción titulada “Golden City”, que se inspira en la historia de la ciudad de San Francisco, grabado junto a algunos de los mejores artistas de jazz del momento. Ha visitado Croacia, Suiza, Italia, Alemania y Portugal en una gira europea y tuvo después una gira latinoamericana por Argentina, Bolivia, Chile y México.
Y como la “cherry” sobre el mantecado, grabó en vivo en el Village Vanguard, siendo el primer puertorriqueño invitado a lo que se considera el más importante “santuario” de jazz en el mundo, en donde artistas del calibre de Sonny Rollins, John Coltrane, Bill Evans, entre otros, grabaron obras. El disco, grabado con su cuarteto de Luis Perdomo en el piano, Hans Glawischnig en bajo y Henry Cole en la batería, sale en el 2025.
Aun así, cuando Zenón habla, en su voz no se percibe ningún tipo de soberbia, orgullo o prepotencia. Muy por el contrario, su voz es suave y las palabras a veces parecen costarle un poco. La humildad genuina no se puede fabricar.
“Se siente bien. Los reconocimientos son buenos. En la carrera del artista es bien difícil predecir lo que va a pasar. Incluso si tienes una profesión estable. El trabajo del artista, realmente, es tratar de, individualmente, mejorar y aprovechar las oportunidades. Se siente bien cuando hay reconocimiento, porque se siente como una recompensa al trabajo. Porque es mucho y arduo. También atraen atención y eso abre las puertas para llegar a nuevos oyentes y trae oportunidades para hacer más música y compartirla con los demás, que, al final del día, es lo que uno siempre está tratando de hacer. Yo me enfoco en el trabajo, me enfoco en mejorar”, expresa.
A pesar del éxito, de los reconocimientos, de su aportación masiva al género, Zenón todavía siente que queda trabajo por hacer, que se puede mejorar. Esa disciplina incandescente y testaruda es la marca de un verdadero artista, porque el verdadero artista saber que su trabajo es algo que dura toda la vida.
El verdadero artista persigue la evolución y el aprendizaje en lugar de la perfección, porque sabe que es inalcanzable. Es una paradoja, sin embargo, porque la verdadera motivación surge sabiendo eso muy bien y aun así intentándolo cada día.
“La vida del músico es parecida a la vida del atleta en muchos sentidos, porque mucho es disciplina y repetición. Cualquier músico que tenga algún día éxito también va a tener ciertos niveles de talento natural, pero yo pienso que la disciplina y el trabajo van por encima del talento, porque mucho es eso, dedicación”, dice.
Quizás por eso su proceso musical depende muy poco de inspiraciones divinas y mucho más de sentarse a trabajar. Su acercamiento a la composición, explica, es más como un proyecto de investigación. Lee mucho, hace entrevistas, escucha mucha música y va, poco a poco, armando un tipo de rompecabezas.
“Mi proceso de crear música, no es uno totalmente intuitivo. Yo conozco compositores que cuando van a escribir música, se sientan con su instrumento y esperan la musa, como quien dice. El mío no es así. Es un proceso un poco más largo con varios pasos. Esos pasos tienen que ver con ir recopilando una idea aquí, otra idea allá, ideas cortas que yo más o menos voy guardando y cuando siento que tengo suficientes ideas, entonces me siento a escribir. Para mí es importante que cuando empiece el proceso creativo ya yo tenga una noción bastante completa de lo que va a ser la pieza. Se me hace difícil empezar de cero a escribir”, relata.
Del mismo modo, como jazzista, la improvisación es otro aspecto importante de su formación. Para el músico de jazz, el instrumento debe transformarse en una extensión del ser de la que se conoce algo nuevo todo el tiempo. Zenón lleva tocando desde los 11 años y dice que siempre hay algo nuevo que aprender y expresa, con un poco de esperanza en la voz, que espera que siempre sea así.
“La improvisación musical existe en todos los géneros, incluyendo muchos de los géneros puertorriqueños. Lo que pasa es que cada estilo tiene un lenguaje. Cuando tocas plena o bomba o salsa, improvisas en ese lenguaje. Tienes que estudiar la trayectoria del lenguaje, a las grandes maestras y maestros, cómo y evolucionó hasta el ahora. Mucho del trabajo de nosotros es eso. Cuando improviso en el jazz, estoy pensando en muchas cosas, la tonalidad, el tiempo, la métrica. Muchas cosas tienen que ver con escuchar qué están haciendo los demás y cómo tú puedes complementar eso que está pasando. Es muy similar a como yo aprendí, por ejemplo, a hablar inglés. Aprendí un par de palabras al principio y lo que podía decir era solo eso. Pero mientras más aprendía, más fácil se me hacía comunicarme. Llega un punto que no tienes que pensarlo, simplemente hablas ese idioma”, sostiene sobre ese arte tan peculiar y complejo que se destaca en el jazz.
Interesantemente, como suele pasar cuando se aprende un nuevo idioma, siempre queda algo del acento propio. En lugar de esconderlo, Zenón lo ha abrazado a lo largo de su carrera, creando un dialecto muy propio que destaca lo que considera uno de los puntos más importantes de su trabajo como artista: “Para mí es importante estar claro de que esa es mi identidad”.
El género al que ha dedicado más de 30 años sigue evolucionando. Esa es una de las maravillas constantes del jazz. Siendo la “música de los músicos”, el género provee oportunidades para la experimentación y para el crecimiento que no son casi imposibles de perseguir en otros espacios. Quizás por eso el acercamiento investigativo ha sido la fórmula idónea para Zenón. El jazz se nutre de ese ejercicio y su evolución es imposible sin él. Así lo ve el maestro.
“Una evolución importante que ha ocurrido en los últimos 10 o 20 años es la definición de la combinación entre el jazz y la música latinoamericana. Se ha expandido, porque tienes músicos de todas partes del mundo hispano y latino explorando el jazz desde un punto de vista que lo combina con elementos de sus propias identidades. Eso ha hecho que cambie mucho cómo se ve la música latinoamericana dentro del mundo del jazz. Sigue habiendo personas que lo ven de una forma cerrada, pero esto se ha expandido mucho y también la percepción del lugar que tiene un músico latinoamericano dentro del mundo del jazz. El jazz evoluciona muy rápido. En el ADN del jazz actual, todos estos elementos existen y coexisten de una manera natural. El jazz realmente representa muchos estilos de música y muchas visiones de todas partes del mundo”.
De frente a una gran montaña, Miguel Zenón ha puesto el cuerpo entero en escalarla. Los retos han sido muchos, y en más de una ocasión el camino se ha visto tétrico. Pero la pasión y el amor por lo que hace han podido más que piedras empinadas y tormentas. En el trayecto, ha aprendido incontables lecciones y el camino a la cima se hace cada vez más llevadero.
Pero el verdadero secreto del éxito de Zenón recae en algo más humano: un corazón entregado al amor por el lugar del que viene. Porque por más alto que esté en su gran montaña, nunca olvida que tuvo que empezar desde abajo.
“Una de mis mayores inspiraciones es pensar en mi país, en lo que significa para mí. Yo llevo un tiempo viviendo en Estados Unidos, pero todavía me siento que soy puertorriqueño, que estoy conectado a la isla, es mi identidad. Siempre pienso en maneras en las que puedo conectar y representarlo en lo que hago de la mejor forma posible. Uno siempre se enfoca en el trabajo y en mejorar, pero tratando de que siempre conecte con la gente de uno también”.
Y de eso es lo que realmente se trata.
Rafael Vega Curry colaboró en esta historia.
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