

24 de febrero de 2026 - 11:10 PM

La longevidad, según Harvard Health Publishing, depende en gran medida de decisiones cotidianas que influyen en la salud física y emocional.
Aunque la genética explica un 25% de la duración de la vida, un análisis de la institución destaca que un hábito simple y diario como la socialización regular muestra una relación directa con una mayor expectativa de vida, de acuerdo con un estudio realizado entre 28,000 personas.
La investigación enfatiza que vivir más y con mejor calidad es el resultado de prácticas sostenidas a lo largo del tiempo. Entre ellas, Harvard identifica la interacción social frecuente como uno de los comportamientos con mayor impacto en la supervivencia y en la protección frente al deterioro emocional y cognitivo.
El aislamiento prolongado se asocia con más estrés, síntomas depresivos y peor salud general
El artículo de Lisa Catanese explica que cuanto más frecuentes son las reuniones y actividades con otras personas, mayor es la probabilidad de lograr un envejecimiento saludable.
La institución advierte que el aislamiento prolongado se relaciona con mayor estrés, síntomas depresivos y un deterioro acelerado del bienestar general.
El documento también destaca que una dieta basada en plantas favorece el funcionamiento celular y reduce el riesgo de enfermedades crónicas.
Cita un estudio de JAMA Network Open que encontró una reducción del 23% en la mortalidad entre mujeres que seguían un patrón alimentario mediterráneo. Harvard sostiene que vivir más depende sobre todo de decisiones diarias, no solo de la genética
Harvard recuerda, además, que los adultos necesitan entre siete y nueve horas de sueño por noche para proteger la salud cardiovascular, metabólica y cerebral.
En cuanto a la hidratación, una investigación con más de 11,000 personas mostró que quienes mantienen niveles adecuados de líquidos desarrollan menos patologías crónicas y viven más.
La institución reconoce la importancia del movimiento y retoma las pautas de las Physical Activity Guidelines for Americans de 2018, que sugieren 150 minutos semanales de actividad moderada o 75 minutos de ejercicio vigoroso, más entrenamiento de fuerza dos veces por semana.
Caminar, pedalear, nadar, realizar tareas domésticas o jardinería también contribuyen a mejorar la función muscular, cardiovascular y pulmonar, aunque Harvard aclara que el ejercicio no es el único determinante de la longevidad.
Además de la alimentación, la hidratación, el descanso, la socialización y la actividad física, el artículo identifica otros tres hábitos con impacto comprobado en la salud a largo plazo:
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