

20 de mayo de 2026 - 11:10 PM


Aquellos que relacionan que sufrir un ataque cerebrovascular, “ictus” o “stroke” es un asunto de adultos mayores, está muy lejos de la realidad. Y es que, por el contrario, se ha visto un aumento en los pasados años en pacientes jóvenes que están teniendo un ataque cerebrovascular, lo que actualmente es objeto de un estudio de investigación para analizar qué es lo que está pasando.
Así lo advirtió la doctora Carmen Morales, directora del Centro Comprensivo Avanzado de Stroke y Neurociencias del Sistema de Salud Menonita, quien, en entrevista con El Nuevo Día, en el marco del Mes de la Concienciación sobre el Accidente Cerebrovascular, señaló que en el 2025 el 40% de su población atendida por un infarto cerebrovascular fueron menores de 55 años.
“Definitivamente, es un número alarmante. Nos preocupa la alta incidencia de quienes están teniendo la condición, pero nos preocupa más allá el que lleguen a un lugar correcto, porque esto se convierte en un problema de salud pública. El paciente que llega a tiempo puede tener el tratamiento adecuado, que es la administración de un trombolítico en el tiempo de ventana o una trombectomía mecánica realizada por un neurocirujano. Pero, el paciente que no llega a tiempo, entonces no se beneficia de esto y luego tiene una discapacidad”, informó la especialista.
Por eso, destaca, que el “stroke” sigue siendo la primera causa de discapacidad en Puerto Rico y Estados Unidos. Al tratarse de personas más jóvenes, señala que se convierte en un problema de salud pública, porque se trata de personas en una edad productiva, que tenga una familia que dependa de ella.
Un accidente cerebrovascular ocurre cuando la circulación de la sangre que llega al cerebro se interrumpe. Esta falta de flujo sanguíneo impide que las neuronas de la zona afectada reciban el oxígeno y los nutrientes que necesitan, lo que provoca que mueran en cuestión de minutos.
De acuerdo con la especialista, una discapacidad causada por un ataque cerebrovascular no atendido como corresponde, implica que la persona tal vez no pueda trabajar por los próximos años o de por vida, dependiendo de su recuperación, y rehabilitación. Esto crea un impacto no solo para la persona que lo sufre, sino también al resto de su núcleo familiar, que se ve afectado en todo ese proceso, lo que se convierte en un problema de salud pública.
“Es un problema grande cuando vemos, analizamos y leemos los ‘papers’ (guías, declaraciones científicas y estudios) de la American Heart Association y la American Stroke Association, que dice que para el 2030 va a haber un aumento significativo en las edades entre 45 a 65 años, específicamente de pacientes con ‘stroke’, pero específicamente los hispanos tienen un 54% más de prevalencia de tener esta condición. Ahí es donde uno dice, ‘wow’, estamos hablando de números sumamente alarmantes, pero lo importante es que el ‘stroke’ es prevenible”, señaló la doctora Morales, quien además dirige el programa de Neurociencias Hospital Menonita Caguas.
Entre los factores de riesgo modificables está el hacer ejercicio, el tener una dieta saludable, el no fumar y todos aquellos que se pueden cambiar o modificar hacia un estilo de vida saludable, para cambiar directamente el evitar que te dé un stroke.
No obstante, también están los factores que no puedes modificar, pero que sí se pueden trabajar para evitar un ataque cerebro vascular, como el hecho de que a tu madre o padre le dio un stroke, pues tienes mayor prevalencia de tener uno.
“Si tengo la presión alta, sí puedo trabajar para mantener una vida saludable y tener en control mi presión. Por eso es que decimos que el stroke es prevenible, porque podemos en realidad trabajar ciertos aspectos para evitar sufrir uno. Se trata de prevenirlo lo antes posible, no esperar a los 45 o a los 50 años para hacer cambios en el estilo de vida”, apuntó.
Existen dos tipos principales de ataque cerebrovascular el isquémico y el hemorrágico. Aunque comúnmente al ataque cerebrovascular o stroke muchas personas se refieren como un “derrame cerebral”, la especialista aclara que “el derrame va más a lo que es un infarto, un stroke o un ataque cerebrovascular, pero de tipo hemorrágico”.
“El hemorrágico le ocurre al 15% de esos pacientes, es más letal, y usualmente va asociado a una ruptura de un aneurisma o que hubo un aumento de presión, y esa presión hizo que se rompiera un vaso sanguíneo, y por eso hubo sangre. Por tal razón, la gente lo asocia más con un derrame, con que se desbordó o se derramó esa sangre a nivel cerebral”, clarificó.
Sin embargo, en los casos que ocurren en el día a día, los de mayor volumen, que son de 80-85% de los casos, es el paciente que presenta el stroke de tipo isquémico. Según señala, esto significa que a ese paciente cuando llega a ser atendido, tiene un coágulo o hay un trombo que está interrumpiendo ese flujo sanguíneo.
“Al taparse ese flujo sanguíneo, no está fluyendo la sangre, lo que resulta en una isquemia, en la que se va muriendo ese tejido, y ahí es donde ocasiona ese stroke isquémico”, añadió.
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