No te eches encima los problemas de los demás, deja que maduren, que aprendan de sus propias experiencias. Alguien te abrirá los ojos a realidades que te negabas a aceptar. Estarás más sabio, más seguro de todo lo que hagas y digas, ya que tendrás la seguridad de que Dios nunca te va a abandonar.