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El 12 de junio de 2016 Omar Mateen entró en la discoteca Pulse en Orlando y mató a 49 personas e hirió a otras 53.(AP)

Para el resto del mundo ya pasó un año desde la madrugada en que Omar Mateen entró en la discoteca Pulse en Orlando y mató a 49 personas e hirió a otras 53. Para Francisco Pabón, sobreviviente de la masacre, el tiempo se congeló aquella noche y la pesadilla fue ayer.

Hacía cinco minutos que había abandonado la pista de baile cuando comenzaron los disparos de Mateen. “Francisco tienes que bajarte. Francisco tienes que correr. Agáchate”, le escuchaba gritar a un amigo y aunque así lo hizo, cuenta que su cuerpo se sentía congelado, como un bloque. No podía asimilar lo que estaba pasando. Logró salir con vida de la peor masacre en la historia de Estados Unidos, pero afirmó que allí dejó su sueño.

Al joven de 23 años, el recuerdo de esa madrugada lo persigue día y noche. Escuchar una canción mientras guía su carro hacia el trabajo lo transporta al medio del lugar que describe como una escena de muchos “últimos”. Una última bachatita con su mejor amigo al ritmo de “Corazón sin cara” de Prince Royce, canción que casualmente fue la primera que bailaron juntos. Un último trago con colegas que coincidieron allí. Un último “hablamos luego para cuadrar el viaje a Cuba” con un excompañero de trabajo con el que de casualidad se encontró aquella noche.  Una última conversación. Un último abrazo. Una última mirada.  

A un año de la masacre, esos mismos “últimos” son los que hoy le dan la fuerza para seguir, porque, aunque le es difícil, vivir como si fuera el último día le ha llevado a abandonar los miedos que infundieron esa noche y a intentar retomar su vida.

Antes de Pulse no tenía ningún tipo de miedo al salir. No sentía la necesidad de estar pendiente a la hora para marcharse de algún lugar, no le preocupaba si un algún sitio estaba ‘crowded’ y mucho menos se sentía marginado o intimidado por ser gay. 

Luego de Pulse, mucho cambió. Sus nervios se elevaban a medida que caía la noche y se encontraba en un lugar público. Su impaciencia al estar rodeado de mucha gente se apoderaba al punto de no querer salir y quedarse en su casa. Pasaba algunas noches sin sueño y otras en las que prefería no despertar.

“Me tomó un tiempo aceptar que necesitaba ayuda. Pensé que podría sobrellevar esto solo, pero no es así. No era el mismo y todos se dieron cuenta. No reía, no bailaba, no salía como antes, por eso busqué ayuda”, le contó a endi.com por teléfono.

Desde el 12 de junio de 2016, cuando ocurrió la masacre, organizadores, fundaciones, grupos de apoyo, amigos y vecinos se unieron no solo a la comunidad lésbica, gay, bisexual, transexual y transgénero (LGBT) y la comunidad hispana,sino de Orlando en general.  

“Son ellos los que me mantienen centrado. En días que no encuentro cómo seguir, cómo superarlo, sé que tengo una red de apoyo que no me va a dejar caer”, cuenta en referencia a la ayuda recibida a través del Orlando United Assistance Center, una iniciativa conjunta de organizaciones sin fines de lucro que ofrecen terapia psicológica y otros servicios a las víctimas de Pulse y sus familias.

El joven, quien hace un año era productor para la cadena Telemundo en Miami – y que ahora trabaja como agente de servicio al pasajero en el aeropuerto de Orlando- resalta que la ayuda no solo se limita a asistencia psicológica.

“Ellos (Orlando United) me pagaron el pasaje para visitar a mi familia en Puerto Rico por tres días, me envían mensajes de texto constantemente para asegurarse que estoy bien. En pocas palabras, me cuidan”, comentó.

Tras la masacre en Pulse, Francisco ha visto cómo la comunidad LGBT y la comunidad hispana – que comprende una cuarta parte de los 2.3 millones de los residentes de Orlando -­­ han estrechado los ­­­lazos y cada vez se hacen más fuertes.

Para Pedro Julio Serrano, portavoz de la comunidad LGBTT en Puerto Rico, “hay unos mitos de que la comunidad latina es más homofóbica y eso no es cierto. Esta tragedia, lo que hizo, fue visibilizar el apoyo y afianzar esos lazos. Hay una solidaridad muy grande y pues ciertamente con todos los ataques que ha habido la solidaridad es compartida”, añadió. “Esta comunidad es bien gay, es bien latina… es como Barcelona”, indicó Francisco entre risas cohibidas.

Pero las risas a Francisco le duran poco cuando piensa en el por qué del ataque. “Es algo que no me explico. Tanto odio hacia unas personas que estaban en aquel lugar para pasar un buen rato, para despojarse de los lamentos del día”, dijo casi susurrando.

“El odio que ese hombre (Mateen) intentó perpetrar en esta comunidad rebotó creando espacios de amor y aceptación. Ahora más que nunca podemos decir que el amor puede más que el odio y que no permitiremos que los actos de una persona apaguen nuestro fuego”, señaló llenándose del coraje que destaca a aquellos dispuestos a luchar por lo que creen.

“El proceso es como un rompecabezas y yo todavía estoy poniendo cuadritos en su base, pero si algo he aprendido es que no nos podemos esconder y que el amor puede más que el odio. La negatividad te hunde, te arruina y no quiero eso para mí. Si bien es cierto que el dolor ante la pérdida no desaparece, también es cierto que después de la lluvia sale un arcoíris. Y en este tiempo vemos uno pintado de unión, esperanza, fuerza, nostalgia, risas y sobre todo amor”, se esperanzó Francisco.

Al momento, Francisco no ha regresado al lugar donde se perpetró el ataque que “robó muchas almas”, pero se ha involucrado y continúa participando de eventos donde no solo se honralas vidas perdidas aquella madrugada, sino que también se abren espacios para llevar un mensaje esperanzador.

Han pasado 12 meses de la masacre y Francisco asegura que seguirá luchando día a día para recuperar en la medida que pueda ese sueño que lo abandonó en aquella pista de baile y que a un año de aquella noche ahora aprende vivir, a bailar, a ayudar a otros, a reír, sin tener miedo a que haya una “última vez”.  


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