

26 de mayo de 2026 - 5:49 PM

El presidente Donald Trump se sometió a otro examen médico el martes, lo que vuelve a colocar su estado de salud bajo un renovado escrutinio público, luego de que ha intentado desestimar las preocupaciones sobre su edad y su resistencia física.
El mandatario, de 79 años, pasó más de tres horas en el Centro Médico Militar Nacional Walter Reed para lo que la Casa Blanca describió como chequeos médicos y dentales preventivos. Fue el cuarto examen médico divulgado públicamente desde que regresó al poder para un segundo mandato, en momentos en que busca proyectar fortaleza de cara a las elecciones de medio término que pondrán a prueba su influencia entre los votantes.
En una publicación en redes sociales tras la visita, Trump dijo que acababa de completar su “examen físico de seis meses” y que “todo salió PERFECTAMENTE”.
La Casa Blanca no publicó de inmediato un informe escrito de los médicos del presidente.
Durante décadas, las administraciones han divulgado resultados seleccionados de los exámenes físicos presidenciales, ofreciendo al público una mirada al estado de salud del comandante en jefe. Sin embargo, los resultados pasan por la Casa Blanca y deben ser aprobados por el presidente, lo que ha generado dudas sobre qué información se comparte realmente.
Trump, republicano, cumplirá 80 años el próximo mes y es la persona de mayor edad elegida presidente de Estados Unidos. Su predecesor inmediato, Joe Biden, demócrata, tenía 82 años al dejar el cargo y abandonó la carrera presidencial de 2024 por preocupaciones generalizadas sobre su edad.
Una encuesta de Washington Post/ABC News/Ipsos realizada en abril encontró que menos de la mitad de los adultos en Estados Unidos cree que Trump tiene la agudeza mental o la salud física para desempeñarse eficazmente como presidente.
“Creo que la preocupación por la salud física del presidente probablemente está en un máximo histórico, y que la edad avanzada es la principal preocupación”, dijo el doctor Jeffrey Kuhlman, quien fue médico de la Casa Blanca durante más de una década bajo los presidentes Barack Obama, George W. Bush y Bill Clinton.
Para un presidente de la edad de Trump, un examen completo debería incluir pruebas cardíacas avanzadas, detección de cánceres comunes y una evaluación cognitiva, además de mediciones básicas como estatura, peso y presión arterial, explicó Kuhlman.
La Casa Blanca no ha revelado qué incluyó la visita, pero expresó confianza en los resultados.

“El presidente Trump es el presidente más agudo y accesible en la historia de Estados Unidos, trabaja sin descanso para resolver problemas y cumplir sus promesas, y se mantiene en excelente estado de salud”, dijo el portavoz de la Casa Blanca Davis Ingle en un comunicado.
En las semanas previas a su examen, Trump ha dicho que se siente tan bien como hace cinco décadas, incluso mientras bromea sobre su gusto por la comida rápida y su limitado régimen de ejercicio. Sin embargo, también es sensible a las percepciones sobre su edad, y ha señalado que toma precauciones adicionales al bajar las escaleras del Air Force One para evitar titulares sobre posibles tropiezos.
No existe ninguna ley que obligue a los presidentes a publicar sus registros médicos, y el nivel de transparencia ha variado según la administración. Los informes anteriores de Trump han sido criticados por ofrecer pocos detalles y por incluir estadísticas que algunos expertos han considerado cuestionables.
En eventos públicos, a menudo se ve a Trump usando maquillaje para cubrir moretones en sus manos, que la Casa Blanca atribuye a los apretones de manos y al uso regular de aspirina. En ocasiones ha parecido somnoliento durante reuniones y ha cerrado los ojos por largos periodos, aunque él niega haberse quedado dormido.
Trump suele afirmar que ha “aprobado con excelencia” pruebas cognitivas, mientras critica con frecuencia a Biden, quien también enfrentó cuestionamientos sobre su agudeza mental.
Algunos de sus exámenes anteriores incluyeron el Montreal Cognitive Assessment, utilizado para detectar demencia y deterioro cognitivo. Sus médicos informaron puntajes de 30 sobre 30 en 2018 y 2025.
Sin embargo, críticos han señalado sus discursos erráticos y su retórica a veces agresiva como posibles señales de deterioro cognitivo.

El mes pasado, más de 30 neurólogos, psiquiatras y otros expertos médicos —que reconocieron no haberlo examinado personalmente— afirmaron que Trump no es mentalmente apto para el cargo y advirtieron sobre un “deterioro cada vez más peligroso” en su comportamiento, basado en lo que describieron como “signos objetivamente observables de grave preocupación médica”.
“El uso de diagnósticos de escritorio o especulaciones falsas con fines políticos por parte de supuestos profesionales médicos viola claramente el juramento hipocrático”, respondió Ingle.
Como cualquier paciente, los presidentes deciden qué información médica se divulga, explicó Sara Rosenthal, bioeticista de la Universidad de Kentucky. Señaló que las preocupaciones sobre transparencia han aumentado a medida que Estados Unidos elige presidentes de mayor edad.
“Podemos esperar muy poca divulgación sobre el verdadero estado de salud de cualquier presidente, a menos que esté en perfecto estado”, dijo Rosenthal, quien ha propuesto la creación de una organización médica independiente para evaluar al presidente y a la línea de sucesión.
El primer informe médico de Trump en su segundo mandato se publicó en abril pasado. En julio, fue diagnosticado con insuficiencia venosa crónica, una condición común en adultos mayores que provoca acumulación de sangre en las venas. Fotografías han mostrado al presidente con hinchazón en pies, tobillos y pantorrillas, descrita por la Casa Blanca como un síntoma leve de esa condición.
Tras su último examen público, descrito como un seguimiento rutinario en octubre pasado, su médico emitió un informe de una página en el que afirmaba que el presidente gozaba de “salud excepcional”, sin detallar muchos resultados específicos.

La frecuencia de los chequeos médicos de Trump no es inusual para alguien de su edad, según S. Jay Olshansky, de la Universidad de Illinois en Chicago, quien ha estudiado la salud de presidentes anteriores. Dijo que forma parte de una estrategia para detectar problemas a tiempo.
Olshansky sostiene que el público merece ver más que resúmenes médicos filtrados por la Casa Blanca, sujetos a discreción editorial. Según él, deberían hacerse públicos los expedientes médicos completos y sin redacciones: “Nada debería ocultarse”.
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