

25 de marzo de 2026 - 10:59 PM

El secretario de Estado Marco Rubio testificó el martes ante un tribunal que no tenía conocimiento de que el excongresista de Florida David Rivera estuviera haciendo cabildeo a nombre del gobierno de Venezuela —como lo afirma la fiscalía— cuando se reunió varias veces con su amigo para hablar sobre la política de Estados Unidos hacia el país sudamericano al inicio del primer mandato del presidente Donald Trump.
“Me habría sorprendido mucho” de haberlo sabido, dijo Rubio durante su testimonio de casi tres horas en el juicio federal contra Rivera en Miami.
Rivera y una allegada fueron acusados en 2022 de lavado de dinero y de no registrarse como agentes extranjeros después de que se les adjudicó un contrato de cabildeo por $50 millones por parte del gobierno del entonces presidente Nicolás Maduro.
La fiscalía afirma que el objetivo de Rivera era persuadir a la Casa Blanca de normalizar las relaciones con Venezuela, mientras que los abogados de la defensa sostienen que el contrato de tres meses, que terminó antes de que Rivera se reuniera con Rubio, se centró exclusivamente en atraer de nuevo a Exxon Mobil a Venezuela —un trabajo comercial que por lo general está exento de la Ley de Registro de Agentes Extranjeros.
Como parte de su trabajo, Rivera y su allegada fueron acusados de intentar organizar reuniones para la entonces ministra de Relaciones Exteriores Delcy Rodríguez —ahora presidenta interina de Venezuela— en Dallas, Nueva York, Washington y Caracas con funcionarios de la Casa Blanca, miembros del Congreso y el director ejecutivo de Exxon.
En un testimonio por momentos sumamente personal, Rubio entró en detalle de algunas amistades que se remontan al inicio de su carrera política como asistente de la campaña presidencial de Bob Dole en 1996 y como concejal de West Miami.
Durante su testimonio, Rubio manifestó que él y Rivera se volvieron “muy cercanos” cuando ambos coincidieron como miembros de la Legislatura de Florida. Los dos republicanos cubanoestadounidenses eran copropietarios de una casa en Tallahassee, celebraban juntos eventos familiares y se oponían fervientemente al gobierno socialista de Venezuela cuando ambos llegaron a Washington al mismo tiempo —Rubio elegido al Senado y Rivera a la Cámara de Representantes.
Así que cuando Rivera le envió a Rubio un mensaje de texto en julio de 2017 para decirle que necesitaba verlo con urgencia para hablar sobre Venezuela, acordaron reunirse al día siguiente, un domingo, en la casa de un amigo en Washington donde el entonces senador se alojaba con su familia, detalló Rubio.
En la reunión, Rivera le informó a Rubio que estaba trabajando con Raúl Gorrín, un magnate de los medios en Venezuela, en lo que describió como un plan para que Maduro dejara el cargo.
“Yo me mantuve escéptico”, dijo Rubio, agregando que el gobierno venezolano estaba lleno de “dobles agentes” que constantemente presentaban planes poco realistas para sacar a Maduro del poder . “Pero si había un 1% de probabilidad de que fuera real, y yo tenía un papel que desempeñar alertando a la Casa Blanca, estaba dispuesto a hacerlo”.
Rubio dijo que no tenía conocimiento de que Rivera estuviera trabajando para Maduro, como los fiscales alegarían posteriormente. Añadió que dudaba que Gorrín fuera a traicionar a Maduro, incluso cuando el excongresista abrió su computadora portátil y mostró millones de dólares en una cuenta bancaria de Chase que, según le dijeron, eran pagos del empresario a la oposición venezolana.
“Era una cantidad impresionante”, dijo Rubio. “No me dijo de quién era la cuenta. Dijo que era para apoyar a la oposición”.
Dos días después, tomando algunos de los puntos de conversación proporcionados por Rivera, Rubio escribió y pronunció un discurso en el pleno del Senado indicando que Estados Unidos no tomaría represalias contra personas del gobierno venezolano que trabajaran para sacar a Maduro del poder.
“Él me aportó perspectiva sobre algunas de las frases clave que los integrantes del régimen habrían querido escuchar para saber que esto iba en serio”, testificó Rubio. “Sin venganza, sin represalias”.
Rubio también habló con Trump para alertar al presidente que algo podría estar “gestándose” en lo referente a Venezuela.
Pero el esfuerzo de pacificación colapsó casi de inmediato. En una segunda reunión, celebrada en un hotel de Washington, Gorrín no entregó una carta de Maduro que había prometido para que Rubio se la hiciera llegar a Trump.
“Fue una completa pérdida de mi tiempo”, testificó Rubio.
Poco después, Trump impuso fuertes sanciones a Maduro y a miembros de su círculo íntimo por su decisión de seguir adelante con lo que Rubio calificó como una “elección falsa” para empoderar a una asamblea constituyente que socavó a la legislatura de mayoría opositora.
Para entonces, el senador estaba estrechamente alineado con el gobierno de Trump. Grabó un inusual mensaje de 10 minutos dirigido al pueblo venezolano en julio de 2017, un día después de la controversial elección , el cual fue transmitido en exclusiva por la cadena Globovisión, propiedad de Gorrín.
“Para Nicolás Maduro, de quien estoy seguro que está mirando, el camino por el que se encuentra actualmente no va a terminar bien para usted , declaró Rubio en el mensaje televisado.
En el estrado, Rubio dijo que si hubiera sabido que Rivera trabajaba con Gorrín a nombre de Maduro, nunca habría aceptado dar el mensaje a la cadena.
Pero Rivera afirmó que el testimonio de Rubio respaldó su defensa de que como opositor de toda la vida del comunismo, nunca trabajó para fortalecer el poder de Maduro .
“Marco Rubio dejó hoy sumamente claro que todo en lo que trabajamos juntos en 2017 tenía como objetivo sacar a Maduro del poder en Venezuela”, dijo en un comunicado .
A lo largo de su testimonio, Rubio, abogado de profesión, se expresó con calma y con dominio de detalles minuciosos de la política de Estados Unidos hacia Venezuela durante la última década, incluso mientras le costaba recordar detalles específicos de sus mensajes de texto con Rivera sobre asuntos de Venezuela.
El testimonio de Rubio es sumamente inusual. Ningún miembro en funciones del gabinete presidencial había subido al estrado en un juicio penal desde que el secretario de Trabajo Raymond Donovan testificó en un juicio contra la mafia en 1983.
Como para subrayar lo singular de su comparecencia, el abogado de Rivera, Ed Shohat, le pidió a Rubio que firmara una copia de su autobiografía de 2012, “An American Son”, al concluir su testimonio.
Rivera y su coacusada, la consultora política Esther Nuhfer, son parte de un pequeño número de amigos y familiares que aparecen en la sección de agradecimientos del libro de Rubio.
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