

17 de octubre de 2026 - 10:17 PM

Una maestra le lanzó su teléfono al adolescente armado que mató a cuatro personas en una escuela primaria de Oregon; luego, se abalanzó sobre él y forcejeó con él, lo que probablemente salvó vidas antes de que el atacante fuera abatido a tiros por un padre que lo había seguido al interior del edificio, informó la policía el viernes.
El jefe de policía de la ciudad de Bend, Mike Krantz, calificó de “heroicas” las acciones de la maestra durante una conferencia de prensa y señaló que ella resultó ilesa. Identificó al atacante como Griffin J. John II, de 16 años, y precisó que todas las víctimas recibieron disparos en la misma aula.
Según las autoridades, John fue alumno de educación especial en la escuela primaria Silver Rail, y atacó precisamente un aula destinada a estudiantes con necesidades especiales. Krantz indicó que el joven efectuó hasta 15 disparos con una escopeta de calibre 12 y aún le quedaban unos 44 cartuchos cuando fue abatido.
“Todos quieren saber por qué, nosotros incluidos”, afirmó. “Quizás nunca obtengamos una respuesta completa, pero queremos encontrarla”.
La madre del atacante, Shauntai Nickerson, dijo a los periodistas frente a su apartamento, cerca de la escuela, que si hubiera podido hacer algo para evitar el tiroteo, lo habría hecho.
“Extraño a mi hijo”, dijo Nickerson entre sollozos y llanto, según reportaron The New York Times y CNN. “Lo siento mucho, ojalá hubiera podido hacer algo. Lamento su pérdida”.
La mujer se negó a explicar cómo el joven de 16 años obtuvo la escopeta y no hizo más comentarios cuando representantes de The Associated Press y otros medios llamaron a la puerta de su apartamento más tarde.
En una entrevista de 2020 con el canal de noticias local KTVZ, Nickerson mencionó que su hijo —que entonces tenía 10 años— participaba en un programa de educación especial gestionado por el distrito escolar cuyo objetivo era ayudar a los estudiantes que enfrentaban dificultades significativas en el ámbito conductual y en sus habilidades sociales. Nickerson comentó que tuvo muchas dificultades para aprender desde casa durante la pandemia.
La primera llamada al 911 provino del conductor de una camioneta roja, a primera hora de la tarde del jueves; este vio al joven arrojar su arma por encima de una valla en el exterior de la escuela y luego saltarla, relató Krantz. El conductor le gritó al joven, quien respondió disparándole y alcanzando la camioneta en tres ocasiones. El conductor resultó ileso.
Un segundo conductor, Kaylub Giamanco —un hombre de 36 años cuyos hijos asisten a la escuela Silver Rail—, vio a John disparando contra la camioneta y dirigiéndose hacia el centro escolar, donde abrió fuego contra unas puertas cerradas con llave para lograr entrar. Giamanco entró en el estacionamiento, tomó su pistola calibre .40 y siguió al atacante al interior del edificio. Al ver a John forcejeando con una maestra, le disparó en varias ocasiones.
Tres niños —de 5, 8 y 11 años— y la maestra Meghan Lambert, de 25 años, perdieron la vida, informó la policía. Un niño de 7 años que resultó herido recibió atención de emergencia en el lugar y actualmente se encuentra hospitalizado; también permanece hospitalizada una maestra de 54 años, identificada por su familia como Becky Drury, quien recibió disparos en el brazo y la mano y se recupera tras una intervención quirúrgica.
En una declaración leída ante los periodistas el viernes, Kenda Freeman, madre de Giamanco, confirmó que fue él quien disparó contra el atacante. Añadió que Giamanco es padre de dos niñas que asisten a dicha escuela.
“Él no busca reconocimiento; más bien, desea expresar su gratitud a los equipos de primera respuesta, al personal escolar y a la comunidad por la oleada de cariño y apoyo”, señaló Freeman.
El tiroteo fue la vigesimoctava masacre registrada en Estados Unidos este año, según una base de datos gestionada por The Associated Press y USA Today, en colaboración con la Universidad Northeastern.
En los alrededores de la escuela —situada en un vecindario densamente poblado y lleno de viviendas de reciente construcción— surgieron improvisados memoriales con flores, globos y peluches.
Brooke Olsen, cuya hija cursa el kínder de Silver Rail, dijo que le asombraba que alguien hubiera perseguido al atacante.
“Me parece milagroso que hubiera alguien allí, incluso antes de que llegaran las fuerzas del orden, para evitar que la tragedia fuera a más”, señaló Olsen el viernes, entre lágrimas en algunos momentos. “Me siento muy agradecida”.
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