Es el primer puertorriqueño que obtiene el Excellence Award, que la organización Energy System Integration le otorgó por su contribución a la integración de sistemas energéticos.

De niño, Armando Figueroa Acevedo disfrutaba que su padre lo llevara el Centro de Operaciones Técnicas de Monacillo de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE), donde trabajaba. No entendía lo que veía en las pantallas, pero no podía apartarse de ellas. Se sentía en una misión de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA, en inglés).

“Papi, que es ingeniero eléctrico, me llevaba cuando yo no tenía clases, pero a veces me enfermaba a propósito para ir a ver el centro. Me fascinaba. Era como si estuviera resolviendo problemas”, cuenta entre risas, a sus 33 años.

Figueroa Acevedo supo temprano que quería seguir los pasos de sus progenitores. Su madre también es retirada de la AEE. “A los dos los admiro mucho”, afirma.

En 2009, completó un bachillerato en Ingeniería Eléctrica en la Universidad Politécnica de Puerto Rico. Luego, en 2013, terminó una maestría en Ingeniería Eléctrica, con especialidad en Sistemas de Potencia, en el Recinto Universitario de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico.

Como parte de su investigación de tesis sobre integración de fuentes renovables en Puerto Rico, se fue de intercambio a la Universidad Pública de Navarra, en España, y la Universidad de Aalborg, en Dinamarca. En aquel entonces, ambos países lideraban estudios similares al suyo en Europa.

Tras ganar una beca de la Fundación Nacional de Ciencias (NSF, en inglés), ingresó a la Universidad del Estado de Iowa, donde hizo un doble doctorado en Ingeniería Eléctrica y Energía Eólica y Política Energética. Al igual que cuando cursaba la maestría, se fue de intercambio a la Universidad de Sydney, en Australia, para investigar sobre las interconexiones eléctricas.

Precisamente, fue este último tema el que lo acercó a su sueño de niño de resolver problemas. Su tesis doctoral, titulada “Beneficios de una interconexión eléctrica continental en Norteamérica”, le valió –en abril pasado– el premio mundial por la mejor contribución a la integración de sistemas energéticos, conocido como “Excellence Award”, entregado por la organización internacional sin fines de lucro Energy System Integration Group (ESIG).

Figueroa Acevedo se convirtió en el primer puertorriqueño en recibir el galardón.

“Además, este premio fue una emoción indescriptible para mí, no solo porque soy uno de los primeros hispanos en recibirlo, sino porque siempre reconocen a los veteranos en la industria y no a profesionales tan jóvenes en términos de experiencia”, destaca.

En esencia, Figueroa Acevedo diseñó un sistema integrado, basado en energía renovable, capaz de suplir la demanda de todo Estados Unidos sin que, por ejemplo, fallas o averías en la zona oeste afecten en el servicio en el este del país. La red actual no permite ese tipo de interconexión. El nuevo diseño reveló, además, que las emisiones de carbón se reducen en más de un 80% y que los costos de operación son más bajos.

Una vez graduado, y tras el paso del huracánMaría en septiembre de 2017, Figueroa Acevedo contribuyó en la elaboración de una propuesta de la NSF para aplicar su modelo a un proyecto parecido utilizando el sistema eléctrico de Puerto Rico. Este proyecto, llamado “Re-developing Puerto Rico’s Electric System for Infraestructure Integrity”, sigue en curso.

Desde la residencia de sus padres en Cupey, Figueroa Acevedo conversó con El Nuevo Día.

¿Cuánto tiempo le dedicó al proyecto por el que obtuvo el “Excellence Award”?

—Para este proyecto, trabajé tres años en la Universidad del Estado de Iowa. Fue un proyecto que comenzó con mi doctorado.

¿Por qué se interesó en las interconexiones eléctricas?

—En términos generales, Estados Unidos tiene un sistema eléctrico dividido en tres interconexiones: este, oeste y Texas. Durante el doctorado, empecé a estudiar la capacidad para transferir energía entre las interconexiones este y oeste, que ahora es prácticamente cero. Dijimos: “Vamos a diseñar una red eléctrica, porque la tecnología está, que pueda manejar este tipo de falla y proveer un servicio costo-efectivo y confiable”. La otra justificación que vimos es que, por los pasados 10 años, las compañías eléctricas en Estados Unidos y a nivel mundial se están moviendo a fuentes renovables, particularmente solar fotovoltaica y eólica.

Habla en plural. ¿Había más personas en el proyecto?

—Sí, esta tesis fue parte de un proyecto mayor denominado “Interconnection Seams Study”, bajo la organización del Laboratorio Nacional de Energía Renovable y financiado por el Departamento de Energía. Hubo participación de empresas productoras de energía, agencias reguladoras y otras entidades federales que componían el comité técnico, aparte del académico. La tarea era cuantificar beneficios económicos y de confiabilidad de la macrorred eléctrica de Estados Unidos.

¿El premio fue compartido?

—Sí, lo comparto con James D. McCalley, de la Universidad del Estado de Iowa; Aaron Bloom, de NextEra Analytics; y Josh Novacheck, del Laboratorio Nacional de Energía Renovable. El “Excellence Award” se otorga a personas que trabajen en proyectos grandes, a escala nacional, y por eso nos reconocieron.

¿Cuál es el principal hallazgo de su tesis? ¿Qué beneficios tiene este proyecto?

—Son varios, porque la red eléctrica de Estados Unidos no se diseñó para tener energía renovable. Diseñamos la red para maximizar el uso de recursos en las dos interconexiones, y el resultado fue que por cada dólar que uno invierte, el retorno es de $2.5 a $3. Hablamos de una inversión de $60,000 millones, pero la infraestructura eléctrica a nivel nacional se paga en 15 años. Y hay más beneficios después de eso, por ejemplo, en términos de compra de combustible y emisiones. Los costos en los que se incurriría serían más bien de mantenimiento, para mantener la estabilidad de la red. Se mantendrían algunas plantas (de combustible fósil) como reserva en la línea. Al evaluar Estados Unidos a nivel continental, la probabilidad de que el sol y el viento se vayan en todos los estados es bien pequeña. Por eso, cuando uno interconecta grandes áreas o continentes, se maximiza la diversidad de recursos.

¿Cómo se ejecuta su proyecto?

—El verano pasado, hubo un simposio en la Universidad del Estado de Iowa, se presentaron los resultados y se discutieron los próximos pasos a seguir. Es bien difícil, porque estamos hablando de interconexiones que cubren múltiples estados. Hay muchos retos en términos de quién paga y quién se beneficia. En términos de confiabilidad, son líneas de larga distancia, de 800,000 voltios cada una, pero diseñamos la red para que haya redundancia. Ya 13 gobernadores le escribieron una carta a la Comisión Federal Reguladora de Energía, diciéndole que creen en el proyecto y que están dispuestos a pasar de los estudios a la práctica.

¿Quién más lo apoya?

—Estamos haciéndoles presentaciones a compañías manufactureras de estas tecnologías y otras personas. Estamos llevando el mensaje y discutiendo las presunciones. Ese proceso de educación está pasando ahora mismo, tanto en el gobierno como en la empresa privada. Es retante, porque es una infraestructura que afecta a muchos estados.

¿Y en cuánto tiempo se construye este nuevo sistema?

—Toma como unos 10 años, desde que se hacen los estudios hasta que se hace una línea de transmisión. Estamos hablando de 15 líneas, de norte a sur y de este a oeste, de 800,000 voltios. Debajo de esas líneas, hay un sistema de interconexión que se configura para poder soportar la red. Es un proyecto de muchos años.

¿Cómo surge la oportunidad de traer su proyecto a la isla?

—Después del huracán María, nos preguntamos cómo podíamos ayudar y dijimos: “Ya desarrollamos esto. ¿Por qué no aplicarlo en Puerto Rico enfocado un poco más en resiliencia? Escribimos una propuesta a la NSF y nos dieron dinero para correr el proyecto, y lo está liderando un estudiante al que le quedan dos años más de doctorado. Mi rol ahora es más de consultor.

¿Qué buscan específicamente?

—Descubrir la infraestructura que necesita Puerto Rico para mantener un sistema energético resiliente basado en recursos renovables, considerando el paso de los huracanes.

¿Y qué han encontrado?

—Usamos el mismo modelo para crear cinco visiones para Puerto Rico, siendo la primera de ellas que las cosas se queden como están. Pero también nos preguntamos, ¿qué pasa si aumentamos la generación renovable y distribuida? Analizamos la adopción de recursos distribuidos a nivel residencial y comercial, hasta llegar a un extremo de 70% u 80%. Bajo esos escenarios, presumimos que habría huracanes cada cinco años y determinamos qué tipo de infraestructura es necesaria para producir carga y maximizar la resiliencia. Definimos varios niveles de confiabilidad e hicimos presunciones a nivel de tecnología.

Entonces, ¿cuál de todas las visiones es la idónea?

—Esta es una investigación en curso, pero lo que hemos visto en los resultados es que es un híbrido. Los extremos no son viables. El nivel óptimo de confiabilidad y economía se consigue manteniendo algunas plantas termales para darle respuesta rápida a la red, y mucha energía renovable para cubrir la demanda el resto del tiempo. Hay que invertir, por ejemplo, en líneas soterradas, en generación más local (cercana a la fuente de consumo) y en almacenamiento.

Al igual que le pregunté hace un rato, ¿cómo y cuándo se ejecuta esto en Puerto Rico?

—El estudiante doctoral seguirá investigando y hará un reporte a la NSF. Eso se diseminará en Puerto Rico, al igual que publicaciones científicas. Eso debe pasar en el próximo año y medio. Una vez las conclusiones sean finales, las presentaremos formalmente y las discutiremos con la Autoridad de Energía Eléctrica y los demás actores que hacen política pública en Puerto Rico. El objetivo de esta primera parte del proyecto era probar conceptos y determinar que sí se puede hacer, y lo conseguimos.

¿En qué trabaja ahora?

—Llevo dos años trabajando como ingeniero de política energética en Midcontinent Independent System Operator, en Minnesota, uno de los operadores de red eléctrica más grandes del mundo. Hice un internado en la compañía mientras hacía el doctorado.

¿Regresaría a Puerto Rico?

—Siempre es una opción. Pero ahora estoy bien y me gusta lo que estoy haciendo. Me vislumbro a largo plazo en la isla, y consideraría una opción en la universidad (como profesor), que es algo que también me apasiona mucho.


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