El personal contratado por el Servicio Forestal explica cómo ha tenido que trabajar con la naturaleza a su favor para remover el sedimento y los escombros que dejó a su paso el huracán María

Nota del editor: Esta es la última de tres notas que exponen la situación de El Yunque y los esfuerzos de recuperación a más de cuatro meses tras el huracán María.

Río Grande - Los recorridos en Puerto Rico tras el huracán María han cobrado un sentido distinto, las estampas familiares a la vista se reconfiguran bajo el crisol de un país que muy bien puede vestir un letrero que lea “bajo reconstrucción”. 

En la carretera principal que recorre el Bosque Nacional El Yunque no había turistas admirando el paisaje ni familias tomándose una foto frente a una corriente de agua o la Torre Yocahú. En su lugar, se observaban cascos amarillos, botas de seguridad y maquinaria.

Entre veredas, plantas y cascadas que aún engalanan El Yunque, pese a haber sido azotadas con toda la furia del huracán María, unas 200 personas laboran intensamente para enmendar y restaurar el lugar que sirve como el centro turístico más importante del noreste de la isla.

El Nuevo Día visitó el bosque lluvioso para observar los esfuerzos de recuperación. Apenas cinco minutos adentrándonos en la PR-191 nos topamos con un equipo de trabajadores. En seguida nos explicaron que “los muchachos” pertenecen al grupo encargado de reparar todas las tomas de agua en el bosque. Otras tres divisiones se encargan de las carreteras, las veredas y las instalaciones.

- “¿Cómo va todo? ¡Pa’ lante!”, comentó Daniel Cedeño, del Servicio Forestal, tan pronto bajó del vehículo.

- “¡Estamos gozando, Danny!”, contestó animado uno de los muchachos, mientras entre risas se referían a sí mismos como “Los Polilleros”.

¿Por qué “Los Polilleros”?, se les preguntó. “Al principio nos mandaron a remover unos árboles y lo hicimos en menos tiempo de lo que supone. El ‘crew boss’ (supervisor), que era Gutiérrez, dijo, ‘oye, pero ustedes son unas polillas’, y desde esa nos quedamos como ‘Los Polilleros’”, relató Luigie Ramírez sin parar de trabajar.

Las tareas del día se concentraban en terminar de instalar un “zipline” con dos plataformas para transportar sacos de cemento y materiales de construcción de un lado a otro de una pendiente. El ciclón menoscabó el tablado donde desfilaba la toma de agua que sirve al Centro de Visitantes El Portal y Centro Catalina, por lo que pasaron unos dos meses removiendo metros acumulados de sedimento en un área empinada y de difícil acceso.

Bajo un fuerte sol de mediodía contaron cómo se las ingeniaron para utilizar la fuerza del agua de la quebrada La Máquina a su favor. Formaron una “represa humana”, aguantaron el agua con un toldo azul para luego soltarla de golpazo y proceder a remover el sedimento con palas y picos.

Según López, uno de los ingenieros supervisores calculó que se removieron de 10 a 12 camiones de sedimento en esa área. “Tanto fue así que hay dos charcas más abajo que se taparon porque no hay para dónde tirar el sedimento. Estamos en un risco, una ‘v’, no había forma de sacarlo para otro lado”, dijo.

El oficial de información, Greg Smith, explicó que muchos de los empleados del bosque fueron reasignados a los grupos de trabajo del Equipo de Manejo de Incidentes, mientras otros contratados formaban parte de la industria turística que se ha visto afectada tras el embate de los huracanes.

“Nosotros limpiamos dos represas más. Somos el ‘water group division’ (división de agua); hemos tenido que limpiar todo lo que tiene que ver con agua”, dijo, por su parte, Ramírez, quien orgulloso de su equipo mostraba imágenes y vídeos de las labores.

“Para que muchos barrios cercanos tuvieran agua, nosotros hicimos el trabajo de destapar esas represas, ayudando a los de Acueductos. Muchas veces nos encontrábamos a los empleados (de la AAA) sin camisa, sin agua, con un machete abriendo camino y nosotros salíamos con sierras, nos uníamos a las brigadas y seguíamos por ahí para arriba. Era un trabajo en conjunto”, detalló Ramírez.

“Hemos hecho de todo. Hemos llorado, nos hemos reído, nos hemos frustrado. Nos hemos peleado entre el grupo, pero la hermandad es igual”, añadió. Tanto así que hablan hasta de hacer un documental y ya hicieron una orden de cascos de seguridad con el nombre del grupo grabado.

Los dejamos trabajar y continuamos el recorrido contagiados por su ánimo mientras el personal del bosque siguió destacando el compromiso de “Los Polilleros” con El Yunque.

“Vencen muchos retos, se adaptan y se reaplican a sí mismos. Tienen sentido de pertenencia; este es su bosque, es su proyecto. Están muy dedicados a finalizar el trabajo”, resaltó Smith.


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