Nota de archivo: Este contenido fue publicado hace más de 90 días

La Corporación del Proyecto Enlace del Caño Martín Peña comenzará, hoy, con la reparación de 42 viviendas que sufrieron daños luego del paso del huracán María

Una de las mayores necesidades que siguen enfrentando miles de familias puertorriqueñas a consecuencia de los estragos del huracán María es la de un techo seguro bajo el cual resguardarse.

Esa es la urgencia de 1,000 familias que viven en comunidades aledañas al Caño Martín Peña, cuyas viviendas sufrieron daños parciales o totales a causa de los vientos y la lluvia del ciclón. Pero, además, muchas de ellas viven arrendadas por lo cual no tienen derecho a recibir asistencia de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés) para la reconstrucción de las viviendas.

Para buscar una solución al complicado panorama, el liderato de las ocho comunidades aledañas al Caño buscó alianzas para desarrollar un programa de reconstrucción de techos que inició la semana pasada con las primeras 12 residencias, explicó Lucy Cruz Rivera, presidenta de G-8, organización que agrupa a dichos vecindarios.

“Ya el relief lo habíamos atendido, ahora era cómo íbamos a hacer más resilientes a las comunidades, porque la gente empieza a construir sus techitos, pero el problema es que lo hagan bien, si tienen los anclajes que son o los angulares que manda”, agregó Mario Núñez Mercado, de Las Monjas, uno de los 120 líderes comunitarios que trabaja en el G-8.

La iniciativa se extenderá a otras 40 viviendas en una segunda etapa, que también se beneficiarán de lo que han aportado las organizaciones Hispanic Federation, Global Giving y Somos el Futuro, una iniciativa de Para La Naturaleza. También se usarán los fondos que se obtengan a través de la plataforma digital de recaudación de fondos GoFundMe. En total, el proyecto contaría con cerca de $500,000.

En la primera fase, se reparan las viviendas de las familias con mayor necesidad, según el criterio de selección utilizado por el liderato comunitario, que determinó no beneficiarse en esta ronda.

“Personas mayores, que no tienen a nadie que los pueda ayudar, sin recursos económicos o familias con menores de edad y que fueran dueños de la residencia”, detalló Cruz Rivera sobre los requisitos que establecieron.

Igualmente, cada residencia elegida tuvo que ser evaluada por arquitectos para certificar que la estructura que quedó en pie resistiría el peso de un techo. “En la segunda etapa, como hay tanta necesidad, se realizó por sorteo, por comunidad, tomando en consideración una serie de criterios”, agregó Núñez Mercado.

El grupo expresó que el proyecto ha representado un reto, no solo por el nivel de necesidad de los vecinos y porque se han propuesto terminar la primera fase este mes, sino porque han encontrado contratiempos como la carencia de materiales de construcción.

Con el objetivo de abaratar costos y de alcanzar la meta impuesta, la organización entró en un proceso de negociación con una compañía local para comprar los materiales de construcción. También se eligieron dos empresas para construir los techos, así como un gerente para supervisar las labores. “Aquí hay que tener control del proceso sino se te sale de las manos y si se te sale de las manos, suben los costos y no se logran las metas impuestas”, indicó Alejandro Cotté, director de Participación Ciudadana del Proyecto Enlace del Caño Martín Peña.

La reparación de cada techo tiene un costo promedio de $10,000. “Construir en maderas en sitios de vulnerabilidad no es malo, es cómo se construye, que ese techo tenga angulares, que esté bien cogido. Eso es lo que le da sustentabilidad”, dijo Núñez Mercado.

Otras necesidades

A casi cuatro meses del paso del huracán, además de la necesidad de techos seguros, esas comunidades tienen otros problemas, como el control de mosquitos y ratas. Con la ayuda de otras entidades, han entregado cerca de 4,500 mosquiteros y han invertido más de $60,000 en la compra de herbicidas, larvicidas y repelentes.

También lograron iluminar con placas solares tres centros comunitarios. “La comunidad no tiene luz y estos centros siguen operando para actividades para nuestros niños, pero también para que la comunidad pueda ir allí a cargar sus celulares y mantener comunicación con sus familiares”, señaló Núñez Mercado.


💬Ver 0 comentarios