

29 de diciembre de 2019 - 12:00 AM


Arecibo - Bastó una visita a isla de Mona para que la vida de Abel Vale Nieves “diera un vuelco”, como él mismo lo describe.
Eran las postrimerías de la década de 1980, y Vale Nieves visitaba la isla junto a su esposa e hijos. Entró a cueva Caballo, también conocida como cueva Pájaros, y sintió que renació.
“Fue una experiencia espiritual para mí. Entramos y salimos por lados distintos de la cueva y fue como emerger de la tierra. Sentí que me transformaba”, narra.
A su regreso a la llamada isla grande, se involucró con distintos grupos conservacionistas y visitó cuantas cuevas pudo. Llegó, incluso, a cueva Lechuguilla, en Nuevo México, considerada una de las más increíbles del mundo por su inmenso tamaño, inusual espeleología y grandes cantidades de yeso macizo y sulfuro.
“Fui conociendo más y más, dentro y fuera de Puerto Rico, y viendo los impactos que teníamos aquí. Me pregunté, entonces, ¿por qué no conservamos esto? De ahí surge Ciudadanos del Karso (CDK), en 1994, y el resto es historia”, dice sobre la organización que fundó hace 25 años y que se ha convertido en un referente sobre la protección y conservación del entorno natural boricua.
Sin temor a equivocarse, Vale Nieves afirma que el principal logro de CDK ha sido lograr, tras 12 años de batallas en los tribunales, que 232,000 cuerdas de terreno fueran declaradas como karso especialmente protegido bajo el Plan del Área de Planificación Especial del Carso, que fue incorporado en el Plan de Uso de Terrenos de Puerto Rico, en 2015.
Otro de los logros de CDK fue la creación de la reserva El Tallonal, en Arecibo, que ofrece hábitat a varias especies de flora y fauna en peligro de extinción y desde donde Vale Nieves, de 68 años, conversó con El Nuevo Día.
¿Siempre tuvo interés por el ambiente y su conservación?
—Estudié un bachillerato en Ciencia Política y Economía en (el Recinto Universitario de) Mayagüez (de la Universidad de Puerto Rico) y una maestría en Economía Política de América Latina y el Caribe en la Universidad del Estado de Nueva York en Binghamton, pero desde pequeño estoy marcado por la naturaleza.
¿Cómo así?
—Nací en Moca, pero al poco tiempo me llevaron a Nueva York, a una ciudad que resultó ser totalmente inhóspita. Regresé a Moca a los 9 años, a un campo donde no había ni agua ni energía eléctrica. Para mí, buscar agua en el pozo y ver el agua salir entre las piedras era algo que me resultaba interesante. Me preguntaba cómo se acumulaba ahí adentro y no se acababa. Ver la lluvia venir, porque vivíamos en la ladera de una montaña, también me fascinaba.
¿Cómo desarrolló y aúncultiva su conocimiento ambiental?
—Leo, leo y leo. No veo televisión, excepto las cosas de las que pueda aprender. Pero lo que hago es leer, y leo de todo, desde ecología y física hasta cualquier cosa que me aporte a entender mejor la complejidad de lo que es el planeta y la vida, porque me parece fascinante.
Al repasar los 25 años de Ciudadanos del Karso, ¿el resultado es el que esperaba?
—Es un poco difícil responder eso porque, si uno pudiese predecir el futuro, la vida sería mucho más fácil. Cuando la organización comenzó, uno solo veía la problemática que había en ese momento, que era sobre las cuevas. Pero nos dimos cuenta de que el karso es mucho más que las cuevas, aunque en principio ni nos lo imaginábamos. Fuimos conociendo más el karso, enamorándonos más del karso y, mientras eso pasaba, más sentíamos que había que protegerlo. Pero no por una razón meramente egoísta, sino por su importancia para el país.
El karso cubre casi una cuarta parte de Puerto Rico, y se distingue por afloramientos de roca caliza, mogotes, sumideros, cuevas y ríos subterráneos. Se encuentra en una franja continua desde Aguadilla hasta Loíza en el norte, de forma discontinua en el sur, en varios bolsillos en el interior, al extremo este de Vieques, y en isla de Mona y Monito.
La roca caliza del karso tiende a ser muy porosa, lo que facilita que se infiltre la lluvia, resultando en la formación de los abastos de agua subterránea (acuíferos) más importantes en la isla. En el karso están, además, los bosques más extensos del país, en los que habita la población más numerosa de la cotorra puertorriqueña, junto a otras especies que no existen en otro lugar del planeta, como el coquí llanero, la mariposa arlequín y el sapo concho.
En 1994, la amenaza principal sobre el karso era la construcción de la carretera PR-10, en el tramo del bosque estatal de Río Abajo. Los tramos norte y sur de la vía se habían completado y apenas faltaban entre seis y ocho kilómetros para conectarlos.
“Por meses, muchas personas estuvimos explorando la región. Acampando nos dimos cuenta de que el karso, además de tener cuevas, tiene recursos riquísimos en humedales, que son fundamentales y vitales para el agua del país. También, nos dimos cuenta de que tenía una biodiversidad increíble. Acampando escuchábamos desde los coquíes hasta las aves nocturnas. Poco a poco, fuimos nutriendo ese conocimiento y dándonos cuenta del valor monumental que tiene el karso como parte del patrimonio natural”, rememora Vale Nieves.
La PR-10 finalmente se construyó. ¿Tomaron eso como una derrota?
—No. Sabíamos que era bien difícil que no la hicieran, porque ya se habían invertido millones de dólares. Pero, en ese momento, también comenzó a construirse el Superacueducto y otros proyectos de gran envergadura, y se empezó a hablar de la extensión de la PR-22 hasta Aguadilla. Lo que pasó en la PR-10 fue una pequeña muestra de lo que pasaría en el resto del país,y reforzó nuestra idea de forjar una organización para traer al público la importancia del karso y educar a la población.
¿En qué centraron sus esfuerzos entonces?
—Tras nuestra fundación en 1995, logramos, un año después, incidir en las políticas públicas de los permisos que daba la Junta de Planificación (JP). Logramos,por primera vez, que el karso se incluyera en la política pública. También, conseguimos fondos de la EPA (Agencia federal de Protección Ambiental) e hicimos un vídeo de 16 minutos, que se les pasó a las escuelas y a (la estación de televisión) WIPR para que lo pasara en sus espacios. Se llamaba “Las raíces del agua” y demostraba de dónde provenía el agua en la región del karso.
¿Cómo se explica que no fue hasta 1999 que se aprobó una ley para proteger el karso, si representa casi una cuarta parte de la isla?
—Puerto Rico no es muy diferente a muchos lugares del mundo, donde el ser humano va tomando poco a poco conciencia de las problemáticas que le aquejan. Esa conciencia se da mediante el conocimiento que nos va dando la ciencia en los distintos campos y uno va sistemáticamente atando.
¿Cómo logran la aprobación de la Ley para la Protección y Conservación de la Fisiografía Cársica de Puerto Rico?
—Fue algo histórico. Por primera vez, se aprobó una protección de ley al karso y fue por unanimidad. Todos entendieron la necesidad de proteger el área.
Si todos entendieron el mensaje, ¿por qué hubo una batalla legal de 12 años para que la ley se implantara?
—En efecto, nuestra lucha más intensa ha sido en el tribunal. Tuvimos que ir a corte para que la ley, aprobada en 1999, se pusiera en vigor. La agencia, el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA), no lo hizo. Y el tribunal nos dio la razón y le ordenó al Departamento que hiciera el estudio.
Entre otras cosas, la ley disponía que el DRNA hiciera un estudio sobre las regiones kársicas de Puerto Rico y determinara qué áreas requerían protección por su valor ecológico, hidrológico o geológico. Dichas áreas debían protegerse a futuro y darles una clasificación, que se incorporaría a los mapas de la JP. El Reglamento del Área de Planificación Especial del Carso se aprobó finalmente en 2014.
¿Cómo cumplían con sus demás funciones mientras batallaban en los tribunales?
—Entre una cosa y otra, en 2001, logramos la publicación de “El karso de Puerto Rico, un recurso vital”, que recogió toda la información que había dispersa sobre la importancia de la región. Lo publicamos primero en inglés y, en 2004, salió la versión en español. Después de la publicación, hemos recibido múltiples logros, incluyendo siete a nivel local y dos internacionales, por el trabajo en la defensa del karso.
¿Cómo describe ese trabajo?
—No es ambientalista, es de planificación… cómo decidimos usar elsuelo en el país, dónde ponemos las cosas, cómo esto afecta y contamina el agua.
Después de 25 años, ¿qué es lo próximo para CDK?
—Luego de estos 25 años, nos dimos cuenta de que necesitamos crear instituciones más sólidas desde el punto de vista de educación. Solamente una ciudadanía informada puede tomar decisiones correctas. Entonces, en 2016, logramos adquirir un edificio que estaba abandonado hace 10 años, en el que ubicaba la escuela elemental del pueblo de Arecibo, construida en 1938. Allí, levantaremos el Instituto del Karso de Puerto Rico y el Caribe, que es nuestro próximo gran proyecto.
¿En qué consiste el Instituto?
—Es un plantel de dos pisos. En el primero, vamos a establecer un museo de historia natural de Puerto Rico y el Caribe, donde a los niños se les pueda enseñar cómo fue que surgió la isla, cuáles fueron sus primeros pobladores y cuáles son nuestras amenazas actuales ante el impacto de la crisis climática que enfrentamos. El segundo piso será un centro de investigaciones. Va a tener laboratorios y auditorios, para que los chicos tengan la oportunidad de aprender más sobre ciencia.
¿Cuándo abriría sus puertas?
—Un centro como este no existe en Puerto Rico y espero tenerlo, como máximo, en cinco años. Costaría $15 millones, que obtendríamos de una combinación de múltiples fondos.
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