El ciclón dañó todas las pertenencias de Yolanda Sánchez Alvarado y su niña de 10 años en el sector Playita.

Nota del editor: te invitamos a mantenerte bien informado durante esta emergencia. Accede libre de costo a todas las noticias y actualizaciones relacionadas con el paso del huracán Fiona por Puerto Rico. Gracias por apoyar el periodismo responsable. Suscríbete hoy.

---

Don Luis Vázquez Ortiz y su familia, aún duermen en los catres que les dieron en el refugio, a donde llegaron el lunes de madrugada tras ser rescatados por los bomberos de una terrible inundación ocasionada por la marejada ciclónica y las intensas lluvias que dejó a su paso el huracán Fiona en la comunidad Playita de Salinas.

Allí permanecieron hasta el miércoles cuando lograron acceso hacia el barrio, cuyas calles estuvieron intransitables por casi cuatro días, pero al llegar, sus sueños se desvanecieron en tan solo un instante, al ver su vivienda repleta de agua y fango.

“Fue impresionante… demasiado. Todos empezamos a llorar porque fue algo horrible, ver ese fango, la casa negra por dentro. Todavía está la marca donde llegó el agua”.

(Perdimos) todo, todo; muebles, camas, alimentos… todo”, expresó ahogada en llanto, Damaris Surén Rodríguez, esposa de don Luis.

Ese instante fue el botón que oprimió la desesperación de esta familia salinense, que días antes presenciaron cómo el río Nigua se metió por detrás de su casita y puso en peligro sus vidas, ya que reside con su esposa, nietos y un biznieto.

“En el momento que el mar entra de cantazo, que vemos subir y subir; ahí cogimos miedo por el nene que estaba aquí. Ahí, rapidito, mi nieta llamó y ellos llegaron rapidito. Se tiraron al nene en la espalda pa’ poderlo sacar, porque ya él solo no podía salir”, relató doña Damaris sobre el momento en que los bomberos rescataron a su biznieto de aproximadamente ocho años.

“Gracias a Dios que ellos llegaron a tiempo y nos sacaron de aquí. Fuimos bien recibidos en el refugio, nos trataron bien los días que tuvimos. Le damos las gracias a todos los que nos ayudaron”, agregó Surén de 65 años.

Sin embargo, el impacto de perder todas sus pertenencias se convirtió en el momento más crítico para don Luis, que también vivió el embate del huracán Georges en 1998.

“Nunca habíamos pasado esto en la vida, porque sí, se había llenado, pero no en esta forma. Las camas se movieron todas de sitio, se mojaron to’as. Tengo unos muebles ahí que los cogí fia’os. No sé qué voy a hacer con ellos, porque llamé a la mueblería y estoy esperando una respuesta de ellos”, expresó con evidente resignación.

Esta familia lo perdió todo, aunque ha recibido la ayuda de buenos samaritanos que se han acercado a la comunidad para llevarles agua, comida y artículos de primera necesidad, entre estos, el artista urbano Eladio Carrión que se apareció de sorpresa y les regaló un generador eléctrico.

“Por lo menos, necesitamos camas, porque con una camita, por lo menos uno se libera de los catres. Yo no puedo dormir, pero con una camita se levanta uno con más fuerza y puede seguir haciendo las cosas. También necesitamos muebles y las cosas de la casa”, resaltó el hombre de 70.

En la misma calle de la familia Vázquez Surén, reside Ileana Rodríguez Márquez con su esposorío

“Me tuve que quedar porque ya el agua estaba adentro. ¿Qué iba a hacer? Fue algo bien desesperante ver el río en mi casa, porque para María subió, pero no como otras veces. Pienso que son las construcciones aledañas o cambiar el rumbo del río por un puente que hicieron, pues nos afectaron a nosotros bastante”, reveló la fémina de 53 años.

“Ocho pulgadas tuve yo adentro de agua. Fue de noche, a las 3:00 de la mañana, no había luz… yo alumbrando a mi esposo y mi esposo sacando el agua para poder tener un pedacito seco donde caminar. Tengo varias condiciones y el agua fría así me hizo daño, mientras le pedía a Dios que aplacara y se fuera la lluvia”, lamentó al mencionar que puso a salvo a sus dos perritos.

Al igual que decenas de familias del barrio Playita, Ileana perdió todas sus pertenencias, incluyendo a sus gallinas que le servían como terapia, ya que padece de los nervios.

Por su parte, Yolanda Sánchez Alvarado, quien reside en la comunidad con su hija de 10 años, contó que no estaba en su casa durante la emergencia, pues la activaron en su trabajo como guardia de seguridad del hospital de Cayey.

Pero al regresar el martes, la mujer de 48 años quedó en estado de shock al ver que su hogar estaba inundado y sus pertenencias completamente dañadas, incluyendo el carro.

“Se perdió todo; las camas, los muebles, los enseres, todo. Nunca me lo imaginé. Uno trabaja para tener lo de uno, y, pues, perderlo así es duro. De verdad es duro y pues, volver a empezar”, confesó.

💬Ver comentarios