Luz Vázquez Kiles de 73 años y residente del barrio La Hacienda en Comerío, muestra su residencia tras el paso del huracán Fiona.
Luz Vázquez Kiles de 73 años y residente del barrio La Hacienda en Comerío, muestra su residencia tras el paso del huracán Fiona. (Stephanie Rojas)

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Comerío- Adelaida Colón Bermúdez, de 73 años, comenzó a limpiar ayer el hogar que ha mantenido con tanto sacrificio por los pasados 45 años, luego que el inmueble fuera impactado nuevamente por las inundaciones del río La Plata a causa de las lluvias del huracán Fiona.

Al comenzar a recibir el servicio de agua potable desde el miércoles en la noche, decenas de familias en Comerío, como la de Colón Bermúdez, iniciaron la limpieza de escombros y fango que dejó Fiona en sus residencias, las que también fueron destruidas en medio del huracán María, en el 2017.

“Para María, lo perdí todo. Ahora, se volvió a meter el río. (…) Todo esto lo estaba poco a poco arreglando, y ahora tengo que sacar (dinero) para construir otra vez”, dijo Colón Bermúdez, quien pasó la emergencia en el apartamento de su nieta porque su hogar queda en una zona inundable.

En el patio de la residencia de “Aya”, como le dicen sus familiares y vecinos, María destrozó parte del muro que protegía la vivienda de la entrada del agua del río por lo que se encontraba más vulnerable en esta ocasión.

Colón Bermúdez encontró su vivienda llena de lodo y agua hasta unas cinco pulgadas de alto. No fue hasta el jueves que logró limpiar. “Sin agua, uno no puede limpiar, y vuelvo mañana para seguir limpiando”, dijo.

El esposo de su nieta, Jesús Sánchez Díaz, le ha ayudado a vaciar la propiedad, que fue impactada por objetos como colchones arrastrados por el río que recorre varios municipios del centro del país.

“Estoy ayudándola porque la familia siempre debe dar la mano. Empezamos hoy (jueves) porque anoche fue que vino el agua. La presión no es muy fuerte. Todo es poco a poco”, dijo Sánchez Díaz.

“Menos mal que mi mamá no pasó esto. Ella murió en el 2015. Ella era de las que no quería irse de su casa. Siempre decía: ‘Váyanse ustedes. Yo me quedo’”, recordó Colón Bermúdez.

Ella es conocida en la comunidad por vender límbers de todos los sabores, uno de sus ingresos además del Seguro Social. Tuvo una pérdida de 200 unidades debido a la falta de energía eléctrica desde el sábado pasado.

En el pasillo, cuartos, cocina, sala y marquesina aún hay tierra que dejó el cuerpo de agua. El Municipio de Comerío vino a su casa, y tomó fotografías de los daños. “Tenía las cunitas de mis bisnietos porque los cuido. Se perdieron”, compartió.

En el barrio Parchas, en Comerío, Ana Rivera y su hija, Damaris Cintrón Rivera, también perdieron muebles, enseres y otras pertenencias en su propiedad aledaña al río. “Todo estaba horrible. No había paso por las inundaciones. Ayer (miércoles), fue que pudimos llegar”, explicó Rivera.

La comerieña pasó el huracán Fiona en la residencia de su hija en Naranjito. “Lo más que me preocupa es que tenemos que pagar una compañía privada para que venga a limpiar toda la parte de atrás, que ya la otra vez (con María) lo hicimos, para que no se queden todos esos peces muertos y desperdicios en la propiedad”, comentó Cintrón Rivera.

“Todo es complicado, pero estamos vivos. En Naranjito, vivimos derrumbes. Gracias a Dios, ayer nos llegó el agua, pero la luz todavía”, agregó Cintrón Rivera.

La historia es la misma en la residencia de Luz Vázquez Quiles, de 73 años. En medio del proceso de limpieza, la residente enumeró sus perdidas. “La nevera la encontramos patas arriba, la estufa también destrozada. Se dañó el gabinete, las cortinas, las camas, el baño…”, enumeró sobre las pérdidas en su residencia aledaña al río.

Su sobrina, Rosa Díaz Vázquez, que vive en el piso de arriba, también sufrió leves daños. Contó que la noche del domingo tuvo que ser rescatada porque el agua ya estaba alcanzando una altura peligrosa. “A las 11:00 p.m. (del domingo), me bajé y me tiré con mis perritos. Un muchacho me vio, y se amarró a una soga y me ayudó”, narró sobre cómo sobrevivió a la inundación.

Vázquez Quiles resaltó el apoyo comunitario en su vecindario. “No nos dejamos caer. Es lo bueno que tenemos”, dijo a pesar de todo lo que ha vivido en los pasados días.

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