La proliferación de los jacintos de agua, o lirios acuáticos, ha planteado retos en el manejo de los embalses de Puerto Rico, y ha requerido, por años, distintos esfuerzos de control y remoción por parte de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA).
Esta especie de planta acuática, de brillantes hojas verdes y de hermosa flor violeta —conocida científicamente como Eichhornia crassipes— crea densas capas de follaje sobre la superficie del agua. Si su crecimiento es abundante, puede afectar la luz solar y los niveles de oxígeno en el agua.
“Por su proceso de evapotranspiración acelera de siete a 10 veces más la evaporación natural. Por lo tanto, perdemos cantidades adicionales de agua por esta evaporación extrema”, explicó, en 2019, el destacado ecólogo, ingeniero y ambientalista puertorriqueño Carl Soderberg en una columna de El Nuevo Día titulada “La tragedia de los jacintos”.
“Además, propician la propagación de mosquitos, vectores de muchas enfermedades”, añade.
Desde el pez Amur, un pez herbívoro ruso, y la posible crianza de un hongo que ataca las hojas flotantes; hasta la introducción de una especie de escarabajo conocido como “flea beetle” y el uso del compuesto químico “2,4-D”, asociado al agente naranja —una potente mezcla de herbicidas y defoliantes que el Ejército de Estados Unidos usó masivamente durante la Guerra de Vietnam— la AAA ha puesto en práctica, sin éxito, varias soluciones para mitigar la presencia del jacinto de agua.

Pero, ¿sabías que entre las soluciones propuestas estuvo la importación de hipopótamos para liberarlos en los embalses de Puerto Rico y que se alimentaran de esa planta?
“Un balde de jacintos”
Según recordó Soderberg en una conversación con este medio, la idea de la introducción de hipopótamos para el control de las plantas surgió de la propia AAA.
En la edición del 28 de junio de 1971, un artículo del periódico El Mundo, titulado “Los hipopótamos: ¿solución o broma?”, escrito por el biólogo y catedrático de la Universidad de Puerto Rico doctor Herminio Lugo Lugo, arroja luz sobre el posible origen de esta idea.

“Esta curiosa solución, que se inició en el calor de un coctel en La Fortaleza. Pretende recomendar la introducción a la Isla de hipopótamos por el mero hecho de que los ejemplares del zoológico en Washington hayan disfrutado de un delicioso aperitivo tropical: una ración de varias matas de jacintos de agua procedentes de Puerto Rico”, señala el artículo.
Lugo Lugo hace referencia al ejercicio realizado por la periodista de ese diario, Amy Bragg, quien, ese mismo año, condujo el experimento de primera mano. La edición de El Mundo del 5 de junio de 1971, el artículo editorial titulado “Hipopótamos ¿solución al Jacinto PR?”, menciona la prueba hecha por la periodista.
“Amy Bragg, reportera del periódico EL MUNDO, giró visita a Washington esta semana para investigar la posibilidad de si los hipopótamos comerían jacintos puertorriqueños… llevó consigo en su viaje a Washington un balde lleno de jacintos y se dirigió al parque zoológico donde dos de estos enormes animales parecieron disfrutar de las plantas”, señala el artículo.
A partir del artículo posterior de Lugo Lugo, se puede deducir que el experimento de la periodista fue un éxito.
Voces a favor y en contra
En su artículo “A pesar de oposiciones continúan planes para traer hipopótamos”, también publicado en El Mundo el 15 de octubre de 1971, Bragg comenta sobre el proceso de investigación antes de ejecutar la idea.
“El doctor Ernesto Colón, director del Instituto de Investigaciones de Recursos de Agua del Colegio de Agricultura y Artes Mecánicas de Mayagüez, encabeza el equipo de científicos que llevará a cabo las investigaciones para comprobar si el hipopótamo servirá como un arma efectiva contra los jacintos de agua que se han convertido en una plaga que amenaza con secar los lagos más vitales de la Isla”, apunta el artículo.
“Ya el zoólogo Frank Valle, del Colegio de Ciencias de Mayagüez, ha terminado sus estudios preliminares sobre las facilidades de llevar a cabo las investigaciones con estos animales, y los científicos Ramón Seda y Roberto Ortiz han preparado el proyecto para la consideración de las agencias pertinentes y las fuentes de donde esperan conseguir el financiamiento”, agrega.
En un artículo previo, la periodista indica que “los que abogan por la importación de los hipopótamos a Puerto Rico, usan como argumento que el Gobierno se economizaría mucho en la limpieza de los lagos y ríos, serían un control biológico, se evitaría el uso de yerbicidas que podrían ser nocivos a la salud humana y quizás serían un atractivo turístico”.
La referencia a los herbicidas alude a la controversia suscitada en 1970 por el presunto uso indiscriminado, en los embalses de Puerto Rico, de un herbicida relacionado con uno de los componentes del llamado Agente Naranja, por parte del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos (Usace, por sus siglas en inglés).
Bragg menciona al doctor Juan Rivero, del Colegio de Ciencias del Recinto de Mayagüez y por quien se nombró al zoológico de esa ciudad, como otro de los expertos que vio con buenos ojos la introducción del mamífero.

“Económicamente no veo ningún peligro en importarlos si es que el animal es competente”, indicó Rivero a la periodista.
Otros mostraron cautela con la idea, como el entonces director de la División de Pesca y Vida Silvestre de Puerto Rico, Félix Iñigo, quien dijo a Bragg que “sería ideal reducir la incidencia de la planta por su tasa de transpiración tan alta.” Pero “a mí no me fascina la idea (del hipopótamo)”.
Por su parte, en su artículo, el doctor Lugo Lugo fue uno de los expertos que cuestionó con vehemencia la efectividad de la idea.
“Esta prueba no es convincente pues en la cautividad el animal no puede hacer otra cosa que comer lo que el hombre le ofrezca: aunque debo reconocer que, si no le gusta, aunque esté en la necesidad más grande, pues no lo come. ¿Se podría convertir el hipopótamo en una versión gigante de nuestra experiencia con la mangosta?”, cuestiona el biólogo.
Las mangostas, introducidas en Puerto Rico en 1872 desde Asia para controlar las ratas en los cañaverales, figuran hasta hoy entre las especies exóticas invasoras que mayor impacto han tenido sobre el ecosistema de la isla.
Advierte sobre riesgos
Lugo Lugo advirtió sobre varios potenciales peligros de introducir hipopótamos a los cuerpos de agua de Puerto Rico. En su artículo de El Mundo hace contundentes advertencias.
“Se alega en los artículos presentados en la prensa que los hipopótamos son completamente inofensivos para los humanos. En conversación informal que sostuviera con el doctor Cameron Kepler y su señora, distinguidos ornitólogos que estudian la extinción de la cotorra puertorriqueña en el Yunque, me informan el hecho de que en el Parque del Nilo Victoria en África mueren anualmente más de 1,000 personas como resultado de la actividad violenta de los hipopótamos”, indica el científico en su escrito.

“Un hipopótamo requeriría un promedio de 9,900 libras de materia vegetal mensualmente. Puerto Rico carece de las inmensas sabanas presentes en el África para sostener a tan voraz animal. Por consecuencia, tendríamos que concluir que los animales harían sus incursiones nocturnas a los sembrados de guineos, malangas, yautías, ñames y demás productos agrícolas que se producen en los terrenos circundantes a nuestros lagos artificiales”, añade.
Otro de los puntos que Lugo Lugo planteó fue la necesidad de investigar si los hipopótamos requerirían alimentos y suplementos vitamínicos para mantenerse saludables con una dieta compuesta casi exclusivamente de jacintos. El biólogo argumentó que esas “provisiones adicionales” representarían un gasto para el erario.
Eventualmente, la propuesta fue abandonada ante el temor de que el mamífero pudiera convertirse en una especie invasora y potencialmente agresiva en los ecosistemas locales, como ha ocurrido, por ejemplo, con la población de caimanes en Puerto Rico.

