

25 de octubre de 2026 - 11:49 AM

São Bernardo do Campo, Brasil - Los brasileños acuden a las urnas este domingo entre el temor de los votantes del presidente Luiz Inácio Lula da Silva a un regreso de la familia Bolsonaro al poder y el descontento de quienes reclaman un cambio preocupados por las dificultades económicas y la inseguridad.
“La democracia, nuestra soberanía, el respeto al pueblo, a los pobres, a las mujeres. La dignidad, en definitiva. Está todo en juego”, resume Lourdes, jubilada de 63 años, que lleva décadas votando al Partido de los Trabajadores (PT) desde su colegio electoral en São Bernardo do Campo, ciudad vecina a São Paulo.
Ante una posible victoria de Flávio Bolsonaro, confiesa sentir “mucho miedo” y no sabe cómo encajaría una derrota de Lula. “Me dan ganas de llorar”, admite.
Confiesa no saber qué haría si Bolsonaro llegara al poder, hasta el punto de plantearse abandonar Brasil para reunirse con su hija en el extranjero o vender su casa, comprarse una autocaravana y vivir aislada en la carretera, porque, asegura: “no voy a poder soportarlo”.
En el otro lado de la disputa, Camila, de 44 años y gerente de ventas, considera que Lula ya ha cumplido su ciclo: “Para mí, creo que ya dio” todo lo que tenía que dar, afirma.
Su principal preocupación es la inseguridad, y mientras sostiene la mano de su hija, explica que “la criminalidad es muy elevada, y eso asusta un poco”.
Después de que el senador Flávio Bolsonaro ganase la primera vuelta de las elecciones con dos puntos porcentuales sobre Lula, las encuestas apuntan a su victoria, pero con un pequeño margen que aún sostiene las esperanzas de quienes confían en la remontada del presidente.
De ganar el octogenario líder progresista, sería la primera vez en la historia democrática de Brasil en la que el vencedor de la primera vuelta no llegaría al Palacio de Planalto.
El descontento con la situación económica alimenta las expectativas de cambio de Cristiane da Silva, una contable de 52 años, que considera que una parte importante de la población está insatisfecha con el rumbo del país porque el encarecimiento de la vida dificulta cada vez más llegar a fin de mes.
“Vamos al supermercado y no podemos comprar las mismas cosas que comprábamos hace un año o hace seis meses”, lamenta, antes de reclamar una alternativa que permita salir de la polarización política, “una tercera vía”.
Denis Salgueiro, de 37 años y metalúrgico, mantiene su apoyo a Lula desde 2002 porque considera que el presidente es quien más se preocupa por los trabajadores y las personas con menos recursos.
Una convicción que también vincula con la historia de su familia: “Al igual que mi padre, que hoy está en el cielo y siempre luchó en las huelgas por mejorar las condiciones laborales y por los derechos de los trabajadores, yo también estoy aquí representándolo”.
La preocupación por los derechos de las minorías adquiere un rostro familiar en Lúcia, arquitecta de 62 años, que volverá a votar por Lula ante el temor de que Flávio Bolsonaro siga los pasos de su padre, especialmente en cuestiones que afectan a su hija, bisexual y casada con otra mujer.
Esta realidad convierte estas elecciones en algo personal para ella: “Me parece un poco falso”, dice sobre el candidato opositor, de quien cree que “seguirá la línea del padre”, el expresidente Jair Bolsonaro, condenado por golpismo y muy crítico con el colectivo LGTBIQ+.
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