

3 de julio de 2026 - 11:12 AM


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Sin haber sido citadas por la Policía de Puerto Rico, Elvia Cabrera Rivera y sus dos hijas Anthonieska y Anthiany Avilés Cabrera acudieron durante la tarde del lunes, 11 de agosto de 2025, al cuartel de distrito de Aibonito, pero guardaron silencio.
Así lo reveló el agente Ángel Torres Romero, adscrito a la División de Homicidios del Cuerpo de Investigaciones Criminales (CIC) de Aibonito, quien asumió las riendas de la pesquisa sobre el crimen de la menor Gabriela Nicole Pratts Rosario, de 16 años.
Durante el interrogatorio de la fiscal Silda Rubio Barreto, mencionó que las tres mujeres se ampararon en la Quinta Enmienda, lo que significa que ejercieron el derecho constitucional a guardar silencio para no autoincriminarse por instrucciones de su abogado.
Antes de entrar inicialmente en estos detalles, la fiscal solicitó activar la Regla 109 de Evidencia de Puerto Rico, que provocó que el jurado fuera retirado de la sala 1 mientras se discutía la admisibilidad de esta parte del testimonio del agente como evidencia en el caso.
“Se me notificó que llegó una dama con sus dos hijas al cuartel. Era Elvia con sus dos hijas. Nadie las había citado. Tampoco nadie había citado a Gabriela Figueroa Arroyo ”Gaba", que antes de que ellas llegaran, también llegó al cuartel en compañía de sus padres", dijo.
Indicó que procedió a llevarlas al cuarto de entrevista en el cuartel y que les leyó las “Advertencias Miranda para persona sospechosa en custodia”, que incluyen, por ejemplo, que una persona tiene derecho a permanecer callada y negarse a contestar preguntas.
Estos aspectos de la declaración del agente no se escucharon en la transmisión electrónica, por lo que solo pudieron ser escuchados inicialmente por el juez Luis S. Barreto Altieri, del Tribunal de Aibonito, las fiscales, la defensa y el público presente en sala.
“A ellas se les leyeron las advertencias (de ley) y decidieron no hacer la entrevista. Me informaron dónde residían porque yo se los solicito. No proveyeron ninguna información relacionada a la querella (del crimen). Lo que me dice Elvia era que no quería que se le estuviera entrevistando porque así se lo informó su licenciado”, dijo Torres Romero.
Según la evidencia presentada, Cabrera Rivera firmó las advertencias de ley a la 1:58 p.m. del 11 de agosto de 2025 y “ejerció el derecho a no declarar”, al igual que sus hijas Anthiany y Anthonieska, que hicieron lo mismo a las 2:00 p.m. y 2:10 p.m., respectivamente.
Es importante destacar que, cuando una persona se acoge a la Quinta Enmienda, está ejerciendo una protección constitucional que es absoluta, por lo que no puede interpretarse su silencio como una admisión de culpabilidad, un elemento que recordó la defensa.
“Yo les pregunté también sobre el vehículo que ella poseía y dónde residía porque quería corroborar lo que me había indicado Gabriela Figueroa Arroyo por instrucciones de la fiscal, que ya había dado instrucciones para registrar la casa”, comentó.
Tras esta parte del testimonio, las partes argumentaron en corte abierta las razones por las que debía o no ser admitida como evidencia. El licenciado Alberto Rivera Ramos planteó que, en caso de que se admitiera, se debían preservar los derechos de su representada.
Con esto, alegó que el agente vulneró el derecho constitucional de su representada al exponer la razón específica por la cual se acogió a la Quinta Enmienda, un derecho que protege a cualquier ciudadano a no autoincriminarse cuando es sospechoso de un delito.
Advirtió, incluso, que este aspecto del testimonio podría desencadenar en un mistrial, que en derecho penal se traduce como “juicio nulo” o “nulidad del juicio”. Es decir, que un juicio se interrumpe o se invalida antes de llegar a un veredicto.
Sin embargo, el juez rechazó que esto pueda derivar en un mistrial, pero sí ordenó proteger parcialmente lo que se declararía ante el jurado. Tras esto, se decretó un receso de 20 minutos. Luego, se reanudaron los trabajos y se ordenó la entrada del jurado a sala.
Con los 12 miembros principales del jurado y los cinco suplentes presentes en la audiencia, la fiscal retomó el interrogatorio centrado en la llegada de la acusada y sus hijas al cuartel, pero el testimonio se limitó a indicar que no quisieron ofrecer expresiones.
Asimismo, Torres Romero reveló que, cuando Avilés Cabrera, también coacusada del crimen de Pratts Rosario, tomó el bolígrafo para firmar el documento sobre las advertencias en ley, notó que esta tenía cortaduras en sus dedos y en la mano derecha.
El agente indicó que esto corroboraba que la versión ofrecida por Figueroa Arroyo a la Policía “era la correcta”. Explicó que, antes de que Cabrera Rivera y sus hijas llegaran al cuartel, Figueroa Arroyo ya había acudido a las instalaciones junto a sus padres.
En esa entrevista, Figueroa Arroyo declaró que la noche del domingo 10 de agosto de 2025, cuando Pratts Rosario fue gravemente herida, Avilés Cabrera, cerca del negocio La Placita Martínez, le mostró sus manos ensangrentadas y le dijo: “Gaba, Gaba, la apuñalé”.
Torres Romero, quien lleva 27 años de servicio en la Policía de Puerto Rico, informó en corte abierta que fue activado durante la madrugada del 11 de agosto de 2025 por el teniente Miguel Maldonado, director de la División de Homicidios del CIC de Aibonito.
Detalló que llegó a eso de las 2:10 a.m. al cuartel de distrito, donde el sargento Arnold García le dio la instrucción de movilizarse al hospital Menonita. En compañía de este último, dijo que llegó a la institución, a donde además asistieron otros cinco oficiales.
Posteriormente, comentó que habló con la doctora Carla Mercado, a quien le preguntó dónde se encontraba la víctima, entre otros detalles. Allí, dijo, también estaba el agente Alfredo Fortier, quien estaba en el área de trauma, donde se encontraba la occisa. Este le dio el nombre de varias sospechosas: Elvia, Anthiany, Figueroa Arroyo y Anthonieska.
Asimismo, mencionó que el menor de 16 años, quien también resultó herido en el incidente, se encontraba recibiendo asistencia médica, pero no lo pudo entrevistar en ese momento, ya que se encontraba “adolorido, se estaba quejando y estaba nervioso”.
“Fui donde Lismary (la hermana de la víctima), que estaba en una camilla, tenía un hematoma y le faltaba una uña en su mano derecha. Mientras, Lisandra estaba descompensada. Estaba llorando. Estaba triste. No podía hablar. Ella estaba siendo atendida en una de las áreas del hospital. En ese momento, no podía dirigirse a las preguntas que yo le estaba haciendo”, dijo.
El testigo continuó su relato informando las gestiones que hizo en el hospital esa noche, así como las instrucciones que le dio a la agente Glenda Vázquez para documentar todo lo relacionado con el caso.
“Ella, Gabriela Nicole, se encontraba en una camilla boca arriba. Su nombre era Gabriela Nicole Pratts Rosario. Tenía 16 años. La misma presentaba heridas de arma blanca en diferentes partes de su cuerpo”, detalló el oficial a preguntas de la fiscal.
Como parte de la investigación, afirmó que se les tomaron fotografías a todas las personas involucradas directa e indirectamente con el incidente. Agregó que, sin embargo, los menores que estaban en el lobby del hospital fueron citados para comparecer al cuartel.
Posteriormente, indicó que acudió a la escena porque quería tener la información de primera mano antes de comenzar las entrevistas formales en el caso. “(Quería) ver y familiarizarme con lo que había en la escena para cuando fuera a entrevistar a los testigos”, comentó.
Informó que estuvo en el hospital hasta las 5:00 a.m., pero a eso de las 5:12 a.m. llegó a la escena, donde observó que había patrullas bloqueando el área desde donde ubica una conocida mueblería hasta el extremo donde ocurrió el asesinato.
“Allí le pregunté a (Héctor Luis) Garriga donde fueron los hechos, por lo que este me dirigió a la mitad del desvío, donde se encontraba una mancha de sangre y otra evidencia”, subrayó.
Entre la evidencia ocupada se encontraba una pompa de asma, un llavero, una peinilla marrón —que estaba completa—, otra peinilla rosa —a la que le faltaba el cabo—, un vaso marca Yeti y un reloj Apple. Indicó que la evidencia fue ocupada siguiendo la cadena de custodia de evidencia.
Abundó que parte de la evidencia fue enviada al Instituto de Ciencias Forenses (ICF) para su respectivo análisis, mientras que otra se le entregó a Lisandra Rosario, madre de la víctima, ya que era de su propiedad. “Se le entregó por instrucciones de la fiscal”, sostuvo.
En cuanto a la peinilla a la que le faltaba la parte del cabo, detalló que también fue enviada al ICF para ser analizada. “A la peinilla le faltaba donde se agarra. Tenía un hueco de una pulgada y media (de ancho). La otra parte era como unas cuatro o cinco pulgadas (de largo). No se encontró en la escena (la otra parte de la peinilla”, comentó el oficial.
Esta descripción coincide con el detalle incluido en la acusación formal presentada por el Estado, que detalla que “a propósito y con conocimiento, sin motivo justificado, utilizó un arma blanca, objeto cortante punzante, como de una pulgada de ancho aproximadamente y cinco pulgadas de largo, con punta filosa, o un objeto similar que pueda ser considerado como un arma blanca, en la comisión del delito”.
El agente confirmó que, mientras estaba en la escena, a eso de las 6:12 a.m. se le acercó la madre de la víctima para indicarle que su auto Hyundai color rojo “no se encontraba donde ella lo había dejado”, por lo que se le notificó a la División de Vehículos Hurtados. “Los hechos ocurrieron posterior (al crimen)”, comentó.
Ese 11 de agosto de 2025, indicó que se marchó a las 7:30 a.m. para el cuartel, donde entrevistó a la madre y la hermana de la víctima, así como a otros menores que estuvieron en los predios del desvío. Precisamente, confirmó que la hermana de la víctima le especificó durante la entrevista que Karelyn, la novia de Miriathny, quien a su vez es hermana paterna de Anthonieska, estaba “vestida de azul”, lo que resolvería el misterio de la pasada vista.
Mencionó que también entrevistó a Figueroa Arroyo, quien llegó al cuartel entre las 11:30 a.m. y las 11:40 a.m. en compañía de sus padres, aunque no había sido citada por la Policía. Confirmó que le leyó las advertencias en ley y que esta incriminó a Avilés Cabrera. Agregó que esa información se la brindó a la fiscal que estaba antes en el caso.
“De acuerdo a la información que tenía al momento, la persona que había apuñalado a Gabriela era Anthonieska”, detalló el agente, quien entonces indicó que, con dicha información, se hizo un allanamiento a la residencia de Cabrera Rivera a las 9:20 p.m. del 11 de agosto de 2025, donde no se ocupó parcialmente la ropa que tenían las acusadas la noche que ocurrió el crimen.
El agente reveló que, como parte de la investigación, se entrevistó a múltiples personas, entre ellas Miriathny Avilés Rodríguez, quien finalmente entregó su celular y un pantalón con presuntas manchas de sangre a las autoridades.
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