


El 30 de junio de 2026, en una decisión 6-3, el Tribunal Supremo de Estados Unidos reafirmó la doctrina de que los hijos e hijas de personas “indocumentadas” nacidos en Estados Unidos son ciudadanos estadounidenses por nacimiento (Trump v. Barbara, 2026). Donald Trump había pedido, desde muy temprano en su segundo mandato, una relectura restrictiva de Wong Kim Ark, el precedente de 1898 que consagró la ciudadanía por nacimiento, y fue derrotado. La presión ejercida por el presidente estadounidense fue tan enorme que llegó a presentarse personalmente a la vista oral del caso, convirtiéndose en el primero en funciones en asistir a una vista oral en la historia de ese Tribunal. Es una derrota judicial significativa en medio de un alto porcentaje de victorias que siguen ampliando lo que se ha dado en llamar “la presidencia imperial”. Desde Puerto Rico, el pleito sobre quién nace ciudadano nos resulta menos ajeno de lo que parece: llevamos más de un siglo viviendo las paradojas de una ciudadanía estadounidense condicionada.

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