


En apenas siete meses, Puerto Rico presenció dos desenlaces judiciales que estremecieron a la opinión pública. El 15 de septiembre de 2026, Anthonieska Avilés Cabrera se declaró culpable del asesinato de la adolescente Gabriela Nicole “LeLa” Pratts y fue sentenciada a 38 años de prisión. Meses antes, en febrero, un tribunal absolvió a un enfermero acusado de matar a tiros al reconocido biólogo marino Roberto Viqueira Ríos, al acogerse la teoría de legítima defensa. Dos casos, dos rutas procesales opuestas: una condena y una absolución. Un mismo denominador: en ninguno medió el perdón. La respuesta institucional cerró el capítulo procesal, pero el capítulo humano permanece abierto.

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