En Puerto Rico hay 600 mil personas con ¿diabetis, diabetes? Mire, cualquiera es terrible. Y a lo nuestro... ¿por qué se oyen ambas formas? Amigo, antes de explicarle esa alternancia entre la /e/ y la /i/ le cuento que esta sinvergüenza nos llega del griego diabetes y, como afirma Díaz Rojo, se deriva de diabaíno (con el significado de caminar). Día- es un elemento compositivo que significa a través (como en diámetro, diapasón, diagonal, etc.), mientras que -baíno nos remite a andar. Pingarrón añade que fue Galeno, en el siglo 2 d.C, quien empleó diabetes como “dolencias acompañadas de orina frecuente”. Y como si de metáforas estuviéramos escasos, en el siglo 17 apareció la expresión diabetes mellitus (“exceso de orina con sabor a miel”) ¡fochi! Sigamos… Diabetes, que originalmente significó “micción frecuente” es hoy el nombre de una condición metabólica. ¿Y la diabetis con i? Pues nada que ver con el rico aceite de oliva español; este es otro Betis®. El –betis que nos ocupa puede ser por influencia de la pronunciación inglesa, o porque al estar la [i] articulatoriamente más cerca de la [t] y la [s] el hablante convierte la [e] en [i]. Pasa igual con reversa, un anglicismo que convive con riversa. En este caso, sospecho que el cambio de la vocal responde a la misma diabética razón, como consecuencia de la pronunciación en inglés, o porque la [i] de riversa está más cerca de la [r] y de la [v], que la [e]. Para concluir, reversa, riversa, diabetes, diabetis, si no hay marcha atrás para la condición, cuídese, visite a su médico y no ande descalzo.
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LA TERRIBLE ¿DIABETIS?
Aida Vergne explica los vocablos diabetes y diabetis.
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