Pedro Ortiz
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Las cuentas del pasado hay que pagarlas

Los graves disturbios que sacuden a Estados Unidos tienen su origen en cosas que no se resolvieron hace muchos años, pero que demasiada gente pensó de manera equivocada que, con dejarlo pasar, con olvidarlos, no regresarían a pasar factura. Pero las cosas no son así; ni en la historia general de los seres humanos, ni en sus vidas particulares.

El racismo, ha dicho el papa Francisco, es pecado; y por eso es malo en cualquier parte del mundo, pero en esa nación de Norteamérica es algo horroroso, como lo atestiguan los hechos sangrientos de policías matando personas cuya piel les recuerda la esclavitud. Eso no ocurre así en todas partes del mundo. Eso ocurre allí. Para las víctimas de ese desastre, va mi oración y solidaridad militante. No voy ni siquiera a tratar de decir cosas como que en Puerto Rico también eso ocurre, o el colmo de que aquí es peor, porque se oculta. 

Nada de eso; en todas partes no cayó la bomba atómica, eso ocurrió en Hiroshima y Nagasaki y las tiró Estados Unidos. En todas partes no ocurrió la masacre de Mi Lai, eso ocurrió en Vietnam y la cometieron soldados de ese mismo país. México no ha invadido a Estados Unidos, fue al revés. Ni fue España la que atacó a Estados Unidos en 1898, fue al revés.

La triste realidad es que Estados Unidos, como otros países, tiene muchas cosas sin resolver y esas cuentas viejas regresan y hay que pagarlas.  

Pero sí hay algo que es de carácter general, tanto para la vida de las sociedades, como de los individuos. Es algo general para los seres que somos a la vez sujetos y objeto de la historia. Y es que esos asuntos no resueltos se quedan pendiente de su pago. 

Es por eso que dice el evangelio que “si vas a llevar una ofrenda al altar,  y en el camino recuerdas que hay un hermano (hombre o mujer, persona o grupo...) que tiene algo contra ti (no tú contra él, él contra ti), deja allí mismo la ofrenda que llevas a Dios y atiende el asunto que tienes con tu hermano; o sea, ve a reconciliarte con tu hermano al que has ofendido. No dejes en el olvido las cuentas que tienes pendiente con tu hermano”.

En Puerto Rico tenemos nuestras propias cuentas pendientes de pago, tanto en lo histórico como en lo social y lo individual. Me parece que sería bueno que cada quien haga su propio examen de conciencia.

Hemos entrado a este período de cuarentena por la pandemia con las cargas del pasado, como haber destruido defensas que eran muy necesarias para casos de emergencia en el país. Entramos a este período luego de haber abandonado y cerrado cientos de escuelas públicas, los hospitales, las protecciones laborales, los proyectos de país. Pero la verdad es que tampoco hemos aprovechado el tiempo para reconciliarnos, ni para construir un Puerto Rico más justo, ni más libre. Estamos faltando a nuestra responsabilidad social. 

Hablan de una nueva normalidad y mucho me temo que lo que quieren significar con eso es que ahora los abusos serán todavía más generalizados, como por ejemplo que los estudiantes habrán perdido su derecho de ir a la escuela o a la Universidad, pues el impulso es para que los estudios sean “en línea”.  

¿De verdad se creen que eso de aprovechar la crisis para implantar leyes y decisiones abusivas es una cuenta que no habrá que pagar? ¡Insensatos!


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