


Lo de la sequía no es, como se sabe, un asunto nuevo. Parece que ya nadie se acuerda, pero en 1994, cuando Álvaro Cifuentes era consejero aúlico de Pedro Rosselló y ambos tomaban las decisiones gubernamentales al costado de las heroicas garitas, medio Puerto Rico estaba en plan de racionamiento y el otro medio cruzaba los dedos esperando su turno. El gobernador oteaba el horizonte después de hacer jogging, que aquello le dio votos, muchos votos, y en vista de que no llovía y el viento soplaba seco, llegó a exclamar, en presencia de una legión de periodistas, que el problema estaba en las manos de Dios.

Te invitamos a descargar cualquiera de estos navegadores para ver nuestras noticias: