Una niña de tres años debe estar jugando con sus amigos, hermanos y familiares. Debe correr, bailar, brincar, reír y soñar. Su derecho a crecer y vivir debe ser incuestionable. Sin embargo, camino a su iglesia de nombre Casa de Refugio y Adoración, Nayelis Sofía, una preciosa infante de Loíza, perdió la vida a manos de viles, inmundos e inhumanos homicidas. No hubo refugio suficientemente fuerte como para salvar su corta e inocente vida ni adoración alguna al valor de su existencia.
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Mudos los candidatos ante el asesinato de niños
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