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prima:Un canto contra el cemento

Defender los bosques secos de Cabo Rojo no es solo una causa ambientalista. Es una responsabilidad intergeneracional, opina Braulio Quintero

17 de enero de 2026 - 9:30 PM

Las opiniones expresadas en este artículo son únicamente del autor y no reflejan las opiniones y creencias de El Nuevo Día o sus afiliados.
El guabairo alcanza un tamaño de unas 9 pulgadas. Se alimenta mientras vuela. Vive en el Bosque Seco de Guánica, el Bosque de Susúa, el área de las colinas de Guayanilla y el área de la Sierra Bermeja en Lajas y Cabo Rojo. (Suministrada/USFWS)
El Guabairo no suele escucharse por donde vivo. Es un ave nocturna, críptica y taciturna de bosques secos, no de pastizales y vaquerías. Es un ave que necesita de la tranquilidad y oscuridad de la noche y de la continuidad de bosques secos para sobrevivir, escribe Braulio Quintero.

El 7 de enero de 2026 visité la Oficina de Gerencia de Permisos en San Juan para examinar el expediente de la Declaración de Impacto Ambiental del proyecto Esencia de la compañía Cabo Rojo Land Acquisition LLC y financiado por The Reuben Brothers. Este proyecto está propuesto para impactar 1549 cuerdas de bosque seco en Los Pozos, Cabo Rojo. Mientras revisaba los documentos, conversé con el personal de la agencia sobre la importancia del Guabairo, un ave endémica y en peligro de extinción, y sobre el impacto que este desarrollo tendría sobre su hábitat critico en uno de los últimos bosques secos bien conservados del suroeste.

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