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Elsa Carrión, paciente de cancer, en el jardín de su hogar en Yabucoa.
Elsa Carrión, paciente de cancer, en el jardín de su hogar en Yabucoa. (Enid M. Salgado Mercado)

El ejemplo de fortaleza de Elsa Iris Carrión no tiene comparación. Esta dama yabucoeña de 67 años ha tenido que enfrentar un trayecto de vida que pocos podrían soportar, y aún sigue sonriendo.

Todo comenzó en el 2016, cuando presentó divertículos en el colon y tuvo que ser intervenida quirúrgicamente. Carrión relató que esa cirugía fue “demasiado grande”, pues tuvo que estar nueve días con una manga en su estómago porque le cortaron parte del intestino grueso. Pero, en ese momento, no imaginó que ese era solo el comienzo de su dura trayectoria, ya que, en el 2017, mientras el país atravesaba la peor emergencia del siglo, por el paso del huracán María, la vida de Elsa sufrió otro embate inesperado: fue diagnosticada con cáncer de seno.

Elsa Carrión, paciente de cancer, en su hogar en Yabucoa.
Elsa Carrión, paciente de cancer, en su hogar en Yabucoa. (ENID M. SALGADO MERCADO)

“Supuestamente, estaba en etapa 5. Me iban a hacer un estudio especial y no encontraban quién me lo hiciera. Pero, en [el Recindo de] Ciencias Médicas pudieron hacer la biopsia y me dijeron que [el tumor] era bien grande y que era positivo [a cáncer]. De ahí salí malísima de los nervios. Soy una mujer fuerte, pero, en ese momento, [sentí que] me cayó un balde de agua. Empecé a llorar. La doctora dijo que había que operarme inmediatamente”, recordó Carrión, quien está casada hace 28 años con Rafael Elisa Morales y tiene tres hijos mayores de edad, quienes residen en Estados Unidos.

A pesar de las vicisitudes que atravesó por tener que ser operada de emergencia en medio de las necesidades que dejó el embate de María, Elsa salió bien de su mastectomía. No obstante, el proceso pronto se tornaría un poco confuso y desconcertante.

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“Me siguieron dando tratamiento y yo lo superé, pero, cuando me hicieron el próximo examen, salió que tenía metástasis. No entendía qué era eso, y seguí viviendo de lo más feliz mi vida. No se me cayó el pelo. Pero, al año y seis meses de mi operación, me hicieron unos estudios y ahí salió un tumor en el cerebro”, relató la mujer.

Entonces, comenzó un nuevo proceso para detectar si ese tumor era operable y, en efecto, así era. Sin embargo, la operación tenía múltiples riesgos y al optar por esa alternativa, Elsa entró en la etapa más fuerte de todo su proceso de enfermedad, cuando fue operada de ese tumor, el 14 de mayo de 2019.

“Le pedí al doctor saber las ventajas y desventajas, y me dijo que podía quedar muda, sin movimiento, parapléjica, paralítica, en cama, en coma y hasta podía morir. Era una operación de oreja a oreja, porque el tumor estaba en el mismo medio, y era como una manzana de grande. En ese momento, fui a la estilista y le dije: ‘rápame la cabeza’. Me dio un ataque de llanto, pero tenía que hacerlo”, dijo.

“Yo siempre he tenido mucha fe y llegué al día de operación con mucha fe. Cuando desperté, pensé que había salido de sala de operaciones, pero ya habían pasado siete días desde que me habían operado y estaba en un coma inducido. Yo tenía mentalidad completa, podía escuchar, pero desperté sin ninguna clase de movimiento; no podía hablar, levantar los brazos, moverme ni caminar”, recordó.

Despertar y ver a toda su familia frente a ella y no poder hablarles ni tocarlos, confiesa que fue el momento más difícil, pues no le había contado a su familia acerca de los riesgos de la intervención quirúrgica.

“Al ver a mi familia el día que desperté y [que] cuando traté de levantar las manos no pude hacerlo ni pude hablar… sentí tanto temor. Ahí me dije: ‘¡Dios mío!’. Mi esposo corrió a buscar a un médico. Yo no le había dicho a nadie, para no preocuparlos”, reconoció.

Elsa aseguró que, durante los seis meses que estuvo incapacitada, además de su familia, lo que la mantuvo con ganas de recuperarse fue poder regresar a su hogar a cuidar de sus adoradas aves, que es una de las tareas que más le apasiona.

“Soy fanática de las aves; tengo pavos reales y distintas aves. Cuando me vi sin poder moverme, empecé a pensar: ‘¿y mis animales? ¿Quién me los va a atender?’, porque esa era mi terapia y mi esposo los cuidaba, pero eso lo cogí tan a pecho que fue lo más que me hizo recuperarme”, aseguró la paciente, quien dice haber tomado terapias del habla y para caminar. Gracias a eso, puede hacer sus quehaceres diarios y volvió a hablar, aunque dice que con algunas dificultades.

Actualmente, Elsa reside en su hogar y todos los meses se hospeda en el Puerto Rico Hope Lodge, de la Asociación Americana contra el Cáncer, ya que tiene que estar una semana en citas de revisión. Precisamente, al momento de hacer esta entrevista, Elsa se estaría haciendo otros estudios, ya que sus médicos creen que su metástasis alcanzó la espina dorsal.

“Todo el lado derecho se me quedó completamente impedido. Además, me salieron otras cosas en la cabeza, pero no me están haciendo daño, y me están chequeando la parte baja del cuello”, indicó.

A pesar de tantas batallas, Elsa aseguró seguir aferrada a su fe y estar clara del proceso que enfrenta. Asimismo, afirmó haber aprendido a valorar la vida y a verla desde otro punto de vista.

Estoy con mis pies bien puestos en la tierra, pero mi fe es más grande [que la enfermedad]. Voy a mantenerme de pie. Es importante la fe. Ya no puedo levantar mucho las piernas, pero cuando veo eso ahí me voy a caminar, a echarle comida a las aves. [También] mi esposo me hizo un nuevo jardín y me encanta. Eso me llena y me hace sentir viva”, reconoció la mujer, quien, como parte de su tratamiento, tiene que tomar once medicamentos diariamente.

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Con su experiencia de vida, Elsa dijo que espera servir de ejemplo para quienes atraviesan enfermedades.

“Les digo que se aferren a la fe y que estén siempre positivos. Que la alegría nunca se les escape porque esta enfermedad no es para que estemos triste porque creo que se alimenta de la tristeza. No importa lo que les digan, por malo que sea, vayan con esa fe, con ese deseo de vivir, ya sea por sus hijos, nietos, bisnietos o por otro familiar. Yo tengo mi mamá de 90 años y yo soy la tutora de ella. Tengo que hacer sus cosas y eso me da ganas de vivir porque si no puedo ayudarla, ¿qué será de ella?”, sostuvo la mujer, quien anhela viajar por la isla como parte de su “bucket list”.

Nosotros no valoramos la vida cuando estamos saludables y, cuando estamos en estos zapatos, la valoramos. Quiero irme por todos los pueblos de Puerto Rico y viajar. Quisiera ir a Florida a ver a mis hijos, pero la condición de la cabeza no me permite montarme en un avión. Ahora que tengo el tiempo y valoro la vida no puedo hacer muchas cosas. Por eso doy testimonio de que cuando tenemos salud, vivamos el día a día”, puntualizó una guerrera que no se quita.

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