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Raymond Dalmau, una leyenda que comenzó a escribirse en 1966 (horizontal-x3)
“La verdad es que 50 años es mucho tiempo. Me acuerdo como si fuera hoy cuando llegué aquí por primera vez”, comparte Dalmau sentado en la sala de su apartamento en Santurce. (Xavier J. Araújo Berríos)

En el 1966, un joven ‘neoyorrican’ empacó maletas y viajó a la Isla para perseguir una de las mayores pasiones de su vida. Era la primera vez que salía de su residencia en Nueva York. También era la primera ocasión que pisaba un avión para conocer la tierra de sus progenitores.

Viajó solo a Puerto Rico con apenas 17 años. Ningún familiar le esperaba en el aeropuerto. Solo las personas que le extendieron la invitación de viajar. Llegó con un equipaje liviano.  Un par de zapatillas era lo más valioso entre sus pertenencias.

¿Cuál era el motivo del viaje? Jugar baloncesto en la liga superior.

¿El destino? El área del Guajataca. Allí se había establecido la franquicia de los Piratas de Quebradillas entre la década de 1920 y 1930.

Y fue así que Raymond Dalmau  aterrizó en Quebradillas y debutó con los Piratas en la temporada de 1966 para cambiar la tradición de la franquicia de este pueblo costero y convertirse en una de las principales figuras en la historia del baloncesto puertorriqueño. Fue el comienzo del nacimiento de una leyenda, que ha dejado una huella imborrable en la Isla por sus ejecutorias dentro y fuera de la cancha en los últimos 50 años.

“La verdad es que 50 años es mucho tiempo. Me acuerdo como si fuera hoy cuando llegué aquí por primera vez”, comparte Dalmau sentado en la sala de su apartamento en Santurce.

“Le doy las gracias a Dios por todas las bendiciones que he recibido en este tiempo. He tenido de todo. Tuve una carrera extraordinaria y tengo una familia extraordinaria. Y un pueblo –que desde llegué- me ha dado un trato extraordinario.  Mi país ha sido amoroso conmigo. No me puedo quejar”, reflexiona con gratitud.

De las canchas de Harlem, Dalmau fue reclutado por Raymond Burgos para reforzar a los Piratas. En aquel entonces, los jugadores de ascendencia puertorriqueña eran reconocidos como importados en el torneo.

Burgos le hizo el acercamiento y Dalmau aceptó sin saber lo que esperaba en la liga. “Antes de venir no tenía una idea de cómo era Puerto Rico. Sabía que se jugaba baloncesto porque Larry Gómez había venido a jugar desde Nueva York. Estaba bien entusiasmado con llegar”, recuerda.

Dalmau arribó a Quebradillas y tuvo que ajustarse a un lugar muy distinto al de Nueva York. “Cuando voy a la cancha veo que está al lado de un cementerio y es de cemento con capacidad como para 400 personas. Veo que tiene una verja alrededor y que las mallas son de cadenas. Era algo muy diferente a lo acostumbrado en Nueva York. Pero lo importante para mí era que era una cancha de baloncesto”.

$25 semanales

En su primera temporada, Dalmau recibió un estipendio de $25 semanales. Esa cifra, según él, “era filete”. El equipo también le ofreció hospedaje en una residencia en el centro del pueblo –que compartía con otros tres jugadores- y comida en un restaurante. Eso también conllevóuna nueva adaptación. “Era algo distinto para mí. Era la primera vez que estaba en una casa y que debía compartir un baño con tres jugadores. También era la primera vez que dormía con un mosquitero. Fue una experiencia nueva, pero no tardé mucho en adaptarme. Siempre me acostumbro rápido a los sitios”, asegura.

El primer partido de Dalmau fue como visitante ante los Cangrejeros de Santurce. “Fue en Country Club. Y creo que anoté 12 puntos”, precisa.

Él impactó de inmediato. Tenía solo 17 años, pero sus habilidades eran superiores a la mayoría de los jugadores de la liga. Los números lo confirman. En su año de novato finalizó segundo en anotaciones al acumular 351 puntos en 19 partidos para una media de 18.4. Y también registró 8.3 rebotes.

Dalmau explicó el por qué de su dominio desde el saque en la liga.

“En Nueva York aprendí a jugar en Harlem, donde salían los mejores jugadores de la nación. Y desde temprana edad estuve acostumbrado a jugar a un alto nivel. Y cuando llegué a la liga, la gente por primera vez veía a un jugador alto (6’4”) con habilidades de driblear el balón, brincar y tirar a larga distancia. Para ese tiempo, los hombres grandes solo jugaban cerca del canasto. Y como yo tenía otros recursos, se me hacía fácil dominar a los jugadores de estatura”.

El resto es historia. Dalmau revolucionó el baloncesto en la Isla junto a otros ‘neoyorricans’ como Neftalí Rivera y Néstor Cora en las filas de los Piratas.

Un ganador

Quebradillas fue una dinastía en la década de 1970 con la pareja de Dalmau-Rivera, haciendo maravillas sobre el tabloncillo. Los Piratas avanzaron a ocho series finales y alcanzaron cuatro campeonatos en esa década. Quebradillas ganó su primer título en la historia en 1970 y sumó tres seguidos de 1977 a 1979.

Posteriormente, obtuvo otros dos subcampeonatos en  1980 y 1982. Así que Dalmau fue partícipe de 10 series finales en un periodo de 13 temporadas. Fue una gesta impresionante. Y él se convirtió en  la cara del baloncesto en Quebradillas.

Dalmau acumuló 20 temporadas, todas con los Piratas. Se retiró con 36 años y en un nivel alto de competencia al promediar 21.3 puntos en  1985. En 16 de sus 20 temporadas, Dalmau promedió 20 puntos o más. Terminó su carrera con 11,592 puntos (líder histórico al momento de su retiro) en 537 juegos para una media de 21.6 puntos, a la vez que recuperó 5,673 rebotes para un promedio de 10.6.

En la historia del BSN, Dalmau ocupa la quinta posición entre los líderes de puntos en la historia y la cuarta en rebotes. Simplemente, fue uno de los grandes en la historia. “Me retiré porque estaba cansado mentalmente”.

Tras su retiro, Dalmau emprendió una larga carrera como técnico en el BSN sin poder alcanzar un cetro.

Igualmente dejó su huella en el Equipo Nacional por más de una década. Lo hizo como jugador y también como dirigente. Participó en tres Olimpiadas y en tres Campeonatos Mundiales. Pero sus mejores logros vinieron como técnico, incluyendo una victoria ante Estados Unidos en el Premundial 1989 y el cuarto lugar en el Mundial de Argentina 1990.

¿Cuál puedes considerar el mejor momento de tu carrera?, se le preguntó. “(Sonríe) Tengo muchos, pero el mejor te diría que fue el primer campeonato en 1970. Fue algo impresionante. Era la primera vez que quedaba campeón en una liga de alto nivel”, responde.

“Y otros buenos momentos los tuve como coach de la Selección. El oro en el Premundial de 1989, que le ganamos a Estados Unidos y luego en el 1990 que quedamos cuarto, luego de entrar invictos a la semifinal. Fueron los momentos más significativos”, amplió.

Bendecido por la familia

Dalmau llegó a la Isla sin ninguna expectativa. Y hoy día repasa lo acontecido en  las últimas cinco décadas  y refleja una enorme satisfacción. Su mayor botín es su familia. Es padre de cuatro hijos, Richie, Christian, Ricardo y Natalia, y lleva 22 años de matrimonio con Sandra Ortiz. También es abuelo de ocho nietos. “Han sido 50 años extraordinarios para mí. Tanto en lo deportivo como en lo personal. Nunca hubiera pensado que mis tres hijos serían baloncelistas estrellas y que representarían a Puerto Rico. Y mi hija, aunque no fue atleta, ha sido una nena extraordinaria, al igual que mi esposa. Toda mi familia ha sido una bendición”, expresa.

La imagen de Dalmau ha trascendido del deporte en los últimos 50 años. Su enfermedad de cáncer de colon en 1993 y su determinación de enfrentarla y superarla también lo convirtieron en una figura a seguir fuera de las canchas. “Si voy a  estar aquí es para aportar a la sociedad. Es lo que mi fe cristiana me ha enseñado. El reconocimiento ha llegado sin buscarlo. Nunca pensé que un coliseo llevaría mi nombre. He hecho las cosas sin pedir nada a cambio”.

Dalmau continúa activo en el baloncesto. Trabaja en un programa de categorías menores en Guaynabo y aún hace sus lances al canasto. “Hubiera querido jugar toda la vida. Hasta que me llevaran al cementerio”.

Dalmau, a su vez, ha seguido de cerca el desarrollo del baloncesto en el país. Y lamenta la ausencia de calidad entre los jugadores nativos. “La calidad ha bajado grandemente. Ahora el enfoque en los niños es jugar y no practican. Yo le dedicaba muchas horas al entrenamiento y mis hijos también, ya que no los dejaba jugar mucho en los torneos. Pero ya eso se acabó. No hay esa fiebre para practicar”.

¿Y qué más le fata por hacer a Raymond? “Terminar un libro que empecé a escribir sobre mi vida”.

Cuando Raymond Dalmau  aterrizó en Quebradillas y debutó con los Piratas en la temporada de 1966, cambió la tradición de la franquicia de este pueblo costero hasta convertirse en una de las principales figuras en la historia del baloncesto puertorriqueño. XavierAraujo


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