

19 de mayo de 2026 - 11:10 PM


Al laureado entrenador de tenis de mesa y padre orgulloso, Bladimir Díaz, se le está quedando la casa vacía… pero con gusto.
Gabriela, su segunda hija, contrajo matrimonio recientemente, y la actividad tenismesista en el hogar familiar ha ido disminuyendo.
“El ruido es cada vez menor. Ley de vida”, resumió el entrenador a El Nuevo Día.
Sin embargo, el padre celebró la boda con alegría, primero por ver feliz a su hija junto a su esposo, el también exjugador de tenis de mesa Antonio Santiago Fernández, natural de Trujillo Alto.
“Aquí tiene que ver el tenis de mesa porque se conocieron así. Él jugaba en Trujillo Alto y también fue becado en Mayagüez por el tenis de mesa. Es un buen muchacho… de lo contrario no pasaba del portón”, añadió entre risas Díaz.
Además, el entrenador expresó satisfacción por la historia de su hija, quien ha sido una verdadera luchadora: desde un episodio de salud que casi le cuesta la vida a los tres años, hasta su desarrollo académico y deportivo, y ahora su matrimonio a los 28 años con un compañero vinculado al tenis de mesa.
Díaz relató que Gabriela atravesó un grave problema de salud que la mantuvo hospitalizada. En aquel momento, la familia rezaba a San Miguel, patrón de Utuado.
“El médico nos dijo: ‘esa muchacha no se ha ido porque tiene algo por dentro. Es fuerte’. Pensábamos que era meningitis, pero ya ni recuerdo qué fue; lo importante es que sobrevivió”, recordó.
Con el tiempo, y como es costumbre en la familia, Gabriela tomó una raqueta y comenzó a jugar tenis de mesa, influenciada por su entorno.
“Era una jugadora de carácter, a la que no le gustaba que le dijeran cómo hacer las cosas. No era una jugadora técnica, sino inteligente en la mesa”, describió su padre.
Fue medallista a nivel infantil junto a su primo Brian Afanador en dobles mixtos en la región del Caribe, además de representar a Puerto Rico en categoría juvenil en un evento en Sudáfrica hace 10 años, resumió Díaz.
“Ella me decía: ‘a mí me gusta el tenis de mesa por los viajes y los estudios’”, rememoró.
Tras completar un bachillerato en artes y francés en Mayagüez, Gabriela continuó estudios en la Universidad del Sagrado Corazón, donde cursó mercadeo digital y redes sociales, área en la que actualmente trabaja, explicó su padre.
Una vez culminó su etapa académica, dejó atrás el tenis de mesa competitivo mediante un gesto simbólico.
“Cuando terminó de estudiar, me dijo: ‘papi, aquí tienes la raqueta’. Me dio el cover de la raqueta, que todavía conservo”, rememoró.

Adriana y Fabiola permanecen en el hogar, aunque la primera viaja constantemente vinculada al tenis de mesa, tal como lo hacía Gabriela.
En fin, el “pinponeo” se reduce, pero sigue presente en la casa de los Díaz, en el Club Águilas de la Montaña de Utuado, como quedó evidenciado en la entrevista telefónica.
“¿Algo más?”, preguntó Díaz al cierre de la conversación. “¿No? Pues tengo que seguir entrenando”, sentenció.
En diciembre del año pasado, la también tenismesista y hermana de Gabriel, Melanie Díaz, se casó con el igualmente jugador Tomas Polansky.
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