

15 de abril de 2026 - 11:10 PM

Desde hace más de 25 años, en la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern (Northwestern Medicine), en Chicago (Illinois, EE. UU.), estudian a personas de 80 años o más, las llamadas “SuperAgers” o (‘superancianos’, en adelante) para comprender qué rasgos biológicos y de estilo de vida, las diferencian de los demás individuos.
Estas personas únicas, que muestran un rendimiento de memoria excepcional a un nivel compatible con el de los individuos que son al menos tres décadas más jóvenes, desafían la creencia arraigada de que el deterioro cognitivo es una parte inevitable del envejecimiento, según los científicos de la Universidad Northwestern (NU, por sus siglas en inglés).
A lo largo de un cuarto de siglo de investigación, la NU ha observado algunas diferencias notables entre el estilo de vida y la personalidad de los ‘superancianos’ y los de aquellos octogenarios que envejecen de manera típica, como por ejemplo, que se caracterizan por ser personas muy sociales y gregarias, a las que les gusta estar en compañía de otras personas.
Sin embargo, para la doctora Sandra Weintraub, profesora de psiquiatría, ciencias del comportamiento y neurología en la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern, “lo más trascendental para nosotros ha sido lo que hemos encontrado en sus cerebros al estudiarlos”.
Al identificar los rasgos biológicos y conductuales asociados con la ‘superancianidad’ de estas personas, los científicos esperan descubrir nuevas estrategias para promover la resiliencia (capacidad de adaptación y resistencia) cognitiva y poder retrasar o prevenir el Alzheimer y otras enfermedades que causan deterioro cognitivo y demencia.
“Nuestros hallazgos demuestran que una memoria excepcional en la vejez es posible y está vinculada a un perfil neurobiológico distintivo. Esto abre la puerta a intervenciones destinadas a preservar la salud cerebral hasta bien entrada la tercera edad”, señala Weintraub, coautora de un artículo donde se repasan los descubrimientos de la NU sobre los ‘superancianos’.
El término ‘SuperAger’ lo creó el doctor M. Marsel Mesulam, quien fundó en la NU el Instituto Mesulam de Neurología Cognitiva y Alzheimer a finales de la década de 1990. En el Centro Mesulam, los superancianos son evaluados anualmente y pueden elegir donar sus cerebros para una evaluación post mortem por parte de científicos de Northwestern.
Desde el año 2000, ha pasado por el Centro Mesulam 290 participantes del programa ‘SuperAger’, y los científicos han realizado autopsias a 79 cerebros `superancianos´ donados, algunos de los cuales contenían proteínas amiloide y tau (conocidas como placas y ovillos), que desempeñan un papel clave en la progresión del Alzheimer, y otros sin estas proteínas.
“Nos dimos cuenta de que hay dos mecanismos que llevan a alguien a convertirse en un ‘superanciano’. Uno es la resistencia, ya que estas personas no producen las placas ni los ovillos característicos del Alzheimer. El otro mecanismo es la resiliencia, ya que algunas de estas personas producen estas proteínas, pero éstas no afectan a su cerebro”, señala Weintraub.
“Muchos de nuestros hallazgos se derivan del análisis de muestras cerebrales de personas mayores generosas y dedicadas, a quienes se les hizo seguimiento durante décadas”, afirma la doctora Tamar Gefen, profesora asociada de psiquiatría y ciencias del comportamiento en Feinberg y neuropsicóloga del Centro Mesulam.
Otros hallazgos clave efectuados por los investigadores de Northwestern, desde el año 2000 en adelante son los siguientes: Rendimiento de memoria excepcional.
Los ‘superancianos’ obtienen una puntuación de al menos 9 sobre 15 en una prueba de recuerdo retrasado de palabras, a la par de las personas de entre 50 y 60 años de edad, según la NU.
A diferencia de los cerebros que suelen envejecer, los superancianos no presentan un adelgazamiento significativo de su corteza cerebral e incluso su corteza cingulada anterior (región fundamental en la integración de la información relacionada con la toma de decisiones, las emociones y la motivación) es más gruesa que la de los adultos jóvenes, según esta universidad.
Los ‘superancianos’ tienen más ‘neuronas von economo’ (células especializadas vinculadas al comportamiento social) y ‘neuronas entorrinales’ (fundamentales para la memoria) más grandes, que sus pares que envejecen típicamente, según la NU.
A pesar de que tienen diversos estilos de vida y distintos enfoques del ejercicio físico, los ‘superancianos’ que participan en el seguimiento del Centro Mesulam, “tienden a ser muy sociables y a mantener relaciones interpersonales fuertes”, según han observado los investigadores de Northwestern.
“Mantener amistades positivas, cálidas y de confianza podría ser la clave para un deterioro más lento de la memoria y el funcionamiento cognitivo”, según revela uno de los estudios de Northwestern Medicine efectuados con los ‘superancianos’.
Las personas con ‘superancianidad’ (entendida como tener 80 años o más y una capacidad cognitiva al menos tan buena como la de las personas de 50 o 60 años), se caracterizan por tener unas relaciones más satisfactorias y de mayor calidad en comparación con sus pares de la misma edad y con una capacidad cognitiva promedio, según ese estudio.
Los participantes respondieron a un cuestionario de 42 ítems denominado Escala de Bienestar Psicológico de Ryff, ampliamente utilizado para medir el bienestar psicológico, que examina seis aspectos del bienestar psicológico: autonomía, relaciones positivas con los demás, dominio del entorno, crecimiento personal, propósito en la vida y autoaceptación.Los participantes con ‘superancianidad’ obtuvieron una puntuación media general de 40 en el ítem ‘relaciones positivas con los demás’, mientras que el grupo de control obtuvo 36 puntos, lo que según los investigadores “es una diferencia significativa”.
Estas conclusiones no implican que sea necesario convertirse en ‘el alma de la fiesta’ ni que prevenir el desarrollo del Alzheimer sea tan sencillo como tener una red social sólida, “pero este estudio apoya la teoría de que mantener amistades positivas, cálidas y de confianza, parece estar vinculado a un deterioro cognitivo más lento”, según los investigadores de la UN.
“Este hallazgo es un paso particularmente emocionante hacia la comprensión de qué factores subyacen a la preservación de la capacidad cognitiva en la edad avanzada, particularmente aquellos que pueden ser modificables”, concluyen.
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